Sin juego también se gana, pero hay que tener a un Benedetto

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Primero le tocó a Coudet pasar por el escáner de la crítica y de la bronca de no pocos hinchas de Racing. Luego fue Gallardo, casi intocable, quien fue examinado. Uno

por los cambios que hizo en Tucumán, el otro por dejar afuera a Pratto y optar por Scocco cuando se anunciaba lucha libre y no sutilezas con los centrales de Gremio. Ahora es el turno de Guillermo. Y de Gustavo.

Una verdad irrefutable: nadie conoce mejor las posibilidades de sus jugadores que los técnicos. Dos verdades de tribuna: los de afuera son de palo y el que está afuera siempre es mejor que está adentro.

Salvadas esas cuestiones, luego, hay evidencias. Boca pensó un partido de mucho “garrote” y poco juego. Si los técnicos dan mensajes a partir de sus formaciones, el medio campo inicial con Nandez-Barrios-Pérez denunciaba aquella lectura de un partido de roce, corte y mucha paciencia para no cometer errores y, al menos, no perder o empatar sin goles.

Ahora bien, ¿cómo pensaba Boca meter la pelota en el área? En el primer tiempo llegó con un cabezazo de Izquierdoz y dos remates de afuera de Jara y Olaza, los dos laterales. En el segundo sólo hubo dos aproximaciones con centro de Pavón y otro de Zárate. Y después, con la pelota parada: tiro libre magnífico de Olaza que Weverton sacó al córner y del córner el cabezazo de Benedetto. Como otras veces, una aventura de Benedetto desde afuera del área terminó en la red. Boca ganó por una jugada que se define por centímetros, por quién llega antes a la pelota. Y por un tiro cargado de puntería. Pero sin juego.

Con Gago en el banco y Cardona afuera de la convocatoria, el Boca preparado para el el forcejeo resignó el juego. Le salió redondo en el resultado, no jugó nada.

Como todo se mide con el resultado, Coudet y Gallardo son culpables. Si los jugadores de Racing hubieran concretado alguna de las jugadas que desaprovecharon, nadie se acordaría de los cambios del Chacho. Si en vez del cabezazo de Michel hubiera entrado el de Maidana, no se repararía en la ausencia inicial de Pratto. Al revés, Guillermo (y Gustavo) salen airosos por el 2-0 y con holgura: los dos goles fueron de Benedetto, al que ellos hicieron saltar al campo. En terreno fértil para las exageraciones, no faltará quien diga el partido se ganó por la muñeca del dúo técnico. También podría preguntarse por qué empezó Abila y Benedetto fue al banco. Y si Benedetto no estaba para los 90, por qué no empezó él de titular hasta que se le acabara la nafta.

Otra vez las evidencias. La formación que salió a la cancha no le hizo ni mu al Palmeiras. La noche iluminada de Benedetto pone a Boca a un paso de la final de la Libertadores. Y está bien. Benedetto lo hizo.

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