Se pierden casi dos chicos por hora en la playa: ¿Cómo actuar cuando ocurre?

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Ramiro tiene tres años y un balde naranja. Juega en la arena, a la sombra. Cerca suyo, una mujer y un hombre siguen atentos sus movimientos. No son sus padres: son

la mujer que lo vio caminar sin rumbo cerca de la orilla y el guardavidas. A la velocidad que se consigue bajo estado de desesperación, otro hombre llega corriendo: se arrodilla al lado de Ramiro, le pregunta “¿dónde estabas?”, lo abraza. El nene se pone a llorar y rodea el cuello de su papá con el brazo, se le trepa. Apenas después, otra mujer llega a las corridas: “¡Gracias, muchas gracias! Levantamos la vista y ya no estaba, ¡muchas gracias!”, dice. El guardavidas la tranquiliza, le dice que Ramiro está bien y que, si vuelve a pasar, enseguida se acerquen al puesto de los guardavidas. El nene, que había caminado solo y perdido unos 300 metros, vuelve a upa de su papá. Su mamá apura el paso hasta la sombrilla familiar: va a avisarles a sus hijas mayores que Ramiro está bien.

Los guardavidas se pasan fotos de los chicos por whatsapp para acelerar la búsqueda. Foto: Andrés D'elia

Los guardavidas se pasan fotos de los chicos por whatsapp para acelerar la búsqueda. Foto: Andrés D'elia

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Menos de quince minutos antes, dos puestos de guardavidas más hacia el sur de la orilla pinamarense, Guillermina -tres años, bikini rosa con volados, pelo castaño claro, según la describieron a través de un sistema de radio- se había reencontrado con su mamá, tras pasar diez minutos perdida.

“Es el conflicto más frecuente de la playa: en los días de mucha concurrencia porque el clima es bueno, hay alrededor de quince chicos perdidos por día en nueve horas de jornada”, cuenta Marcelo Latorre, uno de los tres jefes de los 130 guardavidas municipales de los 22 kilómetros de costa que tiene el partido de Pinamar. Y suma: “Se redujo a la mitad el tiempo que tardan en reencontrarse un nene perdido con sus papás: hasta hace unos años, en promedio, ese encuentro demoraba media hora o cuarenta minutos. Ahora tarda no más de diez o quince minutos”.

Los guardavidas rastrean a los chicos con el handy. Foto: Andrés D'Elia Delia

Los guardavidas rastrean a los chicos con el handy. Foto: Andrés D'Elia Delia

La clave para esa reducción, cuenta Javier Pavón -que es guardavidas hace veinticinco años y maneja los gomones que se meten al mar para algunos rescates complejos-, es la tecnología. “Desde que estamos todos comunicados por handies, es mucho más rápido saber dónde hay un nene perdido y dónde están los papás que lo buscan. Eso redujo mucho los tiempos porque el alerta nos llega a todos al mismo tiempo”, sostiene Pavón. Y cuenta algo más sobre esas búsquedas: “Cuando los nenes son muy chiquitos y no saben decir su nombre, es muy habitual que compartamos fotos por WhatsApp para confirmar que se trate del chico buscado”.

En general, cuenta Latorre, los chicos que se pierden con más frecuencia en la playa tienen entre tres y seis años. “Se desorientan muy rápido y empiezan a caminar y no paran: hace algunos años tuve a una nena perdida más de tres horas porque había caminado varios kilómetros”, recuerda.

Matías, guardavidas a cargo de un puesto en el centro pinamarense, se acuerda de otra espera larguísima: “Fue hace unos seis años. Una familia de Ayacucho vino a pasar el día y la nena estuvo perdida casi siete horas. Caminó sin parar hasta las playas de La Frontera y la familia estaba desesperada. Pero en ese momento estábamos menos comunicados, dependíamos de llamados telefónicos. Ahora escuchás el alerta por el handy y ya te ponés a prestar atención a ver qué nene pasa caminando solo por la orilla”.

Los guardavidas tienen una bandera prevista para señalizar que hay un chico perdido: es completamente blanca. “Ya no la usamos: lleva más tiempo cambiar la bandera que esté señalando el estado del mar por la blanca, que lo que lleva el reencuentro”, explica Pavón. Y agrega: “Aunque demoren menos que antes, los padres entran en estado de desesperación, obviamente”.

Trucos para buscar a un chico perdido

Hay trucos para buscar a un chico que se perdió en la orilla: “Hay que caminar en la misma dirección que el viento: a los nenes les molesta el viento en la cara entonces van con el viento a favor, conviene salir a buscarlos en esa orientación”, dice Latorre. Y Pavón repite lo mismo que el guardavidas que cuidó a Ramiro le dijo a la mamá del nene: “Enseguida andá a pedirle ayuda al guardavidas, que la radio acelera todo”.

Eso sí: una costumbre argentina cae en desuso. “Es raro que alguien se suba al nene a los hombros y empiecen todos a aplaudir en la orilla. Ya no trae popularidad eso, porque saben que la manera más efectiva es acudir a los guardavidas en vez de hacerse un poco los héroes”, dice Pavón. Para encontrar a argentinos en pleno aplauso, parece, quedan los aterrizajes de los aviones.

Pinamar. Enviada especial