La historia de la mujer que superó una enfermedad que afecta a 4 personas por cada millón

Sociedad
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Hace poco más de un mes, a Carina Acosta se le empezó a nublar la vista y tenía dificultades para hablar. El primer diagnostico, que la derivaba a un profesional en

salud mental, no conformó a su mamá, enfermera desde hace 30 años en el hospital de Coronel Pringles. “¿Qué te anda pasando, Mirta?” le comentó el director al verla preocupada y ordenó un análisis de sangre para su hija. El resultado encendió la alarma y disparó el traslado inmediato a Bahía Blanca. Justo a tiempo porque lo que estaba incubando la podía poner al borde de la muerte, si no la trataban. Así lo vivió su familia durante 15 días hasta que, de pronto, comenzó a recuperarse. Hoy, ya está en su casa.

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Púrpura trombocitopénica trombótica resultó el diagnóstico al ingresar al hospital regional José Penna, el que Carina, de 44 años, dejó recién la semana pasada. Se trata de un trastorno de la sangre que afecta a 4 personas por cada millón. Provoca la formación de coágulos y se detecta por un bajo número de plaquetas. “Le dio 10.000 cuando debía tener unos 150.000”, precisó Luis Acosta, su papá, sobre aquel examen que derivó en el primer capítulo de la salvación de su hija, el rápido traslado a Bahía Blanca. “Si tardábamos unas horas más en llevarla, no salía viva. Los médicos nos dijeron que el 90% de los pacientes no vive si no se actúa a tiempo” apuntó.

Dos semanas debieron atravesar con ese karma mientras Carina permanecía en la terapia intensiva. “Era un informe malo tras otro”, describió Luis sobre el desalentador panorama que enfrentaban mañana y tarde en esas jornadas, las peores en el hospital bahiense, a 130 kilómetros de casa. A su hija le sacaban sangre tres veces al día para analizarla y renovarla, mientras la conexión a un respirador artificial la exponía a infecciones que podrían agravar el cuadro, ya extremo. “Nos decían que ya habían hecho todo”, recordó el papá sobre lo que escuchaban del equipo que la atendía.

Advertidos de que lo peor podía ocurrir, se aferraron a la fe, a la espera de un milagro. Cuando los médicos decidieron quitarle el respirador para proceder con una traqueotomía, los pulmones de Carina mostraron signos de recuperación en su función. Y el cuerpo comenzó a producir sus propias plaquetas, las que la enfermedad había destruido y conducido a un accidente cerebro vascular y convulsiones. “La muerte estuvo ahí, siempre latente. Por eso creo que también anduvo la mano de Dios para salvarla”, interpretó Luis, que no tiene palabras para agradecer todo lo que hicieron los profesionales del hospital provincial Penna, el más grande del sudoeste bonaerense.

“Nos dieron una atención espectacular, de primera, desde lo profesional y desde lo humano”, destacó, antes de contar que su hija avanza muy bien con la rehabilitación que este martes la llevará de vuelta al Penna, a un control de rutina. “Está recuperando la vista, aunque todavía ve un poco nublado. Come y habla cada día mejor”, comentó a Clarín desde Pringles, donde Carina cuidó ancianos durante mucho tiempo y ahora atiende junto a su pareja el minimercado San Benito. “El pueblo respondió de manera asombrosa”, destacó Luis sobre los reiterados pedidos de sangre para donar, que debieron hacer tanto en Pringles como en Bahía Blanca.

Desde el hospital, reportaron que hacía 4 años que no atendían un paciente con púrpura trombocitopénica trombótica, una enfermedad de las consideradas raras y de efectos similares a los que produce el síndrome urémico hemolítico en los niños. En el caso de Carina es congénita, porque carece de la proteína que regula el proceso de coagulación de la sangre. Los coágulos implican que un número anormalmente alto de plaquetas está siendo utilizado por el organismo. Esta situación conlleva una disminución importante en el total de plaquetas o trombocitos que circulan por el torrente sanguíneo y que ayudan a la coagulación.