Ladrones de exportación, la elite del delito

Policiales
Lectura

Era porteño, se llamaba Agustín Baudracco, le decían “Zapaterito” y la Policía de Río de Janeiro lo descubrió por primera vez en 1911, mientras robaba una billetera durante los famosos

festejos de carnaval. Tenía 32 años. A los días, el Director de la Oficina de identificación de la ciudad carioca recibiría una carta de la División de Investigaciones de la PFA. Decía que en Argentina había sido detenido por robo en 1897, que entre 1905 y 1908 había estado preso por varias causas de hurto, que en 1909 había vuelto a ser detenido, pero en Uruguay.

Angelo Funes, también porteño, y también punguista, entre 1907 y 1928 fue arrestado en Madrid, Rosario, Río de Janeiro, San Pablo, Belo Horizonte y Curitiba. Otro ladrón reconocido de aquellos tiempos era Alberto Graffiña. A sus 8 años, mientras viajaba en un tranvía, le robó la cartera a una mujer y terminó en un correccional de Marcos Paz. Salió a los 12 y siguió en el rubro. En 1915 robó una caja fuerte en Porto Alegre y con el botín viajó a robar a España, Portugal y Francia. Tal como cuenta el libro “Delincuentes viajeros”, de Diego Galeano, Baudracco, Funes y Graffiña solo son tres de los 22 argentinos que fueron expulsados en 1929 por la Policía brasilera, de un total 32 ladrones sudamericanos.

Newsletters Clarín
Qué pasó hoy | Te contamos las noticias más importantes del día, y que pasará mañana cuando te levantes

Qué pasó hoy | Te contamos las noticias más importantes del día, y que pasará mañana cuando te levantes

De lunes a viernes por la tarde.

Recibir newsletter

En Argentina la figura del “ladrón viajero” empezó a aparecer en congresos internacionales de penitenciaria y de antropología criminal desde fines del siglo XIII. Las secciones de Policiales de los diarios, revistas y boletines de la época también publicaban sobre sus detenciones. Y rápidamente se los diferenció del resto de los ladrones. Mientras los nacionales estaban vistos como “rateros de gallinas, de la calle y bebedores”, a los internacionales se los describía como “elegantes hasta en su vestimenta (de traje, corbata y sombrero), capaces de hablar en distintos idiomas y especialistas en un oficio como el resto de las personas”.

En un principio se trataba, en general, de robos solitarios. A partir de 1900 comenzaron a observarse asaltos en grupo de bandas de argentinos en el exterior. La revolución del transporte había sido fundamental en la nueva figura del ladrón viajero. 

Pero aquellas no serían las únicas camadas de ladrones de exportación. Para las décadas del 60, 70 y 80 hubo muchísimos más. Con una particularidad: así como los primeros eran punguistas, falsificadores y estafadores, los nuevos eran cañeros. Es decir, robaban con armas.

Brasil dejó de ser el destino preferido; ahora apuntaban a Europa. El sobreviviente de aquellos tiempos que habla con Clarín asegura que muchos comenzaron a viajar a partir de las torturas que sufrían por parte de la Policía porteña. Cada vez que personal policial los veía, eran detenidos y trasladados al Departamento Central de la avenida Belgrano. Por más que no estuvieran cometiendo un delito, debían pagar con 30 días de detención. Durante ese mes debían desfilar ante los jefes. Al rito se lo denominaba "Manyamiento". El objetivo era recordar sus rostros. A los cañeros, además, los torturaban con picana eléctrica y los amenazaban: "Si te veo en mi jurisdicción, te mato", les decían. El Comisario más temido era Evaristo Meneses.

"El Nene" Varela, Víctor "Cacho" Castilla", "Lalo" Juárez, Héctor "Tito" Chavino, "Mama" Martínez y Jorge "el Rey de la Fuga" Villarino solo son algunos de los porteños que viajaron a robar joyerías europeas. Como las personas con antecedentes penales no podían acceder al pasaporte, viajaban desde Uruguay u otros países limítrofes, con documentación falsa. El Viejo Continente no solo era el destino predilecto de los porteños. También llegaban ladrones chilenos, peruanos y colombianos. Además era fácil encontrar cordobeses y algún que otro tucumano. Muchos terminaron instalándose en Europa, y rara vez regresaban a Argentina. Tenían puntos de encuentro: los preferidos eran "The Rancho Restaurante", en Ámsterdam. Era atendido por dueños argentinos y se dice que servían el mejor asado de Europa. En el barrio chino de aquella ciudad también había un bar que frecuentaban, aunque más para fumar hachís. Se llamaba "Bull Dog Bar".  

"Tito" Chavino había crecido en el Bajo Belgrano; era hincha de Excursionistas y se dedicaba a los robos con armas. Según el diario español El País, fue detenido en noviembre de 1980, en Madrid, acusado del crimen de un joyero, en un intento de robo. Cinco años después lo volvieron a detener, en la misma ciudad, luego de robar un supermercado del Paseo de la Habana y herir con arma de fuego a una de sus víctimas. Otra leyenda del hampa porteño de exportación es Villarino. Antes de abandonar Argentina, se había fugado de tres cárceles distintas. De ahí su apodo. En 1986 lo condenaron a 26 años por asesinar a un policía en un robo a una joyería de Valencia. Además, participó de secuestros extorsivos y formó parte de organizaciones que compraban cocaína en Bolivia y la trasportaban a Europa, donde la vendían. En 1997 regresó a la prisión, pero a una de Milán, cuando quiso asaltar el Instituto Bancario Cariplo de Milán. Fallecería allí, en 1999.  

