La escalofriante escena de un femicidio en el interior de la Villa 31

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La prensa de Paraguay lo presentó en sociedad como el feminicida descuartizador de la Argentina, aunque curiosamente no podrá recibir una pena acorde a ese delito porque el vecino país no aplica condenas a perpetua. Por esa razón, las autoridades guaraníes demoraron casi medio año en concederle la extradición para que pueda ser juzgado por el horrendo crimen de su mujer y madre de sus hijos, Liliana González (37), ocurrido en marzo pasado en el interior de la Villa 31 Bis de Retiro.

Waldo Servian Riquelme (33) es el primer femicida que, en caso de ser condenado, no será sentenciado de por vida, porque esa fue la condición que acordaron los dos países. Según fuentes judiciales consultadas por PERFIL, el tratado de extradición que existe en el vecino país dice que las autoridades no entregarán a un ciudadano a una nación donde exista condena a perpetuidad o pena de muerte. La Ley 25.302 indica que “no se concederá la extradición cuando los hechos que la originan estuviesen castigados con la pena de muerte o con pena privativa de libertad a perpetuidad”.

Sin embargo, el convenio aclara que “la extradición puede ser concedida si la parte requirente diese seguridades suficientes de que la persona reclamada no será ejecutada y de que la pena máxima a cumplir será la inmediatamente inferior a la privativa de libertad a perpetuidad”.

Waldo está acusado de acuchillar y desmembrar el cuerpo de su mujer en su casa de la manzana 110, en la calle 13 de la Villa 31 Bis de Retiro. La cortó en pedazos con una amoladora eléctrica que se usa para cortar cerámicos. Las pruebas reunidas son contundentes, aunque el sospechoso insista en su inocencia y diga que se entregó para recuperar a sus hijos.

“La autopsia estableció que como producto del desmembramiento se contabilizaron 25 fragmentos corporales individualizados (cabeza, tórax, abdomen, pelvis, miembros superiores e inferiores, columna vertebral)”, señaló el juez Hugo Decaria al dictar el procesamiento, en el que además le trabó un embargo superior a los cinco millones de pesos.

Espanto. El crimen de Liliana es uno de los más horrendos registrados en el asentamiento. La escena del crimen era dantesca. Había restos por todas partes, incluso dentro de una olla que estaba sobre un anafe, porque los había cocinado. Encontraron partes del cuerpo en la bañera –entre ellos, la cabeza rapada de la víctima–, en un balde y tirados en el piso de la planta baja. Cuando entraron los policías, las paredes de la ducha estaban salpicadas con sangre.

Waldo y Liliana tuvieron dos hijos: un nene de 8 años y una nena de 3. En las redes sociales se los veía felices. “Sos mi alma”, dice uno de los mensajes que le escribió la víctima en su cuenta de Facebook.

Sin embargo, los testigos aseguran que el vínculo entre ellos estaba roto y que en los últimos meses se habían distanciado, aunque Waldo siempre intentó recomponer la relación.

El domingo 18 de marzo a las 8.02, el acusado abandonó el país. Lo hizo por tierra, en el paso internacional de Posadas-Encarnación. “Estaba nervioso”, recordó el remisero que lo llevó hasta la frontera.

El día anterior Waldo juntó sus cosas, dejó a sus hijos en la casa de su hermana, caminó hacia la estación de Retiro y compró un pasaje con destino a la provincia de Misiones. A la mañana siguiente se subió a un remís y abandonó el país.

Los restos de Liliana aún no habían sido hallados. Por eso el acusado sorteó todos los controles sin mayor dificultad.

El lunes siguiente, la Justicia libró su captura internacional. Su nombre y su fotografía pasaron a estar en el listado de las personas buscadas en 194 países.

Waldo recién se entregó cuando cumplió 51 días prófugo. Lo hizo acompañado de su abogado argentino, Alberto Caraballo. No quiso hablar.

Al otro día lo trasladaron a Asunción, a la espera de que la Justicia paraguaya resolviera el pedido de extradición solicitado por nuestro país. Casi seis meses después, el femicida fue trasladado hasta el aeropuerto internacional de la capital guaraní. Llegó a Buenos Aires el viernes 1º de noviembre en un vuelo de Aerolíneas Argentinas. Bajó esposado y escoltado por dos agentes de Interpol.

Crisis, infidelidades y dinero

Waldo Servian asegura que no mató a su mujer, pero las pruebas recolectadas indican lo contrario.

Según entendió el juez nacional en lo criminal y correccional Hugo Decaria, la relación entre el acusado y su pareja estaba en “crisis”.

En el procesamiento habló de “sospechas de infidelidades, decisión de separarse personalmente y desacuerdos de tipo patrimonial” como posibles móviles del brutal asesinato.

El principal acusado abandonó a sus hijos horas después del crimen y escapó a Paraguay antes de que la Policía descubriera el asesinato.

Para el juez, el imputado planificó el homicidio: “Propició la ocasión para concretar su designio”, sacó a sus hijos de su casa en la Villa 31 y después “apuñaló a su mujer en el cuello, lo que habría causado la muerte”.

Además, habló de un crimen con odio: “Finalmente descuartizó el cadáver, le extirpó las orejas y sometió a cocción parte de los restos, extremo que permite advertir un odio”.

El caso

◆ El cuerpo de Liliana González (37) fue hallado el domingo 18 de marzo pasado en una casa de la Villa 31 Bis.

◆ La operación de autopsia reveló que la víctima había sido acuchillada. Su cuerpo apareció desmembrado en 25 partes, algunas de ellas cocinadas.

◆ Su pareja, y padre de sus hijos, escapó a Paraguay pero 51 días después se entregó.

◆ El 1º de noviembre pasado regresó al país, después de acordar que no lo condenen a prisión perpetua.

◆ Esta semana lo procesaron por homicidio agravado y le trabaron un embargo de cinco millones de pesos.

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