La nueva era del porno: ofrecen audios para estimular las fantasías sexuales sin usar imágenes

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“La reconozco cuando la veo”, escribió el juez Potter Stewart en un caso de 1964 de la Corte Suprema de EE.UU. cuando se le pidió que determinara parámetros legales para la

pornografía​ dura ("hard core"). ¿Pero cómo se le dice -porno duro, porno blando, lo que sea- cuando no se ve nada?

'Erótica' no suena muy divertida como posibilidad”, dijo en la tarde de un martes reciente Caroline Spiegel, una de las fundadoras de Quinn, nueva plataforma del mundo en desarrollo de la pornografía en formato audio, mientras recorría el website de la empresa en su loft de Williamsburg, barrio de Brooklyn donde vive y trabaja con Jackie Hanley, también cofundadora y directora operativa de la empresa.

La meta de ambas es que Quinn se convierta en destino principal de la pornografía no visual, siguiendo los pasos de sitios populares como Pornhub.com. La empresa planea ser gratis para sus usuarios y más adelante va a incorporar una opción para que los creadores reciban propinas, quedándose Quinn con un porcentaje de ellas; también piensan probar con publicidad.

A Spiegel, de 22 años, se le ocurrió la idea mientras estaba en tratamiento por un trastorno alimentario y empezó a tener disfunción sexual. "El porno visual no me daba resultado", dice. “Era demasiado voyeurista.” Ha comprobado que el porno que únicamente se oye deja más lugar a la subjetividad y la imaginación. Y se puede escuchar en cualquier parte.

Spiegel cliquea en una historia en la que un hombre con engolado acento británico empieza diciendo “Me encanta hacer el amor”. Luego, la emprendedora aprieta ‘Pausa’ y lanza una risita. “Ya te hacés una idea.” Los contenidos varían: un cuento verde, una masturbación guiada, una escena actuada. A veces estas historias acústicas aparecen en la plataforma Reddit y en podcasts (¿“porncasts”?) como “Bawdy Storytelling” (Narraciones subidas de tono) y “Kiss Me Quick” (Besame rápido). Entre los autores hay muchas mujeres.

“La pornografía visual funciona para los hombres”, dice Gina Gutiérrez, 29 años, fundadora de Dipsea, una app por suscripción. Los usuarios pagan por mes (US$ 8,99) o por año (US$ 47,99) para tener acceso a 175 historias con actualización semanal.

Gutiérrez y su socia cofundadora, Faye Keegan, 29, se decidieron por un enfoque narrativo basado en la premisa de que “el mejor contenido sexual esté escondido dentro de otro contenido”.

“La serie Outlander es un buen ejemplo”, afirma Gutiérrez. “Incluso la comedia británica Fleabag mostraba sexo real.” Las socias no podían encontrar literatura ni arte eróticos que les gustaran y en las búsquedas en Internet aparecía un montón de videos que no las excitaban. Por momentos Gutiérrez se encontraba recordando el alojamiento de Airbnb donde se había filmado la película y no el sexo de las escenas. La app de meditación guiada Headspace le hizo pensar que los programas solo de audio podían aumentar la concentración y -de crucial importancia- el placer.

El diseño limpio de Dipsea, con ilustraciones al estilo de los dibujos animados, podría hacer que la app se confunda con un producto de mindfulness, pero sus historias tienen títulos como “Vale la pena esperar” (Descripción: “Cuando ella me dijo que no quería que nos acostáramos en la primera cita, me sorprendí. Pero si ella quería esperar… yo podía esperar. Iba a hacer todo lo que me pidiera.”) Entre las ambientaciones figuran la línea F del subte de Nueva York y Tulum, en México; y hay referencias a encuentros fortuitos en conciertos de rock indie.

“La gran idea paraguas es la fantasía accesible”, dice Gutiérrez.

Dipsea también tiene categorías de género y orientación sexual, tipo de argumento (“encuentros”, “juegos de rol”) y nivel de atrevimiento. El sector óptimo de usuarios de la app lo constituyen las mujeres de 25 a 45 años.

