Lo tuyo es tuyo y lo mío es mío: casi 2 de cada 10 parejas dividen sus bienes al casarse

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Las bodas de Hollywood -y, más aún, los divorcios- siempre despiertan interés. Especialmente cuando se revelan algunos detalles de los pactos prenupciales que firman las estrellas.

En Argentina, estos acuerdos distan

mucho de los que salen en las revistas. Aquí no se podría, por ejemplo, incorporar la cláusula que establecieron Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones, que prevé una multa de US$ 5 millones en caso de infidelidad. Ni la que incluyó Angelina Jolie, por la cual hubiera recibido custodia completa de sus hijos, si Brad Pitt la "engañaba" con otra mujer.

Sin embargo, a partir de la modificación del Código Civil y Comercial de 2015, los futuros esposos sí pueden optar por distintos regímenes patrimoniales.

Pareja de Hollywood. Catherine Zeta-Jones y Michael Douglas firmaron un acuerdo prenupcial (AFP)

Pareja de Hollywood. Catherine Zeta-Jones y Michael Douglas firmaron un acuerdo prenupcial (AFP)

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Antes todos los matrimonios estaban sujetos a la comunidad de ganancias (es decir, que todos los bienes adquiridos a partir del casamiento formaban parte de una masa común). Desde esa fecha, hay una alternativa: la separación de bienes, que permite a las partes administrar y disponer libremente de sus propiedades personales, exceptuando la vivienda familiar. "Lo que se conoce como 'lo tuyo es tuyo y lo mío, mío'", aclara la abogada especialista en familia Marisa Herrera.

Esta elección debe ser explicitada a través de una escritura o una convención matrimonial, que se incorpora al acta al momento de dar el "sí" (caso contrario, corre el sistema tradicional). A partir de ese momento, cada cónyuge conserva la independencia de su patrimonio y es responsable ante terceros, aunque sigue obligado a contribuir a la crianza y educación de los hijos comunes, así como a las cargas del hogar según su capacidad económica.

Pese que muchos desconocen todavía cómo funciona, la cantidad de hombres y mujeres que prefiere este régimen aumenta anualmente, de forma lenta pero sostenida. Así lo revelan los datos del Registro Civil y Capacidad de las Personas de la ciudad de Buenos Aires, dependiente del Ministerio de Gobierno Porteño.

En 2016, el 13,86% del total de parejas decidieron separar sus bienes mediante este mecanismo. En 2017, el 16,58%. Y, en 2018, el 17,66% de un total de 12.079 uniones. A lo largo de enero y febrero de 2019, el porcentaje fue del 18,74%. Casi dos de cada diez parejas.

"Esta y otras modificaciones en el Código responden a un requerimiento de la sociedad actual. Antes muchos resolvían no casarse para no afectar eventuales intereses de terceros (por ejemplo, los hijos de un matrimonio anterior). La posibilidad de optar por el régimen de separación de bienes muestra el avance hacia una dinámica más acorde con las necesidades de hoy", dice Mariano Cordeiro, director general del Registro Civil.

"Suelen ser casos de segundas o terceras nupcias, gente que se casa de grande o cuando uno -o los dos- tiene un importante caudal económico", explica Herrera, quien participó de la reforma hace cuatro años. Los números indican que tanto en 2018 como en 2019, casi un tercio de quienes escogieron este régimen en Capital Federal se había divorciado previamente.

Además de la sede central del Registro -donde se efectúa la mayor cantidad de bodas-, el fenómeno mostró mayor incidencia en zonas de alto poder adquisitivo como Núñez, Belgrano, Colegiales (8,70%) y Palermo (8,38%). Pero no de forma exclusiva. También caló en barrios populares, como La Boca, Barracas, Parque Patricios y Nueva Pompeya (7,93%).

La edad promedioglobal osciló entre los 30 y 40 años (37,84%). En un segundo lugar se ubicó la franja de 20 a 30 (27,79%). Los más jóvenes (hasta 20 años) muestran otro comportamiento: el 98,33% se inclinó por la comunidad ganancial.

Libreta roja. Una pareja de recién casados en el Registro Civil de la calle Uruguay (Archivo)

Libreta roja. Una pareja de recién casados en el Registro Civil de la calle Uruguay (Archivo)

Osvaldo Ortembergse dedica al Derecho de Familia. Aunque por su oficina pasan decenas de clientes a diario, aún no trató ningún caso de división de bienes prematrimonial. "El precepto moral que se resume en la frase 'contigo, pan y cebolla' sigue instalado en la subjetividad", afirma. El mayor tabú seguiría siendo la separación entre la parte emocional y la económica.

