Crimen de Villa Gesell: la reacción de la mamá del detenido N° 11, entre la emoción y la bronca

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Marisa Pittilini (54), la mamá de Pablo Ventura (21), habla por teléfono con Clarín en el momento donde ve por la pantalla del televisor que sale libre su hijo, después de pasar tres noches

detenido en la DDI de Villa Gesell, acusado de ser uno de los responsables del crimen de Fernando Báez Sosa​, asesinado a golpes por un grupo de 10 rugbiers.

La conversación con Pittilini, que se encuentra en Zárate, donde vive con su marido, José María Ventura, y su hijo Pablo, se interrumpe por un estallido de alegría al observar el primer plano del joven de 21 años que acaba de abandonar su sitio de detención tras cuatro días y tres noches "de calvario", como define Marisa.

"Todavía no caí en la cuenta, no puedo creer la semana que estamos viviendo, ojalá que los nervios y la presión no nos pasen ninguna factura. Mi marido, que fumaba tres cigarrillos por día, desde el sábado lleva fumados seis atados. Hace una semana, menos, cinco días, pensábamos en el viaje a Uruguay, y de un momento para el otro nuestra vida se desmoronó", grafica esta mujer farmacéutica que hace 96 horas que, dice, "detuve la vida".

Sin embargo, Pittilini habla con claridad e intenta por todos los medios no dejarse llevar por las emociones. "Estoy muy orgullosa de mi hijo, nunca dudé de que pudiera mandarse alguna macana. Es chico, siempre puede suceder alguna cosa, pero nada que se le aproxime a esta bestialidad que hicieron estos tipos. Mi hijo es un deportista, una persona sana, que estudia Farmacia en la Universidad de Belgrano y me ayuda a mí en mi negocio".

Pablo Ventura, tras ser liberado.

Pablo Ventura, tras ser liberado.

Cuenta Marisa que lo más complicado de estos días era cuando llegaba la noche "y me ponía a pensar en Pablito -mide dos metros y calza 50-, en qué estaría haciendo, en cómo estaría absorbiendo toda esta hijaputez de la que fue involucrado, y terminaba tranquilizándome porque confío en su fortaleza. Yo sé que esto será una bisagra, pero él saldrá fortalecido".

La mujer no deja de agradecer a los vecinos del pueblo de Zárate, que siempre le brindaron su apoyo y solidaridad, más allá de "haber escuchado por ahí que mi hijo se quería fugar o que el viaje a Uruguay que estaba previsto desde octubre era en realidad una vía para huir. Nos han ensuciado, mancharon nuestro apellido, pero tanto mi marido José María como Pablo y yo confiamos en que saldremos adelante".

Rodeada de familiares, Marisa vuelve a ver la imagen de Pablo, quien en la pantalla aparece tapándose su rostro, envuelto en lágrimas. "Lo que le ha hecho esa gente es de no creer tamaña maldad. En estos días me preguntaba cómo se puede ser así, cómo inventaron que mi hijo estaba en Gesell golpeando a un pobre chico cuando en realidad estaba en mi casa durmiendo".

Más que nombre, no conoce a los rugbiers involucrados, pero ante tantos interrogantes, llega a una conclusión: "Si asesinaron de la manera que lo hicieron, ¡cómo no van a inventar una acusación contra mi hijo". Pittilini piensa en este miércoles, cuando se produzca el ansiado reencuentro con su hijo y su marido. "Quisiera verlos ahora, ya, pero si pude soportar estos días terribles, hoy todo será de mucho más alivio. No sé si estoy feliz, estoy aliviada porque se hizo justicia. Por suerte, la Justicia no está muerta en este país".

Este miércoles será el reencuentro familiar... y después, ¿cómo sigue la vida? "Una pregunta difícil, pero esperemos encontrar la normalidad. Qué cosa tan hermosa es que la normalidad luego de atravesar este anormalidad. Queremos estar juntos, organizarnos y teníamos un viaje pendiente al Uruguay, pero no sé si estamos para irnos ahora, o en un tiempo".

Y se despide a tono con la fortaleza que mantuvo en toda la conversación. "Siento alivio, alegría y una profunda indignación por todo lo que vivió mi hijo. No tengo nada que decir contra la Justicia ni contra la fiscal (Verónica Zamboni), que se manejó como tenía que hacerlo. Espero que borrón y cuenta nueva... sólo pienso en abrir la puerta y abrazarme con mi hijo".

Villa Gesell. Enviado especial.

EMJ