Lucie Fleming, 25 años, es una actriz de doblaje de Nueva York con experiencia sobre todo en narración en off para empresas y publicidad de productos. También formó parte de la sororidad Kappa Alpha Theta de la Universidad Stanford junto con Caroline Spiegel y Jackie Hanley, que la contactaron para que se uniera a su nuevo emprendimiento.

“Es una oportunidad de actuar de un modo en que no lo había hecho como artista y de conectarme con el público de una forma más íntima que con la depilación láser o los videos internos de una corporación”, dice Fleming.

Hubo algunas dificultades en la transición. “Se busca que las situaciones no parezcan algo muy elaborado”, comenta Fleming. Los guiones dicen ‘gemir aquí’. Trato de hacerlo de la manera más natural posible, como para que no suene ‘O.K., estoy gimiendo'.” Pero le ha encontrado la vuelta muy bien al asunto e incluso ha empezado a escribir historias para Quinn.

Otro creador de esta plataforma, Jim, 35 años, graba audios pornográficos bajo el nombre de Feel-Good Filth (algo así como Porno con Buena Onda). Tiene un empleo diurno en un banco internacional de Chicago pero piensa que dentro de unos pocos años va a ganar dinero suficiente para mantenerse con las grabaciones. Prefiere la pornografía más tradicional. “Me gusta lo visual”, afirma.

En Dipsea, a los actores de voz profesionales los graban individualmente para las historias. Algunos efectos sonoros se toman de una biblioteca de audio. “La apertura del envoltorio de un preservativo puede ser la de un caramelo envuelto”, señala Gina Gutiérrez.

En los guiones de las historias el control de la natalidad y el consentimiento explícito se encaran abiertamente. Caroline Spiegel sostiene que la política de Quinn es “menores no, incesto no, bestialismo no, desaprobación no, aunque permitimos la simulación sadomasoquista de la desaprobación consensuada, si bien claramente etiquetada".

Dipsea adopta una postura similar respecto del consentimiento. “Es obligatorio”, asegura Gutiérrez, “pero no siempre tiene que ser verbal. Como en el caso de que la historia sea la segunda parte de una serie y se trate de una pareja monogámica. Si es la primera vez de un encuentro entre dos personas que no se conocían, entonces sí".

Esto no es solamente para armonizar con las costumbres sociales y políticas, sino porque “toda la cuestión de las comunicaciones es esencial para el placer”, dice.

Con guiones hechos por empresas que dirigen mujeres y sin cuerpos inalcanzables con los cuales compararse, se puede decir que este es un abordaje de la pornografía más aceptable y hasta más feminista. (Aun cuando las feministas están divididas acerca del porno desde hace décadas.) También podría ser un formato más disruptivo que, digamos, el porno en entorno de realidad virtual, que tiene todos los problemas del porno normal y algunos más.

La autora de 35 años que escribe el blog de porno ético Girl on the Net (Chica en la red) vive en Londres y se llama Sarah (“Me llegan pilas de mails extraños con ese seudónimo como destinatario”, responde al preguntársele su apellido real). Opina que el audio porno puede aumentar su popularidad actual a medida que los oyentes adquieran más conciencia sobre el consumo de pornografía ética y se preocupen por la explotación de los otros actores.

“Cada vez más gente busca sitios porno independientes y paga por sus videos, a la vez que explora opciones con el audio”, observa Sarah. “Probablemente también influya significativamente el hecho de que la tecnología que se requiere para producir audio ahora sea más accesible para el público: instalarte a grabar por tu cuenta hoy es más fácil.”

Caroline Spiegel dice que la mitad de los usuarios de Quinn son hombres y que la palabra que más se busca en el sitio es “lesbiana”. Su relato más popular es el de un varón inglés -los acentos son tan populares que cuentan con una categoría aparte- llamado Harry, que trata con una amante mujer.

Antes de comenzar con la cuestión impublicablemente erótica, el varón inglés se asegura de que vos, motivo de su deseo, estés cómoda: “Permitime sacarte el suéter. Dejame ayudar a relajarte”, murmura. “Quitemos esos tacos altos.”

Traducción: Román García Azcárate