El motín carcelario que se gestó en una iglesia y llegó hasta el Congreso

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El plan iba a comenzar a las 8.30 de la mañana del 21 de diciembre de 1993, en la cárcel de Devoto. Pero como los presos del pabellón 11 de la Planta 3 desconfiaban de sus colegas de otros sectores, decidieron adelantar todo. Por Nahuel Gallotta

Como todas las madrugadas, el penitenciario a cargo del piso se acercó a llamar a los internos que debían ser trasladados a los distintos Tribunales porteños o bonaerenses. Abrió la puerta, gritó "Comparendo..." y nombró los que se tenían que preparar. Faltaba nada para comenzar una de las tomas de rehenes más recordadas de la historia penitenciaria. Y no por la violencia.

El guardia fue reducido por varios presos que lo amenazaron con facas. "Quedate tranquilo que no es con ustedes. Vamos a tomar el penal sin lastimar a nadie. Queremos reclamar por una ley que no se está cumpliendo", le advirtieron.

En el piso de abajo, los del pabellón 10 hicieron lo mismo. Los del 11 bajaron y se unieron. El resto no lo sabía, ya que creían que la toma comenzaría a las 8.30, como habían quedado, pero Devoto ardía.

Las reuniones entre referentes de las seis plantas habían sido en la iglesia del penal. La última, donde se definió todo, fue en la cancha de fútbol, el 20 de diciembre. "Veníamos haciendo batucadas y huelgas de hambre por la Ley del 2x1. Nadie nos escuchaba, y se había encajonado el proyecto del senador Augusto Alasino que hablaba de nuestro beneficio. Por eso tomamos el penal. Era la única manera de hacernos escuchar por un derecho", cuenta "Beto", uno de los presos que participó de la toma, desde una cárcel dependiente del Servicio Penitenciario Bonaerense.     

Algunos presos se subieron a los techos del penal durante el motín. (ARCHIVO CLARÍN)

Algunos presos se subieron a los techos del penal durante el motín. (ARCHIVO CLARÍN)

"Había presos que llevaban cinco o seis años de prisión preventiva, a la espera del juicio. A eso hay que sumarle la superpoblación. Devoto era la cárcel con más procesados del país", recuerda el legislador Leandro Halperín, Legislador porteño (Elevación) y especialista en temáticas carcelarios, que desde 1989 participaba del Proyecto UBA XXII, ubicado dentro de Devoto.

Y continúa: "Las organizaciones internacionales de Derechos Humanos habían determinado que el plazo para condenar a un detenido era de dos años. Eso no implicaba que las investigaciones demandaran más tiempo de trabajo. Pero sí, que cada día a partir de los dos años de prisión, contaría doble. Hasta el juicio. Era un reclamo correcto: Argentina estaba suscripto a los tratados de Derechos Humanos".

Según datos del SPF, entre fines de 1994 y comienzos de 1994, había entre 350 y 400 presos que llevaban más de dos años en la cárcel. Los que superaban los tres años, eran aproximadamente 140. Los que habían cumplido 4 y 5 años sumaban otros 100 detenidos. El total de la población de establecimientos penitenciarios federales era de 3.000. 

 

Siguiendo con el plan diseñado para el motín, los presos de los pabellones 11 y 10 bajaron a Planta Baja con los rehenes. En silencio, caminaron hasta la Planta 1. Ahí estaba uno de los referentes: Hugo "La Garza" Sosa, el líder de la famosa superbanda que asaltaba blindados.

Después de reducir a los penitenciarios de toda la planta, liberaron a los presos de los 4 pabellones. De ahí se fueron a la Planta 2. El referente del sector era Luis "El Gordo" Valor, otro integrante de la superbanda. Ahí, lo mismo: más penitenciarios secuestrados y más detenidos fuera de los pabellones. En total, eran 14 rehenes y cerca de 800 presos.

Entre los referentes había dos italianos. Uno era integrante de una familia de la mafia romana. Era novio de una abogada y había llegado a Argentina a partir de algunos problemas en su país. Fue recibido por su compatriota, que era de Venecia y era muy querido porque uno de sus tíos había robado con un argentino en Europa, que en ese momento también se encontraba en Devoto, al frente de la toma. También estaban Alejandro Puccio y Luis Mario Vittete Sellanes, que 13 años después protagonizaría el famoso robo al Banco Río. 

 

El próximo paso del plan era llegar a un lugar denominado como "La T". Hacerlo implicaba liberar al resto de la población. Por allí accederían a las Plantas 5 y 6, al Centro Universitario y a 'Celulares', que vendrían a ser la Planta 4. No alcanzaron a hacerlo. Porque en el camino apareció personal penitenciario que comenzó a dispararles. Aun hoy se sospecha de que alguien le avisó a los penitenciarios del plan. Pero como iba a ser a las 8.30, los presos de los pabellones 10 y 11 les habrían ganado de mano.

