Robo de datos en la web: nuestra privacidad depende de nosotros

Sociedad
Lectura

Por Cristian Borghello (*)

Si Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo, dueño de Amazon y de The Washington Post (TWP), no puede evitar el robo de datos personales, la

divulgación de sus chats y la posible publicación de fotos íntimas, ¿quién puede?

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Recientemente, el tabloide The National Enquirer (TNE) publicó fotos y chats privados que el millonario habría intercambiado con su amante, lo que provocó el fin de su matrimonio de 25 años con su socia MacKenzie Bezos. A cargo de la nota publicada estuvo un oscuro personaje relacionado con Donald Trump y su historia con dos modelos que, en 2016, aseguraban tener una relación sexual con él; historia que el diario decidió encubrir para beneficiar al futuro presidente de EE.UU.

Luego de las afirmaciones del diario, Bezos publicó un extenso artículo donde explica que contrató investigadores para averiguar de dónde habían salido esos mensajes y, relacionando la publicación con objetivos políticos, por ser dueño de TWP. Según Bezos, representantes de la editorial de TNE le comunicaron que tenían más mensajes y fotos de él con su amante y que, si cesaba en su investigación, no los publicarían. Como si fuera poco, el millonario aportó pruebas de correos electrónicos con el supuesto chantaje.

La vigilancia es una práctica ejercida desde siempre, por estados y organizaciones, con el objetivo de "crear carpetas" de militantes, políticos, periodistas y famosos, para utilizarlos en el momento más adecuado, ya sea para perjudicar a unos o beneficiar a otros. Por eso es normal que nuestra paranoia e instinto persecutorio nos lleve a pensar que podríamos estar siendo vigilados por el Gran Hermano.

Pero el uso masivo de las redes sociales ha creado otro monstruo más terrenal y cercano a todos. La mal llamada "pornovenganza" –extorsión y chantaje sexual a través de medios tecnológicos– ha cobrado popularidad y son cada vez más las personas y personalidades que lo sufren, generalmente a través de acciones delictivas llevadas a cabo por personas del entorno cercano. ¿Quién si no está en mejor posición para filtrar un mensaje sensible que hemos enviado?

Se bien existen innumerables proyectos para detectar, eliminar o limitar el acceso a datos robados que están siendo utilizados para fines delictivos, la realidad indica que son pocas las medidas técnicas reales que se pueden adoptar para lograr dicho objetivo. De hecho, el denominado “efecto Streisand” es un fenómeno por el cual el intento de encubrimiento de cierta información es contraproducente, esta acaba siendo ampliamente divulgada y recibe mayor visibilidad de la que habría tenido si no se la hubiese pretendido silenciar.

Entonces ¿de quién es la responsabilidad de no publicar información sensible, de grabar videos o de tener chats comprometedores? Parece obvio que la respuesta sigue siendo de nosotros mismos porque, ahora en palabras de Bezos, "Si en mi posición no me puedo plantar ante este tipo de extorsión, ¿quién puede?".

(*) Director de Segu-Info