El crimen de Báez Sosa: se negaron a declarar los 10 rugbiers, habló el imputado "11" y volvieron a allanar la casa de los acusados

Sociedad
Lectura

Una mañana ajetreada, además de ser la más calurosa del verano, se vivió este lunes en la Fiscalía de Villa Gesell, ubicada en el Paseo 110 y Buenos Aires, donde desfilaron

los imputados por el asesinato a golpes de Fernando Báez Sosa (21), propinada por un grupo de jugadores de rugby, que lo molieron a golpes a la salida del boliche bailable Le Brique.

Según pudo establecer la autopsia, su resultado preliminar determinó que Fernando murió debido a un “shock neurogénico” producido por un golpe en la cabeza. Si bien “no presentaba fractura de cráneo”, el traumatismo fue tan fuerte que le generó una hemorragia que derivó en la muerte. La pericia confirma la hipótesis principal de la fiscalía: que dos rugbiers fueron los responsables del golpe fatal porque quedaron filmados pateando a la víctima en la cabeza.

Los diez rugbiers imputados, que se encuentran distribuidos en dos grupos de cinco en sendas comisarías de Villa Gesell y Pinamar, no declararon ante la fiscal Verónica Zamboni, por solicitud de su abogado Hugo Tomei. Los deportistas del Club Náutico Arsenal de Zárate fueron identificados por la Policía como Matías Benicelli (20); Ayrton Viollaz (20); Máximo Thomsen (20); Luciano Pertossi (18); Ciro Pertossi (19); Lucas Pertossi (20); Alejo Milanesi (20); Enzo Comelli (19); Juan Pedro Guarino (19) y Blas Cinalli (18).

La undécima persona aparentemente involucrada, Pablo Ventura (21), sí se presentó y declaró acompañado de su abogado Jorge Santoro. "Mi cliente Pablo Ventura declaró ante la fiscal Zamboni y le preguntaron todo lo que tenían que preguntarle. Pablo respondió a todo seguro y convencido, más allá del momento de angustia y preocupación que está atravesando", expresó Santoro.

Tanto Santoro como el papá José María Ventura del por ahora joven detenido aseguran que "Pablo no estuvo en Gesell el viernes a la noche ni el sábado a la madrugada. Él estaba con nosotros, cenó en familia y tenemos pruebas visuales que lo acreditan, además de que mi hijo entregó su teléfono para ser peritado", afirmó Ventura, quien le dijo a Clarín que "en este momento deberíamos estar en Punta del Este, teníamos pasajes para estar allá... y mirá dónde estamos", balbucea al borde de las lágrimas. 

Ante la consulta sobre un supuesto complot de los rugbiers, quienes afirmaron que Ventura estuvo en Villa Gesell y a quien le adjudicaron ser dueño de un par de zapatillas ensangrentadas cuando la policía allanó la vivienda de los principales sospechosos, Santoro puso paños fríos: "No sé de dónde salió esa acusación, no me explico por qué, pero no hay un complot contra mi cliente -minimizó-. El tema de las zapatillas es fácil de comprobar porque Pablo calza 49.5 y mide casi dos metros, por lo que nunca pasará desapercibido".

La teoría del complot circuló a través de Ventura padre, quien piensa que que "la acusación contra mi hijo tiene que ver con un supuesto pase de facturas de parte de uno de los rugbiers con quien Pablo habría tenido alguna pelea, pero desconozco el motivo. En Zárate, donde vivimos y nos conocemos todos, hay una especie de rivalidad entre rugbiers y remeros".

Pese al momento límite a Ventura lo tranquiliza la serenidad de Santoro, un abogado campechano, que se recibió de grande, casi a los 50 años y toda su vida trabajó como herrero, el oficio que ama. "Yo soy un herrero que soñó toda la vida con llegar a ser abogado, pero tengo la personalidad de un herrero, no de un abogado. ¿Qué significa? Que trato de allanar el camino, ayudar a la fiscal en todo lo que pueda y siempre decir la verdad".

Santoro contó que pedirá la exención de prisión "probablemente en la mañana del martes", ya que le quiere dar tiempo a la fiscal Zamboni, quien durante buena parte del día entrevistó a cuatro testigos que trajo la defensa. "Además, ya empezaron a peritar el teléfono de Pablo, por lo que no es prudente pedirle a la fiscal algo cuando se encuentra trabajando mucho y bien".

Mientras el letrado respondía, en Buenos Aires estaba siendo velado desde el domingo el cuerpo de Sosa en una casa velatoria de Caballito, desde donde se lo traslado para inhumar sus restos en el cementerio de Chacarita. "Pido justicia por mi hijo, lo golpearon hasta matarlo, quiero que la Justicia actúe, que esto no quede impune", exclamó Graciela, la madre de Fernando, en la sala velatoria.

