Balas, pánico y muerte en un bar del barrio de Almagro

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Los tres orificios de bala en el vidrio de la confitería Bonafide del barrio porteño de Almagro reflejan la magnitud de un tiroteo que terminó con una persona muerta. De casualidad no hubo más víctimas fatales.

El caso ocurrió a las 10.50 de la mañana en el local ubicado en la esquina de Pringles y Presidente Perón.

En el lugar había al menos diez clientes, entre ellos un subcomisario de la División Gestión de Servicios Adicionales de la Superintendencia de Transporte de la PFA, que tomaba un café junto a su esposa.

Según fuentes policiales, dos delincuentes armados bajaron de un Peugeot 308 negro, entraron al local y redujeron a todos.

Maximiliano, el dueño de la confitería, contó a la prensa que por lo que quedó registrado en los videos de las cámaras de seguridad, en ese momento “habría 10 o 12 clientes” y los ladrones “entraron tranquilos”.

“Primero fueron a la caja a pedir la recaudación y luego llevaron a todos los empleados hacia atrás, a la cocina”, explicó.

“Empezaron a quitarles las pertenencias a todos los que estaban en el local, computadoras, dinero y demás”, apuntó y agregó que entre los clientes “en un rincón” había “un subcomisario de civil” que actuó “muy bien”, ya que “mantuvo la calma” y cuando los delincuentes se retiraban “vio la oportunidad y dio la voz de alto”.

Según las fuentes, luego de dar la voz de alto, el policía salió a perseguir a los ladrones e intercambió una serie de disparos, tras lo cual uno de los asaltantes cayó muerto en la esquina de Pringles y Potosí y otro resultó herido en las piernas y fue trasladado detenido al Hospital Durand.

Un tercer cómplice que los esperaba en el Peugeot avanzó unos metros con el auto, pero luego lo dejó abandonado y continuó su fuga a pie. Al cierre de la presente edición no lo habían identificado.

El dueño de la confitería explicó que los tres impactos de bala que tenía la vidriera “fueron de adentro hacia afuera”. “Acá es una zona complicada. Después de las 5 o 6 de la tarde es tremendo. No tenemos policía”, se quejó.

El Peugeot 308 abandonado tenía las patentes cambiadas, ya que tenía pedido de secuestro porque había sido robado en Avellaneda.

Además, fuentes policiales confirmaron que en poder de uno de los delincuentes fue secuestrado un revólver.

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