El impacto de la crisis: este año, 4 de cada 10 debieron endeudarse para llegar a fin de mes

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Los números dejaron de cerrar. Con una inflación​ que se prepara para cerrar el año en torno al 55%, sueldos que quedaron muy atrás y crecientes problemas de

empleo, los hogares argentinos se vieron obligados a hacer “malabares” para llegar a fin de mes. Hubo medidas de emergencia de todo tipo y en distintos frentes, que incluyeron desde masivos recortes de gastos en rubros como el de los alimentos y el de la salud, hasta “manotazos de ahogado” en lo financiero: 4 de cada 10 personas debieron endeudarse.

Eso es lo que surge, al menos, de una encuesta de la consultora Voices! a la que Clarín accedió en exclusiva, realizada en noviembre entre 900 adultos de todos los niveles socioeconómicos del Área Metropolitana de Buenos Aires y de las principales ciudades del interior del país: Córdoba, Rosario, Mendoza, Tucumán, La Plata, Mar del Plata y Salta.

Consultada sobre qué hicieron en el último año para afrontar la situación económica, un 35% de la gente contó que debió “pedir dinero prestado a familiares o amigos para cubrir gastos corrientes”. Y un 42% reveló que, al menos en una oportunidad, tuvo que hacer el pago mínimo de la tarjeta de crédito o abonar sólo una parte del resumen, refinanciando el resto.

El problema de esta forma de endeudarse con los bancos es lo cara que resulta para el usuario: en los últimos meses, por la política monetaria de muy altas tasas de interés, representó incurrir en costos financieros del 200% al 300% anual.

Del sondeo surgen otras medidas drásticas. Un 25% de la gente, por ejemplo, ajustó en remedios: dejó de comprar algún medicamento o discontinuó un tratamiento médico por no poder pagarlo. Más de un tercio, en tanto (34%), se atrasó con las expensas; casi la mitad (46%) se dio de baja de su prepaga o cambió a un plan más económico; y un 56% redujo sus compras de alimentos.

Aún más masivamente, y siempre según la encuesta de Voices!, 6 de cada 10 personas buscaron este año hacer un menor uso de los servicios públicos (como luz y gas) y reducir la cantidad de viajes que hace en medios de transporte. También casi todos recortaron salidas y actividades recreativas pagas (86%), compraron menos ropa (85%) y postergaron la compra de electrodomésticos (81%).

Radiografía del ajuste

Lo que sucedió en paralelo, según la investigación, fue que casi todos los encuestados (95%) pusieron en marcha este año alguna estrategia para gastar menos o ahorrar en sus compras de todos los días, siendo la principal comprar más en promociones y aprovechar descuentos, algo dicho por el 64%.

Además, 4 de cada 10 personas manifestaron que ahora frecuentan más comercios “para buscar precio”, llevan menos cantidades y eligen marcas más baratas.

En el súper, más rastreo de promos y marcas “b”

“La conducta de buscar descuentos y promociones se instaló desde la crisis de 2001, pero se agudiza muchísimo en momentos de crisis económica como los actuales”, explicó Mariana Rodríguez, directora de Atención al Cliente de Voices!.

Otro de los hallazgos fue que, en las distintas góndolas, el ajuste adquirió características particulares. En las de lácteos, productos de almacén y de limpieza, la mitad de la gente pasó a comprar marcas más baratas o productos sueltos. Pero en artículos de perfumería y cuidado personal, bebidas alcohólicas y carnes, la opción predominante fue comprar menos unidades de las mismas marcas.

En cada rubro, un recorte diferente

“Los niveles socioeconómicos (NSE) medios han tenido que reducir sus consumos tanto como los bajos -destaca el informe-. Los más jóvenes y los de NSE medio y bajo han cambiado más de marcas en limpieza. Y en lácteos, el cambio de marca por precio atraviesa a todos por igual.”

“Llama la atención que los encuestados, en su gran mayoría (un 83%), sienten que las marcas de consumo masivo no los están acompañando en estos momentos difíciles, ni con sus precios ni con el tono de sus comunicaciones”, subrayó Rodríguez.

“¿Qué deberían hacer las marcas para acompañar?”, fue otra pregunta. Y casi la mitad de las respuestas se refirieron a los precios: que los bajen (28%) o que al menos dejen de aumentarlos (15%) y no los suban “por las dudas” o para “especular” (5%). “No quitar producto para vender más caro menos cantidad en un nuevo packaging”, sugirió un encuestado.

Según el sondeo, entre los que más hábitos cambiaron por la crisis se destacan los menores de 50 años, los hogares más pobres y también las mujeres en mucho mayor medida que los hombres. Ejemplos de esta brecha de género son que el 66% de ellas redujo sus compras de alimentos, frente al 46% de ellos; el 53% de las consultadas debió cambiar o dar de baja la prepaga, contra un 39% de los varones; y un 52% de las consumidoras debió hacer pagos mínimos o parciales de su tarjeta, mientras que sólo el 32% de los encuestados masculinos respondió lo mismo.

El 15% de la gente hizo encargos en el Cyber Monday

Cyber Monday, el megaevento de venta online hecho del 4 al 6 de noviembre, no pasó inadvertido: el bombardeo publicitario logró que un 96% de los consumidores se haya enterado de su existencia, según la encuesta de Voices!.

De todo modos, los que aprovecharon para hacer algún encargo fueron muchos menos: un 15% de la población, que casi en su totalidad comparó precios antes de dar al paso, tanto en Internet como yendo a negocios físicos.

Otro 34%, aunque miró e investigó las ofertas, decidió no comprar. Principalmente, según respondieron, porque los precios no le parecieron atractivos (60%), porque no estaba en promoción lo que deseaban (38%) o porque no se ofrecía un plan de financiación que les resultara conveniente (37%).

Finalmente, hubo un 46% de los usuarios que, pese a haberse enterado del Cyber Monday, no se involucró de ningún modo. Los motivos, en este caso, pasaron por creer que los precios no serían buenos (28%) y por cuestiones más “estructurales”, como la falta de dinero (22%)o de una tarjeta de crédito o de débito disponible (18%).

En la encuesta, el 66% afirmó sospechar que, en el Cyber Monday, se suben precios para luego rebajarlos. Y un 85% dijo que usa el evento para comprar más barato cosas que ya tenía previsto adquirir, frente a sólo un 44% que lo utilizó para compras más impulsivas o para darse lujos. “Esto debería leerse como algo propio de la coyuntura de crisis”, analiza la consultora.

Distintas actitudes

El sondeo halló grupos bien diferenciados entre la gente, según cómo enfrenta la crisis. Estos son los tres más numerosos:

Racionales y planificadores (39%). Aunque sufren el estrés, buscan mantenerse calmos y recortar sólo donde convenga. Priorizan y administran.

Restrictivos a ultranza (27%). Muy preocupados, restringen fuerte sus consumos y buscan comprar todo con promociones, ofertas y cupones.

Negadores optimistas (14%). Ven la crisis como pasajera y evitan deprimirse. Planifican y sólo hacen leves ajustes.