Por una puerta lateral de la Fiscalía gesellina salía el abogado Hugo Tomei, también de Zárate, y quien defiende a los 10 jugadores de rugby del club Náutico Arsenal de Zárate. "Mis clientes todavía no declararon y yo todavía no pude encontrarme con ellos, pero descarto cualquier tipo de posibilidad de complot o pacto de silencio, como estuvo circulando".

Perseguido por los medios durante tres cuadras, Tomei no pudo eludir la catarata de preguntas e intentó salir airoso como pudo. "No sé por qué salió el nombre de Ventura, mis clientes están separados en dos grupos (5 en una comisaría de Pinamar y 5 en otra de Villa Gesell), pero no están incomunicados". Hasta que pidió tregua: "Vayan y vean el expediente, solo soy un abogado defensor". ¿La estrategia de la defensa? "Secreto profesional, por supuesto".

Todo transcurrió en el Paseo 110, donde el centro de la escena iba cambiando constantemente. Ante Domljanovic (21), el mejor amigo de Pablo Ventura, contó que vino "a hacerle el aguante. No puedo creer lo que está pasando. A Pablo lo conozco de toda la vida, es mi mejor amigo, nuestros padres son muy cercano, y acusarlo de lo que se lo acusa no sólo es una bestialidad sino una ridiculez".

Ante, que estuvo en Le Brique la noche del viernes en la que asesinaron a Báez Sosa, contó que él estaba con otro amigo, Angel Sormani, que salieron del boliche pasadas las 4 y más allá de alguna gresca adentro "cuando salí todavía no había pasado nada. Pero meterlo a Pablo en esto, que es un pan de dios, es de no creer". Domljanovic ansía que "Pablo salga pronto para poder irnos a Punta del Este, viaje que teníamos previsto hacer el lunes. Le vendría muy bien para olvidarse de esta pesadilla".

El epicentro se volvió a mover y Virginia Pérez concentró todo el protagonismo durante un buen rato. La chica de 17 años fue la primera que socorrió a Báez Sosa haciéndole maniobras de reanimación cardiopulmonar. "No me puedo sacar la imagen de Fernando, con los ojos entre abiertos. Yo lo zamarreaba, lo cacheteaba, mientras le hacía masajes cardíacos durante cuarenta minutos. Le decía 'dale, dale, no te duermas, ¿loco, me escuchas?'. Estaba desesperada", revela la estudiante de Derecho, que vive en Coghlan, y que hizo el curso de primeros auxilios de la Cruz Roja.

Virginia, junto a su mamá Flavia Antonelli, se mostró decidida y no dudó en intentar dar una mano a Báez Sosa. "No tuve miedo, no pensé en qué me podía pasar algo, yo lo vi tirado, todo golpeado, y fui. Estoy tranquila con mi proceder, pero destrozada por no haber podido ayudarlo para que sobreviva. Nunca ofreció alguna reacción, nada, ni un gesto, ni un mínimo movimiento".

"Hace años que vengo a Villa Gesell y la verdad que el desborde va en aumento, no solo en los boliches, sino en las playas, donde el descontrol sorprende", reveló Virginia, mientras asentía su mamá. "Por lo que hablamos en familia, después de todo que pasó, a Gesell no volvemos, es una ciudad que quiero, que hace más de 20 años que vengo, pero el propio lugar se encarga de expulsarnos". A lo que Flavia, agregó: "Yo tengo dos hijos más, menores, y no puedo estar en la playa después de las 5 de la tarde, que se convierte en tierra de nadie. Hasta acá llegué".

Por la tarde del lunes, volvieron a allanar la casa que diez de los acusados detenidos habían alquilado, al parecer, en busca de elementos de interés para la causa. "De la fiscalía dicen que no ordenaron un nuevo allanamiento, pero hubo policías que se llevaron algunas cosas en presencia de testigos", dijo una fuente que prefirió mantener su reserva. 

De la vivienda situada en el Paseo 203, en el barrio Norte de Gesell, reveló se llevaron prendas de vestir y calzados que aparecen en los videos de las cámaras de seguridad que captaron a los agresores en el momento del ataque a Báez Sosa. Vale recordar que ya había sido allanada el día del hecho cuando la Policía aprehendió a los diez sospechosos.

Al cierre de esta edición se estaba desarrollando una marcha de silencio, "una sentada pacífica", en la puerta del boliche Le Brique, convocada por un grupo de vecinos, con el objetivo de dar un mensaje de solidaridad y un pedido de "no más violencia".

GS