Un gurú alemán de los negocios, en problemas por el pasado nazi de su padre

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En sus buenos tiempos, Roland Berger puede haber sido el hombre mejor conectado de Alemania. Asesoraba a cancilleres y a directores ejecutivos, fundó una de las principales firmas

europeas de consultoría y se montó sobre la recuperación de Alemania en la posguerra para llegar a convertirse en uno de los más ricos “hombres hechos a sí mismos”. Las revistas de negocios lo ponían en sus portadas.

Pero en el crepúsculo de su carrera, la imagen de Berger como consejero ubicuo de directorios de empresas e ícono de la economía alemana está en riesgo. Una revelación llevada a cabo por el principal diario económico de su país, Handelsblatt, asegura que tergiversó repetidamente un elemento clave de su historia personal, aludiendo a su padre como opositor al nazismo​ cuando en realidad fue un oficial de alto rango.

Los efectos colaterales de la revelación del Handelsblatt han sido devastadores para la reputación de Berger, 82 años, y la fundación a la que le aportó 55 millones de dólares de su propio dinero. El mes pasado la Fundación Roland Berger se vio forzada a cancelar su ceremonia anual de entrega de los Premios a la Dignidad Humana cuando dos de los tres destinatarios del galardón dijeron que ya no lo iban a aceptar. La ceremonia iba a celebrarse en el Museo Judío de Berlín.

Berger había invocado con frecuencia a su padre, Georg Berger, como inspirador de los premios.

“La Gestapo venía a nuestra casa cada seis semanas”, contó públicamente Roland Berger en Munich en 2017. “Mi padre estaba encerrado en algún sitio.” Es por eso, dijo Berger, “que otorgo el Premio a la Dignidad Humana a personas que hayan colaborado en favor de la tolerancia, los derechos humanos y los valores en todo el mundo”.

El consultor alemán Roland Berger, en problemas por el pasado nazi de su padre. (DPA)

El consultor alemán Roland Berger, en problemas por el pasado nazi de su padre. (DPA)

El premio era un gran acontecimiento, con su millón de euros, o un millón cien mil dólares, a repartir entre los ganadores. Durante muchos años el ex secretario general de Naciones Unidas​, Kofi Annan, encabezó el jurado que elegía a los destinatarios.

Los documentos históricos dados a conocer por el Handelsblatt y analizados por The New York Times exhiben una figura menos heroica de Georg Berger, que murió en 1977. Muestran que fue un miembro precoz del partido nazi que más tarde prestaría servicios como contador de las Juventudes Hitlerianas. Rudolf Hess, segundo de Adolf Hitler​, le escribió en cierta oportunidad una carta de recomendación.

Según indican los documentos, a principios de la década de 1940, siendo Roland muy chico, la familia Berger vivió en una elegante residencia de Viena que había sido incautada a judíos deportados.

La cuestión no hubiera tenido tanta importancia si más adelante Roland Berger no hubiese hecho de la biografía de Georg Berger parte de su leyenda personal.

En distintas entrevistas, Roland afirmó que el padre se había incorporado al partido nazi a principios de la década de 1930 pero que lo había dejado en noviembre de 1938 como protesta ante una orgía de violencia antisemita que había puesto de manifiesto las intenciones del partido. Georg Berger se había convertido entonces en blanco de la persecución nazi, según la versión del hijo.

Roland Berger hablaba de visitas desgarradoras al padre durante la detención de la Gestapo y dijo que más adelante lo habían llevado prisionero a Dachau, el notorio campo de concentración cerca de Munich.

El campo de concentración Dachu, ubicado cerca de Munich. (Archivo)

El campo de concentración Dachu, ubicado cerca de Munich. (Archivo)

La investigación del Handelsblatt indica que Georg Berger efectivamente entró en conflicto con el régimen de Hitler, pero no antes de 1942. Fue acusado de acaparamiento ilegal de alimentos, no de resistencia política. La indagación plantea dudas acerca de que Berger padre haya sido encarcelado por los nazis e indica que siguió siendo miembro del partido hasta 1944.

No queda claro si Roland Berger simplemente repetía historias que había escuchado del padre o si sabía que algunas cosas no eran ciertas. El caso tiene sus ambigüedades. Después de la guerra, los tribunales aliados que analizaron el pasado de Georg llegaron a la conclusión de que fue a la vez colaborador y víctima de los nazis.

A través de un portavoz, Roland Berger declinó el pedido de ser entrevistado. Ha contratado a dos profesores muy conocidos, Michael Wolffsohn, una autoridad en historia judeo-alemana, y Sönke Neitzel, experto en la Segunda Guerra Mundial, para que examinen los documentos.

“Si esta investigación condujera a informaciones nuevas sobre el rol y las responsabilidades de su padre, desde luego, Roland Berger está dispuesto a revisar la imagen del padre”, afirma una declaración emitida por la fundación.

Michael Wolffsohn contestó por mail que ni él ni Sönke Neitzel quieren hacer comentarios antes de finalizar su informe a principios del año que viene.

Las empresas alemanas han tenido que disculparse con frecuencia por colaborar con los nazis o por haber afirmado falsamente que se resistieron al régimen de Hitler. Volkswagen, Daimler y Deutsche Bank contrataron historiadores extranjeros para que documentasen su uso de trabajo esclavo o su contribución en favor de la maquinaria bélica del país.

La familia Riemann, que controla la compañía propietaria de marcas como Krispy Kreme Doughnuts, Peet’s Coffee, Pret A Manger y Keurig, ha empezado recientemente a hacer frente a su aprovechamiento del trabajo esclavo durante la Segunda Guerra y a su apoyo entusiasta a los nazis.

