Científicos del Conicet identificaron los fósiles que descubrieron en una caverna submarina de México

Sociedad
Lectura

Un grupo de investigadores argentinos del Conicetidentificó restos fósiles de especies de osos y lobos ya extintas, de más de 15 mil años de antigüedad, que fueron encontrados en

una cueva submarina en México.

Buzos profesionales que estaban explorando Hoyo Negro, un sistema de cuevas subterráneas ubicado al norte de la península de Yucatán, hallaron de casualidad cráneos, mandíbulas y dientes de varios ejemplares. Los investigadores argentinos lograron identificarlos y su estudio, que acaba de publicarse en la revista científica Biology Letters, comprueba la teoría de que hace millones de años hubo un "intercambio biológico" entre América del Norte y del Sur.

Los investigadores hallaron los restos en una cueva submarina. (Conicet)

Los investigadores hallaron los restos en una cueva submarina. (Conicet)

Newsletters Clarín
Qué pasó hoy | Te contamos las noticias más importantes del día, y que pasará mañana cuando te levantes

Qué pasó hoy | Te contamos las noticias más importantes del día, y que pasará mañana cuando te levantes

De Lunes a viernes por la tarde.

Recibir newsletter

Arctotherium y Protocyon son géneros de osos y lobos respectivamente que vivieron en Sudamérica y se extinguieron hace 10 mil años. Los primeros llegaron a pesar una tonelada y a medir 4,5 metros, mientras que los segundos rondaban los 25 kilos. Sus predecesores habían surgido en América del Norte mucho antes y llegaron a esta parte del mundo durante el fenómeno conocido como Gran Intercambio Biótico Americano (GIBA), la migración de diferentes especies de un hemisferio continental al otro a través del istmo de Panamá cuando ambas masas de tierra se unieron definitivamente, unos tres millones de años atrás.

Entre otros animales, a esta parte del mundo arribaron carnívoros gigantescos que se asentaron sin problemas e incluso alcanzaron dimensiones aún más grandes porque aquí se encontraron con gran variedad de herbívoros en ausencia de predadores. Lo que hasta ahora se creía era que, una vez establecidos en el sur, ya no habían vuelto a trasladarse nunca más, pero el reciente hallazgo en México de restos fósiles datados en entre 12 y 38 mil años de antigüedad es una prueba contundente de que sí lo hicieron.

“¿Cuál es la única explicación posible de esta aparición?”, se pregunta Leopoldo Soibelzon, investigador del Conicet en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP) y uno de los autores del trabajo. “Creemos que en determinado momento las condiciones ambientales de Centroamérica y el sur de América del Norte comenzaron a cambiar y se volvieron favorables para que algunas de estas formas animales volvieran a cruzarse de continente. Eso tiene que haber sucedido unos pocos miles de años antes de extinguirse”, explicó al sitio web del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

El cambio ecológico del que habla el experto sería el paso de tropical a pastizal o sabana para esa región del planeta. “Esto confirmaría la hipótesis del reingreso de fauna que históricamente ha sido propuesta en base a la distribución de los carnívoros actuales”, explica Francisco Prevosti, investigador del Conicet y director del Centro Regional de Investigaciones Científicas y Transferencia Tecnológica de La Rioja (CRILAR, Conicet- Gob. La Rioja- UNLAR- SEGEMAR- UNCA), convocado para trabajar en la identificación de los restos del lobo.

Según los investigadores, estos linajes que llegaron a Sudamérica, fueron evolucionando y surgieron así nuevos géneros, pero sólo algunos migraron al centro durante el último período glacial. Entonces, en el período que se conoce como Pleistoceno tardío, el nivel del mar descendió y eso favoreció el paso de las especies porque los ambientes de vegetación abierta avanzaron sobre los cerrados como selvas o bosques.

“En este caso los materiales se preservaron de manera increíble porque estaban en una caverna submarina muy intrincada que resultó favorable para la conservación porque no hubo animales carroñeros cerca ni movimientos de agua que pudieran erosionarlos o moverlos”, señaló Soibelzon. Los profesionales argentinos aseguran que la identificación fue sencilla también gracias a que estaban muy completos.

AS