Procesan a un integrante de Prefectura por un caso de abuso sexual en alta mar

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Un integrante de la Prefectura Naval Argentina, cuyo grado no fue dado a conocer, fue procesado por el abuso sexual de una cabo primero de la fuerza. El abuso ocurrió primero

en una confitería de Puerto Madryn y continuó en el Guardacosta “Mantilla GC24”, a cuya tripulación pertenecían ambos. El hecho ocurrió en 2015 y lo más llamativo fue que 2 años después del incidente, la mujer fue dada de baja. El acoso comenzó cuando ambos llegaron en el guardacostas a Madryn para descansar tres días. El episodio se habría consumado al partir, en plena navegación. Al fallo lo firmaron los jueces Martín Irurzun y Leopoldo Bruglia, de la Sala 2 de la Cámara Criminal y Correccional Federal.

El 21 de julio de 2015 la víctima se embarcó en el “Guardacostas Mantilla GC-24” hacia Madryn, donde descansaron durante tres días. Fueron al local bailable “La Frontera” con compañeros de embarcación. En un momento, el hombre se acercó a la mujer e intempestivamente la besó. Ella reaccionó empujándolo. Retornó a su camarote, donde el hombre golpeó la puerta en forma insistente para que lo dejara entrar. Le abrió y le dijo que se fuera, advirtiéndole que daría aviso a la guardia. Él se retiró, según relata el fallo.

Luego de ese episodio, durante la navegación -el 8 de agosto de 2015 entre las 0 y 1- ingresó a su camarote, la comenzó a besar, le quitó los pantalones y abusó de ella. La víctima no le comentó a nadie lo ocurrido porque sentía mucha vergüenza. Comenzó a sufrir ataques de pánico, brotes psicóticos y otras dolencias, que le impidieron continuar en el buque. En enero de 2017 fue dada de baja.

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La Justicia ordenó diversas diligencias probatorias como la obtención de fotocopias de los legajos de servicios del imputado y la víctima, declaraciones testimoniales del personal a bordo del buque y de los profesionales de la salud que evaluaron a la mujer, copias de su historia clínica y registros vinculados a las atenciones médicas recibidas, entre otras. Indagado, el imputado desconoció los cargos e indicó que no tenía ningún tipo de trato con la víctima. Sólo compartían el ámbito laboral.

Pero según el fallo, “existen elementos objetivos que, evaluados en su conjunto, alcanzan el grado de probabilidad exigido en esta etapa para tener acreditada su responsabilidad”. Como ocurrió en un marco de privacidad, fuera de la vista de terceros y sin rastros físicos, resultó “crucial” la declaración de la víctima. Se lograron reunir suficientes pruebas que avalan la decisión del juez en torno a la forma en que ocurrieron los hechos. Las declaraciones de las profesionales que atendieron a la víctima corroboraron el cuadro físico y psíquico que padeció consecuencia del abuso. Los testimonios más significativos son los de la época cercana al evento, publica el diario Jornada.

Según una especialista, “por primera vez el 28 de octubre de 2015 le presté atención psicológica y tuvo 30 sesiones entre 2015 y 2017, presentaba un estado psicótico con profusa angustia, insomnio, mucha ansiedad y miedo. También tenía apatía, desgano y tristeza profunda cayendo a un estado depresivo. El estrés postraumático conlleva a esa sintomatología”

Por su modo de hablar, sus actitudes y la forma de expresarse se apreciaba que había pasado por una situación traumática. “En las últimas sesiones manifiesta que había sido violada y me expresó que no lo había dicho porque tenía vergüenza de la situación”. Su relato le resultó creíble por la forma en que lo expresaba, su comportamiento y porque realmente no la veía bien emocionalmente. El cuadro descripto “fue producto del abuso sexual que denunció, por las características, por lo que ella me fue comentando y por su conducta daba a entender que el trastorno que generaba su ansiedad fue producto de ello; desde el inicio o las primeras sesiones se notaba que había pasado por una situación de ese tipo”.

GS