Cuáles son los países que más invierten en conocimiento y cómo está Argentina

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Israel, Corea del Sur y Japón son los países que más invierten en conocimiento como política de Estado, mientras que dentro de los primeros ocho, hay tres países nórdicos. En la

región, Argentina invierte la mitad que Brasil.

Israel, Corea del Sur y Japón presentan claros ejemplos de países que comprendieron la importancia de invertir en ciencia, y se propusieron incrementar el porcentaje del PBI que destinan a investigación y desarrollo. Ambos países asignan el 4.3% del total de lo que producen, seguidos por Finlandia (3.2%), Austria (3.1%), Suecia (3.1%), Suiza (3%) y Dinamarca (3%).

En particular, la región nórdica es la que mejor entendió las bondades de la ciencia: tres de los ocho países que mayor porcentaje de su PBI destinan a la investigación y desarrollo son parte de esta zona. Invierten en promedio el 3.1% de su PBI para que la ciencia tenga un impacto real y transforme la realidad. Entienden que, de la mano del conocimiento, es posible mitigar las marcadas desigualdades que existen en un mundo cada vez más globalizado y competitivo.

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Cada uno de estos países son reconocidos mundialmente por ser “de vanguardia” en materia científica y de investigación. Han encauzado sus esfuerzos al estudio de problemáticas específicas, a través de la inversión en ciencia y tecnología. Finlandia ha investigado acerca del aprendizaje, Noruega ha innovado en cuanto al tratamiento de los desechos y Suecia se destaca por sus políticas de salud, entre ellas el tratamiento del VIH.

El caso finlandés es uno de los más reconocidos. A partir de diversos estudios científicos acerca del comportamiento del cerebro de niños y jóvenes, relevaron que el rendimiento académico mejora si se divierten y no sienten presiones. Por ello, el país europeo dirigió sus esfuerzos a evitar que los niños tuvieran tarea y a que gozaran de descansos cada 45 minutos de clase. Promoviendo la creatividad y el disfrute, comenzaron a obtener las mejores calificaciones del mundo en evaluaciones internacionales, como en el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Padres e hijos en una guardería. Finlandia tiene un sistema de salud universal bueno y barato, educación universitaria gratuita y cuidado infantil asequible. (Lena Mucha para The New York Times)

Padres e hijos en una guardería. Finlandia tiene un sistema de salud universal bueno y barato, educación universitaria gratuita y cuidado infantil asequible. (Lena Mucha para The New York Times)

Si bien Noruega contaba con un alto índice de reciclaje, decidió afrontar un nuevo riesgo y fue por más: la comunidad científica detectó que la basura no apta para ser reciclada podía ser transformada en una fuente de energía ecológica. En dicho país, el tratamiento de los residuos alcanzó un grado de desarrollo tan elevado que los noruegos dejaron de ver a la basura como un desecho y pasaron a considerarla como un recurso. Actualmente, en Oslo se procesan 410 mil toneladas de basura con las cuales se abastece de electricidad a múltiples hogares y escuelas.

Suecia se propuso una meta pretenciosa: detectar en un periodo corto de tiempo la presencia del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). Luego de 20 años de inversión en esta investigación, los científicos suecos desarrollaron un equipo de medición que es capaz de detectar rápidamente si una persona ha sido infectada. Es gracias a este descubrimiento que, al realizar un diagnóstico veloz, se puede reducir la propagación e iniciar un tratamiento en una etapa temprana de la incubación del virus.

Como consecuencia de apostar por la ciencia, año tras año los países nórdicos encabezan los ránkings de bienestar y de equidad. Se trató de un cambio de prioridades: los países de dicha región han entendido la necesidad de fomentar la investigación y el desarrollo. Si bien las comunidades científicas de Finlandia, Noruega y Suecia concentran sus esfuerzos en temáticas diferentes, comparten una cualidad: confían en la ciencia como herramienta para mejorar la vida de las personas, independientemente de que busquen beneficios en el plano educativo, ambiental o sanitario.

Al respecto, el neurocientífico y fundador del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, Facundo Manes, aseguró: “Las capacidades y talentos de los ciudadanos son las piezas sobresalientes del progreso. La riqueza de los países nórdicos radica, precisamente, en las ideas de las personas. Argentina tiene que avanzar en esta dirección, invirtiendo en capital humano. Tenemos que cambiar la mentalidad y lograr que la inversión en la gente sea una política de Estado”.

Argentina, muy atrás

Nuestro país está en las antípodas de la experiencia nórdica. Actualmente, Argentina invierte el 0,6% de su PBI en investigación y desarrollo, la mitad de lo que destina Brasil, y hasta siete veces menos que países como Israel o Finlandia. Fernando Stefani, investigador principal del CONICET y experto en nanotecnología, sostuvo que “en Argentina hay un modo de reducir el déficit verdaderamente beneficioso: no recortando gastos, sino realizando actividades económicas con mayor valor agregado. Necesitamos construir consenso para impulsar políticas de Estado que trasciendan los periodos presidenciales”.