Ana Frank: por qué la reivindican hoy los centennials argentinos

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“Luchadora, ésa es la palabra. Porque a pesar de todo no se rindió: se bancó estar dos años encerrada escribiendo su diario. Se quedó ahí, sin hacer ruido, esperando que todo

termine”. Lara tiene 13. Repite “por eso es luchadora” mientras agarra un vaso con Coca. Nos juntamos para hablar de Ana Frank: este 12 de junio cumpliría 90 años, pero murió a los 15 en un campo de exterminio nazi. Su familia fue perseguida, separada y masacrada. Sobrevivió su papá, Otto. En una licencia poética uno diría “para publicar el mítico diario”. O sea, para transformar en libro esas páginas íntimas. El desahogo de una niña en la clandestinidad. El Diario de Ana.

En homenaje a Ana Frank, el Estado argentino definió en 2003 que el 12 de junio sea el “Día de los Adolescentes y Jóvenes por la Inclusión Social y la Convivencia contra Toda Forma de Violencia y Discriminación”. Y en homenaje a Ana Frank, Clarín habló con chicos que leyeron su diario entre los 13 y los 15 años, la edades que transitó esa nena holandesa nacida en Alemania cuando redactó, con un optimismo que sólo la frescura de la infancia puede explicar, el sofocante día a día dentro de la casa que habitó durante 25 meses para sortear la persecución nazi. Es que, aunque ella sea un símbolo vivo de la perseverancia ante una de las más aberrantes maquinarias de odio humano, ¿cuál es la vigencia de Ana Frank en el siglo XXI?¿Y qué lugar le dan los jóvenes?

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“Acá lo traje”, avisa Lara, manoteando la mochila. Es mediodía. Vino directo del colegio Scholem, donde cursa primer año. Elige un pasaje para compartir, justo el único que no escribió Ana Frank. “Epílogo. Acá termina el diario de Ana…”. Lara alza sus largas pestañas y se interrumpe para aclarar: “Te leo esta parte porque es una de las que más me marcó. Ahí supe cómo murió”.

Candela también tiene 13 y se suma a la charla: “Cuando llegué a la parte en la que se tenía que esconder pensé: ‘Uau… es muy chica y tiene que pasar por todo eso, por una guerra, sin ser la culpable de nada’. Además va contando cómo se lleva con su familia y con los otros que viven en el anexo, su escondite. Y se enamora, pero es un amor que no funciona”. La voz de Candela se va apagando: “Ya cerca del final, bueno… Ana no sabía que era el final”.

“... fue muy bonito, la noche más hermosa que he vivido hasta ahora en la Casa de Atrás (...) Tengo la sensación de que Peter y yo compartimos un secreto. Cuando me mira con esos ojos, esa sonrisa y me guiña el ojo, dentro de mí se enciende una lucecita”.

Diario de Ana Frank, 19 de marzo de 1944

Isaías, en cambio, se ríe frente a la pregunta: “¿Qué sentí cuando leí el diario? ¡La pregunta más bien sería ‘qué no sentí’!”. Habla con Clarín desde su casa en Charata, Chaco. Tiene 16 y en 2018 ganó el concurso literario que anualmente organiza el Centro Ana Frank Argentina. Según resumió, “el diario tiene momentos tristes y otros en los que de la nada te empezás a reír".

“Mamá y la señora Van Daan no hacen muy buenas migas. (...) las dos señoras de la casa hablan un holandés macarrónico (de los señores no me animo a decir nada, se ofenderían mucho). Si vieras cómo mezclan y confunden todo, te partirías de risa”.

Diario de Ana Frank, 2 de septiembre de 1942

Pero Isaías matiza su apreciación, porque el propio Diario está lleno de contrastes: "Todo esto te lo muestra una chica con una faceta muy madura para su edad, que integra una de las historias más tristes y que afectó el destino de miles y miles de personas: el Holocausto”.

Isaías, ganador del concurso literario del Centro Ana Frank, junto a su profesora de literatura.

Isaías, ganador del concurso literario del Centro Ana Frank, junto a su profesora de literatura.

