Misterio y angustia por el caso de la nena de 10 años que desapareció en Punta Indio

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Abril Caballe, la niña de 10 años que desapareció durante la tarde del pasado miércoles en la localidad bonaerense de Punta Indio, continúa siendo intensamente buscada por centenares de policías, buzos, perros y hasta drones, mientras que en las últimas horas la investigación avanzó y tomó protagonismo una vecina del lugar, quien brindó detalles de la relación que la chica tenía con su madre y que podría traer algo de claridad a un panorama oscuro. Al cierre de la presente edición no había novedades de su paradero.

La menor había ido con su progenitora, Magdalena (35), a pasear a la playa “El Picaflor”, ubicada a 30 metros de su casa, y antes de las 17 decidieron regresar. En eso estaban cuando se dio cuenta de que se había olvidado la muñeca que llevaba consigo y volvió para buscarla. Desde entonces, no se supo más nada de ella.

Al ver que su hija no retornaba, la mujer radicó la denuncia y pronto un numeroso grupo de agentes de la fuerza inició una pesquisa, que con el correr de las horas fue ampliándose ante la falta de novedades. Así, además de agentes policiales, tomaron intervención la división Canes de Gendarmería, Caballería e Infantería de la Bonaerense, Defensa Civil, Bomberos de Hurlingham, la Patrulla Rural de Punta Indio, peritos de la Policía Científica, detectives del Gabinete de Casos Especiales de La Plata, guardabosques y buzos de Prefectura, todos bajo las órdenes de la Unidad Funcional de InstrucciónNº 5 de La Plata.

Sin embargo, pese a los diferentes rastrillajes por tierra y agua, a la utilización de drones y al relevamiento de cámaras de seguridad, nada se avanzó. Se la buscó casa por casa y también se excavó en el domicilio que compartía con Magdalena y la pareja de esta. “Se hizo un pozo en el fondo de la propiedad, pero sólo encontramos restos de un caballo”, le contó un jefe policial a PERFIL.

Victoria, vecina de la niña, contó que en julio había denunciado por “abandono” a la madre, a quien acusa de “delirios místicos”. Dijo que “le llegó a dar agua con limón dos días seguidos porque no cree en la medicación” y aseguró que tanto “Abril como su hermanita fueron abusadas sexualmente por su padrastro”. Además confió que una vez llegó a albergar a la menor durante 48 horas porque había “escapado de su casa. Lo hizo varias veces y no quería regresar. Antes de esta desaparición, me dijo que estaba aterrorizada”.

Magdalena había recuperado la tenencia de su hija el 2 de octubre pasado gracias a una resolución judicial firmada por el juez Guillermo Fina, ya que hasta entonces había estado viviendo con sus abuelos maternos, en City Bell.

Los psicólogos que ayer la entrevistaron informaron que “se halla en estado de agotamiento y agobio producto del contexto vivido. Si bien cansada, se la observa empática y predispuesta al diálogo. Se angustia al hablar de sus vínculos familiares”.

El hecho causó tal revuelo en un pueblo de 569 habitantes que muchos vecinos tomaron intervención y llevaron a cabo sus propias pesquisas. Ante eso, y a través de un comunicado oficial, las autoridades municipales les solicitaron que no se acercaran a las áreas de búsqueda con el fin de no entorpecer la labor del personal abocado a la misma.

"Es manipuladora y victimaria", dijo la madre

“La investigación está centrada en el círculo íntimo de Abril”, aseguraron los pesquisas del caso, aunque hasta el momento no descartaron ninguna hipótesis. Por su parte, el intendente Hernán Izurieta suspendió sus vacaciones y el titular de la fiscalía 5 de La Plata, Juan Menucci, viajó hasta Punta Indio para interiorizarse en los detalles.

Las declaraciones de Magdalena llamaron la atención, sobre todo cuando mencionó que no tenía nada para decirle a su hija porque “no creo que me esté escuchando o viendo”, aunque un analista indicó que “se trató de un acto fallido”.

Además, la madre relató que la niña “se desenvuelve bien sola” y no dudó en catalogarla de “rebelde, manipuladora y victimaria”.

Su vecina, Victoria, indicó que tanto Abril como su hermana van “con la ropa media percudida al colegio, andan descalzas y llenas de barro”, lo que favorece las burlas de sus compañeros.

En ese sentido, la propia Magdalena admitió que a las menores les lava “las prendas con agua de lluvia”.

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