Los perros San Bernardo dejaron el Centro Cívico de Bariloche

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La fotografía de los turistas acompañados por los perros San Bernardo está destinada a desaparecer para siempre en Bariloche. En el Centro Cívico ya no se observan los

típicos fotógrafos que tentaban a los turistas para hacerse una postal junto a sus hermosos animales. En una época llegaba haber hasta cuatro en todo lo ancho de la plaza barilochense. Unos, con animales de casi 100 kilos y de varios años, y otros exhibiendo cachorros irresistibles de la famosa raza.

Después de las 16, el horario más utilizado por este extraño gremio, no hay ninguno. Tampoco se los encuentra con facilidad en el cerro Catedral ni en el Punto Panorámico del Circuito Chico, espacios que también han sido históricos en este rebusque.

Corren otros tiempos y una concepción distinta de la relación del ser humano con los animales.

A través de una ordenanza, el Concejo Deliberante de la localidad decidió desalentar fuertemente la actividad. De acuerdo al flamante texto aprobado por los ediles, los perros que hoy acompañan a sus amos al aire libre serán también los últimos. En otras palabras, los ediles ordenaron que una vez que mueran los actuales canes ya no se otorgarán nuevos permisos municipales a sus propietarios.

Un fotógrafo con un San Bernardo en septiembre de este año. Ya no se los ve en el Centro Cívico. (Marcelo Martínez)

Un fotógrafo con un San Bernardo en septiembre de este año. Ya no se los ve en el Centro Cívico. (Marcelo Martínez)

Además quedó prohibido que hagan fotos en el Centro Cívico, tal vez la imagen más emblemática de este oficio. Su actividad podrá desarrollarse en los alrededores de la plaza, donde tampoco se los ve, Llao Llao, Punto Panorámico (Circuito Chico) y en la base del Cerro Catedral. Por supuesto en todos estos puntos los fotógrafos dependen del caprichoso clima del Sur porque hay escaso resguardo con el viento, la lluvia o la nieve. Sin embargo, en verano e invierno el punto más fotografiado por los turistas es la histórica plaza local a metros de las calles comerciales.

Además la actividad se podrá realizar con animales inscriptos en un registro municipal y que cumplan las condiciones de salud. Un veterinario examinará anualmente al can para confirmar que se encuentra en condiciones físicas de continuar.

La ordenanza establece que cada perro no podrá “trabajar” más de tres horas diarias, colocando un límite crucial a algunos de los propietarios que exponían a sus animales a prolongadas jornadas mientras esperaban turistas.

Por décadas, los San Bernardo fueron un imán para los turistas. (Marcelo Martínez)

Por décadas, los San Bernardo fueron un imán para los turistas. (Marcelo Martínez)

Los fotógrafos deberán permanecer con solo un perro de más de un año, que tendrá un chip y un collar identificatorio. Esta reglamentación termina de plano con las fotografías de San Bernardos cachorros que era muy común en Bariloche y una de las más pedidas.

Por “protocolo” comercial algunos de los dueños de los cachorros solo dejaban a los turistas tocar o hacerse fotos con ellos después de que se hubieran tomado al menos una imagen paga.

“Nosotros no estamos en contra del ejercicio profesional del fotógrafo, sino en contra del uso de los perros. Los animales no nos pertenecen, no podemos hacer cualquier cosa con ellos. Por otro lado, algunas de estas personas ocupan un espacio público que es para los turistas. Se han visto peleas entre fotógrafos y turistas que querían sentarse y ellos creen que los asientos del Centro Cívico son para que trabajen, lo que no es verdad”, había indicado a Clarínen septiembre la concejal Cristina Painefil (Juntos Somos Río Negro), autora del texto de la ordenanza.

Los dueños de los animales afirman que ellos cuidan de sus animales y consideran su actividad un trabajo formal. “Nosotros alimentamos bien a nuestros perros, los tratamos bien, hay muchas mentiras sobre que existe maltrato, pero no es cierto. Tampoco comen tanto ni provocan un gasto grande como dicen, los perros son parte de nuestras familias”, dice a este diario el propietario de un San Bernardo que prefiere resguardar su nombre.

Con la nueva ordenanza, los fotógrafos dejaron el centro y se trasladaron a otros puntos turísticos. (Marcelo Martínez)

Con la nueva ordenanza, los fotógrafos dejaron el centro y se trasladaron a otros puntos turísticos. (Marcelo Martínez)

En este punto los concejales han disentido basándose en la Declaración Universal de los Derechos de los Animales que desde 1978 vienen difundiendo diversas asociaciones protectoras y grupos de ambientalistas. “Llegó un punto donde no nos reunimos más (con los fotógrafos) porque no hay manera de acordar. No acuerdo con que es una fuente de trabajo. Respeto lo que hacen, no desmerezco que una persona realice una actividad pero esto es un cambio de paradigma”, le dijo Painefil al diario Río Negro.

Los primeros animales

El primer animal que se observó en el Centro Cívico para que los turistas se hicieran fotos fue un huemul de cartón, cuentan a Clarín los vecinos. Algunos aseguran que en realidad era un huemul vivo, pero este dato parece más parte de la leyenda que de la realidad. En la misma década se vio a un hombre acompañado de un mono. La gente del pueblo habría mantenido varias discusiones con el dueño porque consideraban que lo explotaba.

Después llegó un venado de cartón cuya cola, recuerdan los memoriosos, se la robó una jauría de perros que andaba por la plaza en aquellas épocas. En los 70 se paseaba por el Centro Cívico el perro San Bernardo de una comerciante de los alrededores. Este animal habría despertado la iniciativa del fotógrafo Ernesto Martínez, que compró un ejemplar en Mendoza y lo puso a trabajar con él.

La época de gloria de los fotógrafos con perros fue en los 90. Uno solo podía llegar a hacer 300 fotografías por día en invierno.

Hoy, excepto San Bernardos, en el Centro Cívico hay de todo un poco. El municipio ubicó un árbol de navidad blanco junto a un carro llevado por renos. Esto se mezcla con vendedores ambulantes, turistas, gente de la localidad y hasta skaters. Uno de los personajes más llamativos que se vio el Centro Cívico hace un par de veranos fue un duende subido a un árbol. Un grupo de tres hermanos iniciaron este “emprendimiento” que incluía música y un árbol de utilería. La idea era que los turistas se tomaran una fotografía con el duende de los bosques que permanecía siempre arriba de una rama.

Bariloche. Corresponsal

AS