El otro drama del hantavirus en Epuyén: fuga de turistas en pleno verano y pérdidas millonarias

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Como en toda la Cordillera esta debería ser una temporada perfecta para Epuyén, empujada por el dólar alto y el turismo nacional, pero el hantavirus acabó con todas las proyecciones que

hasta noviembre de 2018 eran más que positivas. El pueblo esperaba un año con ocupación hotelera superior al 80% mientras que hoy la realidad muestra que cayó a niveles dramáticos.

La noticia de los 9 muertos y los 28 contagios de hanta certificados espantaron a los amantes de la naturaleza salvaje del sur.

Se estima que alrededor de 120 mil personas pasan por Epuyén cada verano para visitar el lago y sus alrededores. Más de 40 mil duermen, comen y compran recuerdos en el lugar. Se estima que Epuyén dejará de recibir producto del turismo unos 200 millones de pesos en el periodo que abarca desde finales de diciembre a mediados de marzo.

Nicolás, un turista austriaco que recorría el pueblo y que planeaba marcharse. Foto: Marcelo Martinez

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Hoy los campings, las hosterías y las cabañas están vacías. En los momentos más altos del verano los cuatro campings de Epuyén pueden albergar a 750 personas personas por día que se aprietan en los espacios habilitados por el municipio.

“Esto que ves aquí en verano está repleto de carpas, nos han llegado a pedir por favor que les dejemos armar una carpa donde sea porque no encontraban un lugar para dormir”, le dice a Clarín Héctor Pereyra (77), propietario junto a su esposa, Elisa Hube, del camping La Cordillera, el mayor de Epuyén.

La escena es desoladora en términos del negocio. Pereyra, un hombre de impecable estado atlético y conversación amable, camina sobre el césped del lugar, verde y cortado al ras como si se tratara de una cancha de fútbol. El silencio de la naturaleza que apenas deja percibir el fluir del río Epuyén, es un hecho exótico en esta época. La regla dicta que los acampantes van y vienen con sus mochilas, preparan comidas, tocan la guitarra y conversan en voz alta sus proezas del día.

Otros espacios similares de los alrededores soportan la misma soledad. Donde debieran estar las pequeñas comunidades del verano, prevalece la ausencia.

“Acá no tenemos ratones, tenemos 20 gatos eso sí, pero la gente cree que el hanta está por todos lados y no viene”, explica Pereyra que fue chofer de camiones en Trelew y capataz del municipio local.

Paradójicamente lo que Epuyén está perdiendo lo terminará capitalizando El Bolsón. La localidad cordillerana, famosa por su feria y su estilo de vida ligado a la montaña, se encuentra a pleno con una ocupación que supera el 90%. Calles, ferias y plazas estallan de visitantes de todo el país. Algo similar ocurre con Esquel, que también ronda el 85% de ocupación hotelera. “En Bolsón estamos recibiendo muchos turistas que aman la Patagonia, la gente se informa y viene”, señala Karina Bayón, vicepresidente de la Cámara de Turismo de la localidad.

“Este verano ya estamos vendiendo un 90% menos y tuvimos que empezar a tirar a la basura la leche, el yogurt, la manteca y otros productos porque no vino la gente de siempre”, cuenta Norma dueña del principal minimarket de Epuyén, mientras con desánimo saca las bolsas de leche de su heladera industrial para dejarlas en una bolsa.

“Lamentablemente tenemos que decir que el año está perdido aunque no podemos bajar los brazos. Esto va a pasar y debemos tener paciencia también”, reflexiona Antonio Reato, intendente de Epuyén.

La localidad también tuvo que aplazar la Fiesta del Artesano que convoca a más de 30 mil personas a lo largo de tres días de música y encuentros culinarios. La panadería del pueblo vende 1,5 tonelada de pan por cada día del encuentro, cuentan fuentes locales. Otro ingreso perdido.

“Me enteré del virus y lo que más me preocupó fue que dicen que se puede transmitir de persona a persona. Yo voy a seguir viajando porque tengo que llegar El Calafate. Allá no hay hanta, ¿no?”, le consulta a este diario Nicholás, un austríaco que está recorriendo la Patagonia en bicicleta.

Por estas horas, los únicos turistas que cruzan Epuyén son extranjeros que vienen de Europa o los Estados Unidos. Los visitantes nacionales optaron por reprogramar su destino en la Patagonia y hoy descansan en Bariloche, El Bolsón y Esquel, a prudencial distancia de la zona del brote.