Hubo que hacer algún retoque a la idea original. Se fueron hacia la Planta 3 y se dividieron. Los rehenes quedaron en el pabellón 12, con un grupo de presos que le puso candado a las rejas. Antes, sacaron las camas y colchones y las colocaron sobre las escaleras. El resto de los detenidos subió al techo. Desde allí, y mediante las cámaras de televisión que llegarían al rato, empezarían a exigir la presencia del Procurador y algunos Ministros. 

Mientras tanto, un preso que estudiaba abogacía y otro que también era estudiante y estaba por la famosa Operación de narcotráfico "Langostinos" presentaron el petitorio: querían la modificación de al menos un artículo de la Ley 24.390. Eso permitiría que el 2x1 sea una realidad. Además, los presos de otros penales que se enteraban de la noticia comenzaban a sumarse a la protesta. En aquellos años era una especie de ley de la delincuencia: si Devoto u Olmos tomaban rehenes, el resto debía hacer lo mismo. O al menos intentarlo. 

 

La primera reunión fue ese mismo 21 de diciembre. Los ideólogos de la toma sabían que ni los funcionarios ni los penitenciarios querían pasar la navidad en esa situación. Sosa, Valor y otros referentes bajaron a dialogar. Era una por planta. Los esperaba el Procurador Eugenio Freixas, el director del penal , el Jefe de seguridad, el del SPF y los dos estudiantes de Derecho. En las siguientes se sumaría el senador Augusto Alasino. "Digamos que el pacto fue rápido", recuerda "Beto". "El problema es que ellos querían cerrar todo de palabra y les dijimos que sin firmas no entregábamos el penal. Que todo iba a servir igual".

La firma llegó para el 22. Los internos tenían una fotocopia del proyecto de Ley presentado por Alasino, que hacía años que estaba frenado. Tras el acuerdo, se liberaron los rehenes y todo volvió a la normalidad. La única rotura fue el techo de la Planta 3.

"Ese motín es muy recordado por la población carcelaria. Los presos sabemos que la única manera de gozar de un beneficio es por la fuerza. Haciendo batucada nunca se logró nada. Con las huelgas de hambre tampoco, porque nadie nos escuchaba y los únicos beneficiados eran los penitenciarios, que se llevaban toda la comida a sus casas. Fue la última vez que los presos nos unimos con un objetivo que terminaría beneficiando a muchos que ni siquiera conocíamos", agrega "Beto". Su primera causa penal es de 1973. Dice que los únicos beneficios previos obtenidos a partir de motines o protestas de internos habían sido en 1973 y 1983. 

El artículo 5 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos sostiene el derecho de toda persona detenida a “ser juzgada en un plazo razonable o a ser puesta en libertad”. Así se incluyó en la redacción final de la Ley 24.390, presentada por el diputado Alasino. El proyecto fue enviado al Congreso a los días. Aunque recién a mediados de 1994 tendría los primeros avances.

 

La norma fue promulgada el 24 de noviembre de ese año, con las firmas del presidente Carlos Menem y Jorge Maiorano, Ministro de Justicia. Permitía computar doble, a partir del segundo año de detención, los días que pasaban los presos en la cárcel sin una sentencia firme.

Patricia Bullrich, Graciela Fernández Meijide, José Luis Gioja, Horacio Jaunarena, Juan Carlos Maqueda, Leopoldo Moreau, Miguel Ángel Pichetto, Aldo Rico, Fernando “Pino” Solanas y Rodolfo Terragno son algunos de los diputados que participaron del debate.

"En ese momento había gente que estaba hacía siete u ocho años con prisión preventiva. Nuestra ley de plazos de preventiva no fue el problema. Ni siquiera lo fue el 2x1, que después fue derogado. El problema, en este caso, son los jueces y cómo aplican las leyes", le contó Alasino a La Nación al recordar la aprobación del proyecto.  

La Ley se derogaría a mediados de 2001. En aquel entonces las estadísticas decían que solo en cárceles del Gran Buenos Aires, el 80% de los liberados por el beneficio del 2x1 volvió a prisión. Ese fue el principal argumento de los diputados.

"Beto" cierra la comunicación con nostalgia. Dice que el perfil de los detenidos de hoy cambió; que los pibes jóvenes ya no luchan como sí lo hacían ellos en los 90. Y que ellos ya están viejos. "No saben presentar una excarcelación o un escrito. Los reclamos solo son por las visitas o la comida, pero nunca por un buen beneficio a partir de una Ley que podría hacernos salir antes", concluye.   

 
fuente clarin
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