Cómo cambió la forma de conseguir pareja por las apps de "levante"

Sociedad
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Cada vez es más habitual que en las consultas psicológicas, y en nuestro entorno más cercano, nos encontremos a parejas que se han conocido a través de alguna aplicación móvil (app)

para conocer gente, o personas que han pasado por una ruptura de pareja y que quieren ampliar su círculo de contactos y se crean un perfil para poder contactar con otras personas en la misma situación que ellas.

Hay muchos tipos de aplicaciones: las que son de pago, las que son gratuitas, las específicas para tener encuentros sexuales, las específicas para población LGTBI, las dirigidas a buscar espacios para compartir, etc… pero todas ellas ofrecen una nueva manera de relacionarnos que sin duda ha cambiado nuestra manera de comunicarnos.

Usar Internet como herramienta para encontrar pareja no es una novedad, hace muchos años que existen páginas destinadas a este fin, pero el hecho de que actualmente la mayoría de las personas llevemos en nuestro bolsillo un smartphone, ha hecho que su uso se haya extendido mucho más.

El uso de aplicaciones para buscar pareja es cada vez más frecuente.

El uso de aplicaciones para buscar pareja es cada vez más frecuente.

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El uso de estas redes sociales tiene muchos aspectos positivos: podemos filtrar más en función de nuestras aficiones o gustos, multiplicamos las opciones y la red es mucho más amplia, podemos vincularnos desde la comodidad de estar en casa, podemos flirtear con más de una persona a la vez, recibimos un feedback relativamente rápido que sube nuestra autoestima de forma directa, es barato (gratis en muchas ocasiones), y las oportunidades para encontrar pareja pueden ocurrir durante las 24 horas, los 7 días de la semana.

Aún así, y aunque su uso esté normalizado y aceptado, nos encontramos que todavía existe cierto estigma y prejuicio social sobre los/las usuarios/as de apps para encontrar pareja: algunas personas siguen creyendo que son frikis, sin habilidades sociales en el cara a cara, gente desesperada que no tiene otra opción, que solo busca sexo… y a muchas personas les sigue dando vergüenza decir que usan estas apps.

Es inevitable que cuando estamos hablando durante horas o incluso días (aunque sea a través de un chat), nos creemos expectativas, imaginemos que será la persona que soñamos, que nos entenderemos, que queremos lo mismo y compartimos gustos, incluso a veces idealizamos a la persona… y en ocasiones, expectativa y realidad coinciden, pero muchas otras, no.

También existe el miedo, “¿todo lo que veo y leo de esa persona es real?”, “¿lo que me cuenta es verdad?”, “¿me estará engañando?”, “¿y si quedamos y es otra persona?”. Este miedo, esta inquietud existe y es real, de hecho es uno de los aspectos con los que tenemos que lidiar si somos usuarias/os de estas apps. Existen perfiles falsos, y a veces son difíciles de detectar.

Pero si lo pensamos fríamente, ¿son realmente miedos muy diferentes a los que podemos tener cuando conocemos a alguien fuera de las apps? Seguramente no, pero no podemos obviar las peculiaridades que podemos encontrarnos al quedar por primera vez con alguien con el/la que solamente hemos hablado a través de las pantallas o incluso nos hemos enviado algunas fotografías o vídeos.

De hecho, a veces es habitual que hayamos visto imágenes de contenido erótico o sexual, o que hayamos tenido cibersexo con esa persona, aunque todavía no la hayamos tocado, y esta peculiaridad no podemos pasarla desapercibida: al mandar fotos y vídeos con contenido erótico o sexual, perdemos el control de esa imagen o vídeo, nunca sabemos dónde pueden llegar o si nos pueden amenazar o extorsionar con ello.

¿Qué deberíamos tener en cuenta cuando desvirtualizamos a alguien a quien conocemos a través de las redes sociales?

En primer lugar, quedar en un lugar público, con más gente alrededor, puede darnos seguridad y libertad para poder irnos de forma fácil si vemos que no estamos a gusto o que la cosa no fluye como esperábamos, y si por el contrario, encajamos y deseamos más intimidad, solo hay que buscarla. En segundo lugar, informar a alguien de tu entorno de dónde estás y con quién.

Y por último, pero no menos importante, si en alguna ocasión vives una agresión sexual, una violación, un chantaje, una estafa, etc… denuncia, notifica a la plataforma donde conociste a la persona agresora y toma medidas, en ningún caso eres culpable. Si no hay un “sí” en cuanto a consentimiento, significa que hay un “no”, no lo olvides. Detrás de la pantalla pueden esconderse agresores sexuales y hay que tenerlo presente.

En definitiva, las formas de encontrar pareja o de simplemente vincularse con otros han cambiado, el código es nuevo y puede parecer muy diferente, pero en el fondo tampoco lo es tanto. Lo que tenemos que tener en cuenta a modo de seguridad, es lo mismo que cuando conocemos a alguien en un bar, una discoteca o una biblioteca. Y, sí, el flirteo, en un inicio puede darse a través de una pantalla con palabras escritas y leídas pero el objetivo es el mismo: conocer personas afines, tener sexo esporádico, ampliar red social, o buscar pareja si es lo que deseamos.

(*) Las autoras Helena Ángel y Mariona Busto, son psicólogas especializadas en maternidad, sexualidad y pareja.