El furor por Marie Kondo y una pregunta: ¿Por qué de pronto nos importa tanto ordenar?

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Marie Kondo entra a la casa de una pareja en Estados Unidos y la reciben como si fuera Mick Jagger. La abrazan, la besan, la veneran. Es que esta japonesa

enjuta es una celebridad global, como lo muestran las primeras escenas del programa de Netflix en el que Marie enseña a ordenar, y también las repercusiones que levantó en las redes.

Kondo nos trae una propuesta irresistible: lograr el orden en casa. ¿Quién puede negarse a la fórmula para nunca más perder la tapa de los tupers? Pero primero hay que decir algo: la base del método se centra en desprenderse de las cosas. Qué fácil. Tirando ordena cualquiera.

Marie propone entablar una relación casi personal con cada objeto: tocarlo, sentirlo, ver así si nos hace o no felices. Los objetos tienen que acompañar nuestra felicidad, no son las cosas las que nos hacen felices. De ahí se entiende el desprenderse: no tener por acumular sino en base a una cuestión utilitaria.

Marie Kondo, en una foto reciente en Nueva York (AFP)

Marie Kondo, en una foto reciente en Nueva York (AFP)

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En la misma línea, entonces, si leímos un libro ya está: hay que soltarlo. Y éste es uno de los puntos que más polémica levantó en los últimos días. Pedirle a un bibliófilo que regale sus ejemplares es como pedirle que se cercene una falange. No dice Marie si pasarnos al Kindle está mejor.

En esta época contradictoria, en la que postulamos la ruptura de los mandatos, parece que nos sumamos otros. De esto se hablo mucho en las redes en estos días: que no sólo tenemos que ser buenos, flacos, saludables y ecológicos, sino también ordenados. En algún momento en que no nos enteramos, el orden entró al top 5 de la virtud.

Y ahí están Marie y sus apóstoles (varias organizadoras se dedican a vender estos servicios de orden, porque donde hay un deseo o una necesidad, hay una oportunidad) para evangelizarnos. Es que en el fondo, el método Kondo esconde una trampa: la falsa ilusión del control. ¿Por qué cuando te tomás ese día, sólo dos veces al año, una en invierno y otra en verano, para cambiar la ropa del placard, te sentís invencible? Porque de alguna manera pensamos que ordenando nuestra casa, trasladararemos el orden a nuestro mundo interno.

“Ordenar de afuera para adentro. La creencia de que podés hacer cualquier cosa si ajustás tu mente, transforma tu estilo de vida”, le dijo la organizadora a Clarín en una entrevista, hace dos años, cuando su libro “La terapia del orden” se publicó en el país.

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Pero lamentablemente no es tan lineal. Y doblar las medias en vez de hacerlas bollitos no garantiza que desenrolles del mismo modo una relación de pareja complicada.

Pero eso sí: usar las perchas finitas funciona. Ocupás menos espacio en el placard.