De acuerdo conIrene Loyácono, psicóloga y directora del Centro de Terapias con Enfoque Familiar (CeTEF), "el dinero no forma parte del habitual imaginario romántico de la pareja". Aunque "al incrementarse la tasa de divorcios, éste se convierte en un factor a tener en cuenta".

Por un lado, sostiene que la plata puede ser "una nubecita o un nubarrón" en el cielo ideal de la convivencia. Por otro, advierte que "el dinero es poder" y que los roces pueden atenuarse "si hay paridad de ingresos y administración separada, por ejemplo, si uno paga el alquiler y la otra el supermercado". Cada vez presencia menos arreglos que ponen todo en una caja común: "El cambio en los roles de género tradicionales también influye, en la medida en que los varones ya han puesto en duda que el ser proveedor sea una característica definitoria de su masculinidad".

También ocurre que sea ella la que tiene mayores ingresos o un patrimonio que se pone en juego y quiere preservarlo. En general a ellas les cuesta un poco más cuidar lo propio, pero hay excepciones por supuesto.


Efectivamente, el "para siempre" dura mucho menos que antes. En la ciudad de Buenos Aires el número de consortes que se separan en menos de cuatro años se duplicó en los últimos tres años.

Para Sebastián Girona, esto deriva en expectativas más realistas y la aparición de recaudos materiales por parte de los contrayentes. El psicólogo especialista en vínculos entiende que el manejo de los billetes está en el top five de los problemas matrimoniales, tanto si faltan como si abundan. "Las parejas tienen que encontrar las formas de manejar ese tema. Lo que ha cambiado con el tiempo es que hoy se permiten desafiar las reglas clásicas", agrega.

"El dinero era un tema antes de la modificación del Código Civil. En todo caso, la posibilidad de no tener bienes comunes a partir del matrimonio es una continuidad de esta situación que, por cierto, es algo sintomático y refleja la dificultad para compartir con el otro lo propio". Quien habla es Luciano Lutereau, psicoanalista, doctor en Filosofía y Psicología.

Lutereau, que dicta el seminario de posgrado "Síntomas de pareja, la pareja como síntoma" en la Universidad de Buenos Aires, resalta la pérdida de sentido del matrimonio como institución para regular las relaciones amorosas. También destaca que muchas personas prefieren realizarse en la vida laboral y no en la amorosa.

"Hoy en día muchas personas se casan pensando en la separación. El problema no es sólo la debilidad de los vínculos, sino el gran temor a que algo del otro pueda marcarnos para siempre", reflexiona.

Para muchas parejas, en cambio, la alternativa de administrar sus propios bienes los libera de problemas que antes eran insalvables y los ayuda a evitar el desgaste. En otras palabras, anteponen cuidar lo propio para cuidar al otro; y, de esta manera, preservar el vínculo.

Romina y Ricardo: "Confiamos mucho en el otro, pero el convenio nos da tranquilidad"

Romina Freire (42) y Ricardo Pérez Foche (48) se mudaron juntos tras tres meses de noviazgo. Se casaron dos años más tarde, en octubre de 2018. Fueron parte de las 2.133 parejas que firmaron la separación de bienes ese año.

Ella tuvo la idea. Conocía gente que ya lo había hecho y los formularios opcionales que aparecen en la página del Registro Civil la terminaron de convencer.

Romina y Ricardo firmaron un convenio antes de casarse (German García Adrasti)

Romina y Ricardo firmaron un convenio antes de casarse (German García Adrasti)

"Obviamente esperamos no separarnos. Le ponemos todo a la relación y confiamos, pero el convenio nos da tranquilidad. Es por las dudas. Nos resguarda de los posibles demonios de cada uno", cuenta Romina. Una vez ya se peleó con un hombre por dinero y no quiere que volver a atravesar esa situación.

Al igual que ella, Ricardo nunca se había casado, aunque tenía dos hijos de una relación previa de más de 20 años. "A mí me daba lo mismo firmar o no la división. Esto es un mero contrato, para que después no haya discusiones. En el ejercicio cotidiano, la relación funciona igual y tenemos proyectos a largo plazo", dice. Lo importante para él es compartir durante la vida de pareja y, si ocurriera una separación, le parece justo que "cada uno se quede con lo suyo".

"Capaz uno piensa que somos empresarios o gente de mucha plata, y nada que ver. Lo hicimos un poco de caraduras", se ríe Romina, que mantuvo el apellido de siempre. Ella dirige una guardería canina y su marido tiene un local de auto radio y mecánica integral, gracias al cual se conocieron. Ahora también llevan juntos pequeños emprendimientos.

Ambos ostentan un compromiso fuerte, pero saben -como la mayoría de las parejas actuales- que el futuro no está asegurado. El arreglo al que llegaron representa una preocupación menos. Las propiedades y las deudas siguen siendo individuales, el amor lo construyen de a dos.

AS​