Luciana también tiene 16, pero es una joven guía abocada a la figura de Ana. Todo (su interés por el libro, por la niña, por la historia en general) surgió después de la visita que hizo al Centro Ana Frank con su colegio, Nuestra Señora de Lourdes, del barrio de Caballito: “Es muy fuerte leer a una chica de tu edad que cuenta todo esto. Yo pensé: ‘Me podría haber pasado a mí’. Recapacité sobre cuán lejos estaba de esa situación”.

Pero, ¿qué es “esa situación” para un centennial argentino que –muy lejos del pesado aire de los años 40- está sumergido en el liviano y narcótico mundo de las redes sociales? Los consultados coincidieron: “esa situación”, la que los hermana con la vida de Ana Frank, es la discriminación.

Luciana, una de las voluntarias del Centro Ana Frank (centro), comparte con Lara (izquierda) y Candela (derecha) una visita guiada en la recreación de la "Casa de Atrás" en Coghlan. / Lucía Merle

Luciana, una de las voluntarias del Centro Ana Frank (centro), comparte con Lara (izquierda) y Candela (derecha) una visita guiada en la recreación de la "Casa de Atrás" en Coghlan. / Lucía Merle

Así lo ve Nicolás, alumno de primer año del Colegio Superior de Comercio Carlos Pellegrini: “En el diario, Ana cuenta cómo la molestaban, remarca que no tenía amigas y describe lo que vivían los judíos. Es como lo que pasó en los años 60 con la gente negra. Ahora hay campañas de concientización y el tema del bullying cambió un montón. Ya no se matan judíos o gitanos como en esos años, pero sigue habiendo discriminación y antisemitismo. No es un tema resuelto”.

Lara apunta que “en la época de Ana no te dejaban mostrarte como eras. Te llevaban por tu forma de ser o de pensar. Ahora es distinto: subís una foto en Instagram y, aunque es cierto que te pueden criticar o decir cosas -lo que obviamente está muy mal-, hay más libertad”.

Lara, de 13 años, en una visita al Centro Ana Frank, muestra un ejemplar del diario. / Lucía Merle

Lara, de 13 años, en una visita al Centro Ana Frank, muestra un ejemplar del diario. / Lucía Merle

No creo que después de la Shoá hayamos aprendido la lección. Bueno, algunos sí y otros no”, matiza Candela, y explica: “En muchos lugares se sigue discriminando, pero no tiene sentido: todos somos personas. Somos diferentes y las diferencias están por algo. ¿Quién puede decidir qué es ser perfecto? ¡Si no existe nada perfecto!”.

“Ahí está lo difícil de estos tiempos: la terrible realidad ataca y aniquila totalmente los ideales, los sueños y las esperanzas en cuanto se presentan. Es un milagro que todavía no haya renunciado a todas mis esperanzas, porque parecen absurdas e irrealizables. Sin embargo, sigo aferrándome a ellas pese a todo, porque sigo creyendo en la bondad interna de los hombres”.

Diario de Ana Frank, 15 de julio de 1944

Ellos lo leyeron, pero ¿se lee en las escuelas el Diario de Ana Frank? El Consejo Federal de Educación estableció en 2009 (y ratificó en 2015) el “Plan de Enseñanza del Holocausto” para ser aplicado -al menos- en el último año de la primaria y en el primero de la secundaria. Sin embargo, cada jurisdicción define el cómo. En la provincia y en la ciudad de Buenos Aires el texto aparece en la “bibliografía recomendada” para este tema, por lo que su lectura depende de cada docente.

De puño y letra

Cualquier selección de pasajes del Diario es injusta. Ana toco muchos, quizás demasiados temas: volcó su lenta despedida del mundo pueril (“Estoy sintiendo cada vez más claramente que no encajo en mi familia. Se ponen tan sentimentales cuando están juntos”) en medio de un impresionismo puntilloso y un contexto que narra con duro realismo: “Ayer me di un susto terrible. A las ocho alguien tocó el timbre muy fuerte. Pensé que serían ya sabes quiénes”. Y más adelante: “¿Y nosotros? A nosotros nos va bien, mejor a que millones de otras personas (…) Somos tan egoístas que hablamos de lo que haremos después de la guerra”.

