Pagar para ver violaciones online, un ciberdelito que crece

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Los nuevos canales de comunicación surgidos en Internet y en la llamada Dark Web han posibilitado la aparición de graves delitos que hasta hace pocos años parecían más propios de una

película de ciencia ficción clase B.

En Francia, por caso, ya suman alrededor de 200 los procesados judicialmente por ser espectadores de violaciones que ocurren online en algún rincón desconocido de Filipinas. Los inculpados pagaron una cuota de US$ 50 para ser testigos de un hecho aberrante llevado a cabo por anónimos en tiempo real.

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En las redes este tipo de delitos “a control remoto” comienzan a verse en mayor número y se suman al “grooming”, “revengeporn” y “stalking”, entre otros.

La Justicia considera a sus espectadores como partícipes del hecho y no como simples testigos, al considerar que alimentan e incitan este delito con su propia “suscripción”, explica a Clarín Frédéric Muñoz, agregado de Seguridad de la embajada de Francia.

Muñoz participa del “2° Taller Internacional de Lucha contra el Ciberdelito”, organizado por la Dirección de Investigaciones del Ciberdelito dependiente del ministerio de Seguridad y la Fundación CAPA 8, donde confluyen algunos de los principales expertos en ciberdelitos del planeta.

“Para nosotros continúa siendo un delito que se encuentra tipificado en el Código Penal tradicional. Lo que cambiaron fueron las posibilidades de acceso y el aspecto transnacional del delito”, indica el funcionario.

Pablo Lázaro y Pedro Janice (segundo de Cibercrimen).

Pablo Lázaro y Pedro Janice (segundo de Cibercrimen).

Para Muñoz, los criminales de la era digital se aprovechan y capitalizan la apertura total de fronteras físicas y digitales que caracteriza a esta época. A fin de combatirlos, en su visión, son imprescindibles los tratados internacionales.

“En general funcionan, nosotros tuvimos estafas realizadas por franceses en Tailandia y la colaboración fue rápida y pudimos atraparlos”, cuenta. “Pero el flujo de información debe ser rápido porque vamos atrás de los delitos”, dice.

Muñoz recuerda vagamente las películas “Snuff”, donde se exhiben muertes violentas y en las que la sangre ocupan un rol principal. “Esto es nuevo y no es ficción”, asevera.

El crecimiento de los cibercrímenes de grooming y pornografía es exponencial en los últimos años”, aseveró el fiscal general de Azul, Marcelo Sobrino, durante su participación en el panel “Desafíos legales para la cooperación público privada contra el delito”.

Las autoridades judiciales participantes en la mesa, Horacio Azzolin (de la Unidad Fiscal especializada en Ciberdelincuencia) y  Juan Manuel Mastrorilli (fiscal general de Junín), se mostraron convencidas de que deben imponerse cambios en la Justicia que aceleren las investigaciones y los procesos de intercambio de datos.

Sin embargo, en la Argentina las estadísticas globales sobre delitos de índole sexual en el ciberespacio todavía están en construcción. Se estima que entre 2012 y 2018 se registraron en la Justicia nacional más de 30 mil casos de ciberacoso, de acuerdo al Poder Judicial de la Nación y a la fiscalía de Delitos Informáticos de Buenos Aires.

Conferencia sobre ciberdelito en la UCA, en Puerto Madero.

Conferencia sobre ciberdelito en la UCA, en Puerto Madero.

Pero el crimen descubre constantemente innovadoras formas de actuar (y “comerciar” en muchas oportunidades), utilizando la web como soporte. La “venta” online de violaciones, el secuestro de imágenes íntimas o conversaciones íntimas extraídas con los micrófonos y las cámaras de las computadoras personales, por las que luego se pide un "rescate", son algunas de ellas.

Sobre alrededor de 1.000 casos investigados por la Dirección de Investigación de Ciberdelitos en 2018, el 12% correspondieron a narcotráfico, el 12,4% a grooming, el 7,8% a amenazas, el 7,4% a Cufre (búsqueda del paradero de personas), el 5,5% a estafas y el 3,2 a hacking. Los demás rubros se llevaron porcentajes menos significativos.

En lo que va de 2019, las cifras indican que sobre un número similar de casos (1.000), los porcentajes se han repartido de la siguiente manera: 33% en Cufre, 16,8en % narcotráfico, 7,7% en estafas y 4,9% en robos. Los otros ocupan cifras bajas.

“El cibercrimen que utiliza malware para realizar robos y estafas quebró la triada de negocios ilegales que durante años dominó el panorama del crimen. A la venta de armas, drogas y la trata de personas, ahora se sumó un nuevo miembro”, explica a este diario Pablo Lázaro, director nacional del área de Investigación de Ciberdelitos.

El negocio de las armas movió en 2018 US$ 100.000 millones en 2018, de acuerdo al Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo. El narcotráfico, por su lado, genera unos US$ 320.000 millones, según la Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, mientras que la trata y tráfico de personas alcanza los US$ 150.000 millones por año, en base a datos recientes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).

El ciberdelito, por su lado, ronda los US$ 600.000 millones gracias al ingreso ilegal de cuentas bancarias, tarjetas de créditos y otro tipo de ilícitos.

EMJ

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