Las contradicciones de Julieta Silva en su declaración de cómo mató a su novio rugbier

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Julieta Silva llegó con una amiga a Tribunales en San Rafael. No hizo falta custodia porque la mujer de 30 años, que este martes se sentó en el banquillo de los

acusados por la muerte de su novio Genaro Fortunato, goza del beneficio de la prisión domiciliaria.

Vestida con una blusa blanca y saco, campera, pantalón y zapatos negros, Silva se acomodó junto a sus abogados. Llevaba su pelo atado y unos anteojos que fueron protagonistas de la primera jornada del juicio.

Julieta Silva, en la primera audiencia del juicio en su contra (Delfo Rodríguez)

Julieta Silva, en la primera audiencia del juicio en su contra (Delfo Rodríguez)

Silva no tenía puestos esos lentes en la madrugada del sábado 9 de setiembre, cuando a bordo de su Fiat Idea atropelló y mató a Fortunato a la salida del boliche Mona Bar. Si bien sufre astigmatismo, era habitual que no los utilizara en sus actividades diarias. Ese fue uno de los argumentos de la fiscalía y la querella para intentar dejarla en evidencia y demostrar que veía bien esa noche trágica.

"Esa noche iba a manejar Genaro y por eso no los llevé", aseguró la imputada, quien negó haber discutido con Fortunato en el interior del boliche, pese a las declaraciones de otros testigos que en una audiencia preliminar indicaron que existieron roces entre la pareja. En cambio Silva sí admitió que el joven que jugaba al rugby en el club Belgrano "estaba raro, sacado" y que estaba cansada de esa situación.

No fue el único momento del debate donde los fiscales y el abogado de la familia buscaron contradicciones en la declaración de Silva, que aceptó sentarse frente al tribunal y responder preguntas. En ese momento dejó de lado la aparente tranquilidad con la que llegó a la sala y en varias ocasiones rompió en llanto. Incluso su voz débil obligó a los jueces a pedirle que hablara más fuerte delante del micrófono.

Los jueces tuvieron que pedirle que hablara más fuerte (Delfo Rodríguez)

Los jueces tuvieron que pedirle que hablara más fuerte (Delfo Rodríguez)

Pocas veces Silva se quedó callada o respondió con un simple "no sé" ante la presión de las preguntas. Una de ellas fue cuando tuvo que explicar por qué condujo en dirección contraria a su casa luego de salir del boliche.

Silva relató que tras salir de Mona Bar fueron al auto, Fortunato se subió en el asiento del conductor y puso las llaves en el vehículo. Pero que enseguida le dijo que la esperara y bajó del Fiat Idea. "Seguía enojado, diciendo cosas, como queriendo volver en varias oportunidades", recordó la mujer, que al ver a su novio regresando a la puerta del boliche, se cruzó al asiento del conductor y puso en movimiento el auto.

"Yo estaba ya cansada de toda la situación, de lo mismo toda la noche, me quería ir. Me crucé al asiento del conductor, puse el auto marcha atrás, cuando lo acomodé en dirección a Las Vírgenes, él me aparece por mi ventanilla y me golpea con las manos abiertas; me golpeó como dos veces y yo salí. La última vez que me golpea él se despega del auto haciéndose para atrás, como dejándome ir (...). Fue la última vez que lo vi", declaró Silva, quien declaró que pensaba volver a su casa.

El fiscal Fernando Guzzo preguntó entonces por qué Silva decidió tomar la dirección contraria a su vivienda. Tras dudar unos segundos y ensayar algunas respuestas, terminó contestando "no sé", moviendo de un lado a otro su cabeza.

"No sé", respondió dos veces Silva. (Delfo Rodriguez)

"No sé", respondió dos veces Silva. (Delfo Rodriguez)

Lo cierto es que Silva recorrió aproximadamente 150 metros, hizo un giro en U y regresó. En ese trayecto, atropelló y mató a Fortunato. "Vi que venía cruzando un chico en diagonal, en el medio de la calle, hacia mí. Cuando llegué un poco más cerca de él, me di cuenta de que era el de la playa de estacionamiento. Él me hace una seña, me levanta la mano. Yo agarré mi mochila porque pensé que me quería cobrar porque me había ido sin pagar. Pero me dijo: '¡Atropellaste a chico que estaba con vos!' y yo no entendía nada", contó.

Silva no pudo explicar por qué le pidió al cuidacoches que le devolviera las llaves de su auto, que el hombre le había quitado tras el incidente. "Le pedí que me mirara a los ojos y me dijera si pensaba que me iba a ir. Me miró y me devolvió las llaves", dijo.

"¿Cuál era la necesidad de que usted le reclamara las llaves del auto al cuidacoches, para qué las necesitaba?", preguntó Guzzo. "No lo sé", respondió Silva llorando.

San Rafael. Enviado especial