Las bandas que siguieron con la costumbre de cruzar el Atlántico también lo hicieron motivadas por una cuestión particular, atípica; como si esas circunstancias formaran parte del destino. A partir del "corralito" de 2001 los grupos de porteños y cordobeses que se dedicaban a las salideras bancarias se vieron perjudicados con las medidas tomadas por el ex Ministro de Economía, Domingo Cavallo. Entonces, como ninguna víctima podía retirar más de 250 dólares por semana, viajaron a España a hacer lo mismo. En especial, a Barcelona y Madrid. Con los años, los cordobeses se especializarían en robos a joyerías. Aunque también robaron bancos y camiones de caudales. Los porteños preferían los maletines que salían de los bancos y los relojes de alta gama. Tan rentable era el negocio que un reducidor reconocido en el ambiente, invertía en los pasajes de los ladrones a cambio de que le enviaran los relojes robados. Se los pagaba a la vuelta. 

Marcelo es del sur bonaerense. Uruguay fue su primer destino fuera de Argentina, luego de robar durante años en la city porteña. En ese país pagó una condena de seis años por robos a la salida de los casinos. Estando preso se enteró que su hermano y otros compañeros iban a España y se volvían a los meses con miles de euros. Entonces, cuando salió, pidió sumarse a la banda. Aterrizó en Barcelona en 2004, con 31 años. Dice que un euro equivalía a 3,5 pesos argentinos. Allí se encontró con una argentina que venía de robar en México. Juntos, empezaron a robar relojes: ella conducía la moto y él los arrebataba. "En esa época era fácil encontrar relojes por brillantes. Todos los días robábamos uno. Los vendíamos a 8500 euros a cada uno", recuerda.

Terminaría en la cárcel recién en su tercer viaje. Lo mandaron a la ya derrumbada "Modelo". En su tercer aterrizaje había comenzado con las salideras bancarias. La situación en la que sumó al hombre que necesitaba para armar la banda demuestra lo común que era cruzarse con porteños de exportación. Una mañana cualquiera, en una tienda de "El Corte Inglés" se encontró, de casualidad, con una banda que conocía del centro. Nunca habían hablado, pero se tenían de vista. Marcelo los encaró y les preguntó si no les sobraba un integrante. "Necesito un bajador", explicó. Así se les dice al que baja de la moto y arrebata los maletines.

La banda le dijo que no quería compartir ni desprenderse de nadie. Pero le pasó el teléfono de otro ladrón, que estaba en Buenos Aires y quería viajar. Marcelo le envío dinero para el pasaje y para que tramite el pasaporte. Y lo esperó. Al auto y a la moto que usarían en los robos los había conseguido gracias a los contactos de los gitanos españoles que había conocido en los monoblocks de la zona de Hospitalet de Llobregat. Por unos pocos euros, algún adicto a la heroína recibía el dinero para comprar autos o motos que registraban a sus nombres. Al tiempo Marcelo sería detenido. Pasó seis meses. Regresó y con los euros robados invirtió en una empresa de la que vive, y muy bien.  

Cristian recibió a Clarín en 2013, mientras cumplía una pena por el robo a una joyería en "La Modelo" de Barcelona. En ese entonces tenía 32 años y contó conocer Santa Fe, Buenos Aires, San Juan, Mendoza y varias provincias más haciendo salideras bancarias y robando joyerías. Su primera vez fuera del país fue en Portugal. También robó en Francia. Hasta que llegó a España. "En Argentina te arriesgabas a comerte muchos años preso o a que te matara la Policía. Acá un kilo de oro vale 28.000 euros; multiplicalo. Era fácil; no había tantos policías en la calle. Cuando hacíamos una diferencia para vivir un año tranquilos en Córdoba, volvíamos. Acá no estábamos más de un mes”, contó en la entrevista. Los casos de cordobeses detenidos en España son muchos. En 2008, José Luis Fernández Gudiña, inspector jefe de la Brigada Central del Crimen Organizado de España, afirmó que "el 80% de los argentinos que iban a España a delinquir eran cordobeses".

La crisis española hizo que las bandas dejaran de viajar. Muchas están convencidas de que en Argentina se puede ganar botines que no se encontrarían en Europa. Más que nada porque allá la economía está bancarizada, y aquí no tanto. Pero de vez en cuando algunos viajan igual. En agosto de 2018 la Policía Federal acató una orden de Interpol y de la Policía española para allanar un domicilio del barrio Nueva Italia, de Córdoba capital. Buscaban a un hombre por dos robos a joyerías de Valencia. El botín habría sido superior a los 100 mil euros.

Se detuvo al prófugo y se lo extraditó. Pero el dinero nunca apareció. ¿Cuántas inversiones se habrán hecho en Córdoba con botines de las joyerías españolas?

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS