Narcos montaron una cocina de drogas en una isla casi desierta

Narcotrafico & Terrorismo
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 La isla Paulino está ubicada en la región costera de la ciudad de Berisso, a unos diez minutos de La Plata. Es una zona selvática que recibe muchos visitantes en verano. Se accede en lancha desde el embarcadero del puente 3 de Abril, cercano a la municipalidad y a la mítica calle Nueva York.
La población estable no supera los veinte habitantes. Son pocos. Y se conocen todos. En ese territorio, casi despoblado e inhóspito en invierno, un narco montó una cocina de cocaína donde estiraba la droga que después entregaba a revendedores en el Conurbano.

La pista que llevó a los investigadores a la isla surgió cuando empezaron a seguir a un dealer que aparentemente trabajaba con un hombre que cambiaba de coches con llamativa regularidad. Cuando empezaron a monitorearlo de cerca, detectaron que vivía en el centro de La Plata –tiene un departamento sobre la diagonal 74, entre las calles 21 y 22– y que realizaba extraños viajes en lancha a una isla del delta del río Santiago.

Cristian Javier G., de 44 años, manejaba un Audi TT cuando fue detenido, el 3 de octubre pasado. En sus recorridas por el Conurbano lo habían ubicado a bordo de un Pegueot 308 o un Renault Fluence. Daiana Belén C., su joven novia de 25 años, también terminó en la cárcel, por su presunta relación en la venta de estupefacientes.

En base a las pruebas reunidas por el gabinete de investigaciones de la Comisaría 7ª de Quilmes, a cargo del subcomisario Gustavo Esquivel, la Justicia ordenó cuatro allanamientos en la capital provincial, Berisso, Bernal y Quilmes. En total, fueron demorados ocho sospechosos pero solo dos continúan detenidos hasta ahora: Cristian G. y Daiana C.

Según fuentes policiales consultadas por PERFIL, un grupo especial de la Bonaerense –con la colaboración de Prefectura Naval– llegó en dos “lanchas de ataque” hasta la casa de la isla Paulino. Una propiedad de madera que sobresalía entre la vegetación era el objetivo que buscaban los detectives. Allí estaban el cuidador y una pareja cuando irrumpió el grupo armado.

De acuerdo a los voceros, en ese lugar secuestraron una escopeta Brenta, una carabina calibre 22 con diez proyectiles y 157 envoltorios con clorhidrato de cocaína. También hallaron precursores utilizados para el estiramiento de la droga, como amoníaco, ácido y soda cáustica.

Para los investigadores, “no existen dudas” de que el lugar era utilizado como “cocina de droga”. Lo que sospechan es que allí preparaban la cocaína que después era distribuida en la ciudad de Quilmes. Además, no descartan que el sospechoso detenido sea también el proveedor de narcos que venden al menudeo en Lomas de Zamora, Lanús y Avellaneda.

“Estoy rezarpado”. El principal acusado por el caso tiene antecedentes por narcotráfico. En octubre de 2013 fue detenido cuando llevaba medio kilo de cocaína en la guantera de su auto.

A lo largo de la investigación que llevó adelante el Juzgado en lo Criminal y Correccional Federal N° 2 de San Martín se intervinieron varios teléfonos. En una de las escuchas atribuidas a Cristian G. se lo nota preocupado. “Necesito que consigamos teléfonos. Tenemos que ir abriendo una estructura…”, asegura en una comunicación que consta en la causa. “Che, necesito la pistola. Conseguime los dos cargadores porque me siento rezarpado, los voy a ir a re-c… a tiros a todos. Ahora voy a juntar un equipo”, desafía.

Desde que fue detenido, Cristian G. permanece alojado en una celda de la Comisaría 1ª de Florencio Varela. Su novia, una ex promotora de Turismo Carretera (TC), fue enviada a la seccional de Ranelagh, en el partido de Berazategui.

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