En 2002, Bertelsmann, la empresa de medios alemana propietaria de la editorial Penguin Random House, fue obligada a retractarse de determinadas afirmaciones, en gran parte tradicionales dentro de la compañía, según las cuales los nazis la habían cerrado en 1944 por publicar libros prohibidos. En realidad, Bertelsmann fue la mayor proveedora de libros del Ejército Alemán, lo cual incluyó títulos de temática antisemita.

Pero el caso de Roland Berger es inusual.

Nacido en noviembre de 1937, tenía solo 7 años cuando se rindió Alemania.

Parece haber hablado poco del padre hasta alrededor de 2003, cuando abandonó la dirección cotidiana de la firma que había fundado en 1967, Roland Berger Holding GmbH.

Esta empresa es una de las pocas consultoras europeas capaces de competir con gigantes estadounidenses como McKinsey & Company. Además de directores generales de compañías de primer nivel, Berger asesoró a líderes políticos como el canciller alemán de extensa trayectoria Helmut Kohl. Cuando el partido conservador de Kohl fue derrotado en 1998, Berger pasó a asesorar al nuevo canciller socialista, Gerhard Schröder.

Si bien los consultores de gestión por lo general prefieren actuar en las sombras, Berger hizo culto de un estilo personal. Otorgaba entrevistas a menudo y le encargó un retrato de sí mismo a Andy Warhol​.

El padre fue un veterano de la Primera Guerra Mundial que se incorporó a una organización de negocios cercana a Hitler. En 1931, dos años antes de que éste llegara al poder, Berger padre ingresó al Partido Nazi. En esa época trabajaba como contador freelance.

En 1936 Georg Berger juró lealtad a Hitler en la misma cervecería donde los nazis habían puesto en marcha un golpe de estado fallido en 1923. El juramento era un prerrequisito para convertirse en contador jefe de las Juventudes Hitlerianas.

Los documentos muestran que Berger padre renunció a su cargo en las Juventudes Hitlerianas por razones indeterminadas en septiembre de 1939. Eso es casi un año después de la llamada Kristallnacht​, noche en la que turbas de inspiración nazi quemaron sinagogas y destruyeron comercios de dueños judíos. Contrariamente a la versión dada por Roland Berger, Georg Berger siguió cumpliendo sus obligaciones con el partido nazi hasta 1944.

En 1940, con ayuda de funcionarios nazis, Georg pasó a ser gerente general de Ankerbrot, la panificadora más grande de Austria. La empresa había sido expropiada en Viena a propietarios judíos obligados a huir.

La primera señal de que Georg Berger estaba perdiendo el favor de los nazis llegó en 1942. Obrando en base a informaciones recibidas, la Gestapo allanó dos veces la residencia en la que vivía la familia Berger. La policía secreta encontró pruebas de que Georg estaba acumulando ilegalmente manteca, huevos, jabón y otros elementos escasos que en aquel momento se racionaban estrictamente, de acuerdo con los documentos de la Gestapo.

Berger padre también fue acusado de desplazar trabajadores de la panificadora para hacer remodelaciones en su residencia. Su expediente del Archivo Federal de Alemania no indica qué penalidad se le impuso, si es que hubo alguna.

La Fundación Roland Berger insinuó que las acusaciones en contra de Georg Berger pueden haber tenido una motivación política y que los cargos por acopio eran un mero pretexto.

“Los documentos nazis y los de la Gestapo por lo general tenían carácter denunciatorio y reflejaban conflictos de poder e influencias dentro de las instituciones nazis”, se lee en su declaración.

Terminada la guerra, los aliados mantuvieron a Georg Berger en un campo de reclusión. Como millares de otros funcionarios y empresarios, fue llevado ante un tribunal para determinar en qué medida había apoyado el régimen de Hitler.

El tribunal obtuvo testimonio oral de que a Georg lo había encarcelado la Gestapo y que había escapado de que lo mandaran a Dachau solo debido a la intervención de un simpatizante que formaba parte de la policía secreta. En lugar de eso, según ese testimonio, Berger padre fue enviado como soldado al Frente Oriental -un destino ligeramente mejor-, donde lo capturó el Ejército Soviético.

Los testimonios presentados en estas llamadas audiencias de desnazificación eran notablemente poco fiables. Muchos de los acusados convocaban a amigos y familiares para que mintieran en favor de ellos y los reinventaran como si hubiesen sido opositores y disidentes.

El expediente de Georg Berger de la Gestapo no hace mención al encarcelamiento, a Dachau ni al frente ruso. El Handelsblatt informó que su equipo de periodistas había registrado archivos de Alemania y Austria y no había encontrado pruebas de que los nazis lo hubieran metido en la cárcel ni de que hubiese sido prisionero de guerra.

El tribunal de desnazificación, así como una comisión de apelaciones, dictaminó más adelante que Georg Berger había sido un colaborador nazi de bajo nivel. Se lo eximió de haber ocupado puestos influyentes en los negocios, la política y los medios de información durante dos años.

La descripción más favorable de Georg hecha tiempo después por Roland Berger puede haber sido simplemente obra de un hijo deseoso de creer que el padre era un héroe. Pero gran parte de la información, como ser las fechas de la militancia de Georg en el partido nazi, ya estaban disponibles en archivos. Una persona con los recursos de Berger hijo podría haber verificado fácilmente los datos.

“Roland Berger no ocultó ninguna información sobre su padre”, afirmó la fundación Roland Berger. “Simplemente no tenía todos los documentos.”

Traducción: Román García Azcárate