Quiero tocar la guitarra todo el día

Sociedad
Lectura

"Pibe, ¿no tenés sala de ensayo? Esto es un edificio”. ¿Qué persona amante de tocar un instrumento no escuchó alguna vez el reto vecinal ante el volumen alto de la práctica

musical en el seno de un edificio?

Este reclamo, que radica en miles de edificios del mundo, también toma forma en Twitter, Facebook, mensajes por whatsapp y todas las vueltas tecnológicas posibles antes del molesto encuentro cara a cara.

Porque lo que comenzó como una buena forma para distraerse de la ardua jornada laboral, tanto en espacios de oficinas o grandes empresas, ahora se trasladó hacia los complejos familiares: los edificios.

En la Argentina algunos estudios de arquitectura -sin contar las viviendas particulares que insonorizaron habitaciones- optaron por buscarle una solución a este percance de los ruidos molestos. ¿Cómo? Ofreciendo la sala de ensayo como un amenity más. ¿Un riesgo? ¿Una buena idea?

Basta con sólo revisar los precios de la hora de alquiler de sala de ensayo, que -como muy barato- parten desde los 400 pesos las dos horas. Y por qué no apuntar a la sala propia como espacio común.

Por eso, antes de crear Casa Ho (un complejo de 85 departamentos emplazado en Coghlan), el estudio Uno En Uno realizó un informe demográfico y comprobó un dato interesante. “En cada edificio con más de 50 viviendas, siempre tenés entre un 10 y 15% de músicos”, explica el arquitecto Federico Brancatella, uno de los proyectistas a cargo de esta obra que ya tiene 50 unidades ocupadas.

SUBTERRANEA. Casa HO tiene la sala en el subsuelo. (Foto: Uno En Uno)

SUBTERRANEA. Casa HO tiene la sala en el subsuelo. (Foto: Uno En Uno)

Entonces, se la jugó. Pero no sin antes observar su formación. De las cuatro cabezas visibles de su oficina, tres son músicos, Brancatella es baterista -como así también su colega Mariano Goldberg- mientras el ingeniero Dario Balan es guitarrista.

El único “no musical” del estudio es Diego Rybka, quien ratifica que “hoy vemos que la gente se cansó del sum y el gym, ellos buscan sustentabilidad, que el edificio le resuelva temas cotidianos. Entonces, como teníamos mucho metraje en el sótano, no dudamos en construir una sala”.

PLANIMETRIA. Los materiales y la distribución de la sala de ensayo en Casa HO. (Foto: Uno En Uno)

PLANIMETRIA. Los materiales y la distribución de la sala de ensayo en Casa HO. (Foto: Uno En Uno)

Bajar con el instrumento, enchufar y tocar. O poner los platillos y listo. Todo eso en un espacio de 16 m2 que incluye amplificador para bajo, guitarra, una batería y micrófono. ¿El sueño de todo músico? Seguro. “La percusión y los departamentos son el agua y el aceite. Así cada propietario o inquilino podrá generar un espacio de sinergia entre los habitantes del edificio”, agrega Brancatella.

Otros que se animaron a incluir una sala acustizada en el primer nivel del basamento de una torre son PfZ Arquitectos. “Será una sala con mayor aislación acústica que las demás, ya que incluirá paneles fonoabsorbentes. Y además tendrá tomas eléctricas para enchufar los instrumentos en una superficie de 25 m2”, explica el arquitecto Walter Pfeifer.

ALVEAR TOWER. La megatorre de Puerto Madero también incluirá su sala de ensayo. (Foto: PfZ Arquitectos)

ALVEAR TOWER. La megatorre de Puerto Madero también incluirá su sala de ensayo. (Foto: PfZ Arquitectos)

Este amenity del Alvear Tower de Puerto Madero, una megatorre a inaugurarse durante el primer trimestre de 2019, compartirá torre con una peluquería, taller de hobbies, sala de adolescentes y otro servicio futurista: un simulador de golf.

Mientras Brancatella le dedica cada mañana, si el tiempo se lo permite, a bajar y tocar media horita la batería -y así empezar el día con todo-, hay otros felices usuarios de la sala “casi” propia. Uno es Mariano Vulich, un estudiante de diseño gráfico que toca la guitarra y alquila departamento en Casa HO. “Vengo a practicar con mis amigos, hacemos punk-rock estilo Green Day. Ensayo unas cuatro veces por semana, sobre todo al mediodía. Y si escuchás a alguien que está tocando, si pinta, te podés sumar. Acá hay violinistas, un pianista, profesora de canto, bajistas, violeros, bateristas. Podés formar una banda tranquilamente”, se ilusiona como cada vez que alquila sala en un rango disponible desde la mañana hasta las 22.

Tener sala de ensayo abajo de tu casa es el sueño de cualquier músico. Voy a tocar la guitarra unas cuatro veces por semana"

Mariano Vulich, 22 años, estudiante de diseño gráfico

En cuanto a la materialidad de la sala en Casa HO, Uno En Uno lo resolvió con una doble pared interna y paneles fonoabsorbentes (ver plano). A nivel iluminación, incluye luces tenues que se proyectan en forma difusa desde atrás de varios viejos platillos de bronce que cuelgan de las paredes. “Además, la batería se apoya sobre un placa acústica, el techo tiene una forma abovedada y, en cuanto a la estética, es similar a una sala de colegio secundario estadounidense, con paneles de madera que llegan hasta el metro veinte”, agrega Rybka, quien apunta que la sala se alquila a través de un sistema de intranet interno para evitar inconvenientes.

Vale recordar que también hay empresas especializadas, caso Ruido Blanco -que asesoró al estudio que proyectó Casa Ho- dedicadas a la acustización de unidades de viviendas para este sonoro fin. Pero ésa es otra historia, ya que allí entra más en juego la tolerancia vecinal que el blanquear un servicio común.

¿El último beneficio? La sinergia entre pares que se puede dar en un complejo con sala de ensayo, difícilmente se motorice en la sala común donde van y vienen grupos que llegan, tocan y se van. El “tercer tiempo” no se concreta. Es hora de los edificios musicales, usinas de bandas.