Una transcripción caligráficamente idéntica del mítico Diario de Ana Frank, que se puede ver en el centro del barrio de Coghlan. Foto: / Lucía Merle

Una transcripción caligráficamente idéntica del mítico Diario de Ana Frank, que se puede ver en el centro del barrio de Coghlan. Foto: / Lucía Merle

La escritura es una vía de escape en medio del silencio. “Habitualmente ya debemos hablar en voz baja, pero no poder abrir la boca ni moverse es mil veces peor”, escribió. Para Luciana, este –el del silencio- es un tema central: “Hoy los jóvenes tienen más espacio para hablar y por eso Ana es importante en esta época. Combate el estereotipo de que los chicos y jóvenes somos ignorantes a los que no nos interesa nada. Ana anima a los jóvenes a hablar. Ayuda a que no se sientan oprimidos”.

Cartelería nazi, en el Centro Ana Frank Argentina, en el barrio de Coghlan. / Lucía Merle

Cartelería nazi, en el Centro Ana Frank Argentina, en el barrio de Coghlan. / Lucía Merle

El diario íntimo fue el “canal”, sí, pero es un formato que parece estar en franca desaparición… o al menos Lara, Candela, Luciana, Isaías y Nicolás no llevan registros personales de ese tipo. ¿Cómo se desahogan? Lara escribe en formato literario, dice. Luciana cree que las redes sociales son, más allá de todo, un lugar para la expresión. Candela explica que “para Ana, el diario fue la única opción”, y enfatiza que es una suerte que ellos puedan expresarse en las redes. Isaías es crítico: “La mayoría de los adolescentes entrega su vida íntima a las redes sociales… sería bueno encontrar otro método de desahogo”.

En la imagen Otto Frank, junto a sus hijas Ana y Margot. / EFE Fundación Ana Frank Amsterdam y Basilea

En la imagen Otto Frank, junto a sus hijas Ana y Margot. / EFE Fundación Ana Frank Amsterdam y Basilea

Desarrollar un criterio propio es el desafío que los consultados señalaron como "importante". Porque -aclara Luciana- “no es que el nazismo y el Holocausto no vayan a pasar nunca más. Hay que estar precavidos. Aunque pensemos que está todo bien, puede haber cosas que se nos oculten desde el Estado. Es importante que el pueblo no sea ignorante, que sea culto para luchar si se le obstruye algún derecho. No es todo color de rosas”.

“Este libro implantó valores en mí... hay que leerlo porque te puede cambiar la forma de pensar”, se envalentona Isaías, en un intento por convencer a futuros lectores. “Puede influenciar a los jóvenes a actuar como ella, o sea, ayudar a tener un pensamiento propio, ser más conscientes de lo que están haciendo, de lo que buscan. Ana se prometió que luego de esa especie de prisión que era 'La casa de atrás' iba a viajar por el mundo, ser escritora y periodista. De no haber vivido esa época, lo hubiera cumplido”.

Alumnos en el Centro Ana Frank. El Consejo Federal de Educación estableció en 2009 el “Plan de Enseñanza del Holocausto” para ser aplicado en el último año de la primaria y el primero de la secundaria. / Lucía Merle

Alumnos en el Centro Ana Frank. El Consejo Federal de Educación estableció en 2009 el “Plan de Enseñanza del Holocausto” para ser aplicado en el último año de la primaria y el primero de la secundaria. / Lucía Merle

Decidido, Nicolás concluyó: “Yo sé que hay otras personas que sufren en el mundo y puede que algunas decidan escribir para desahogarse. Además, hay lugares en crisis importantes, como por ejemplo Venezuela. Pero no creo que nada sea comparable a lo que le pasó a ella. No hay otras Ana Frank”.


Annelies Marie Frank (Ana Frank) nació en Frankfurt, Alemania, el 12 de junio. Su familia estaba compuesta por Margot, su hermana mayor; su madre, Edith Hollander; y su padre, Otto Frank, el único de ellos que sobrevivió al exterminio nazi.

Tras la asunción de Hitler al poder, la familia emigra a Ámsterdam, Holanda. Allí Otto abre una filial holandesa de la empresa alemana Opekta, dedicada al comercio de pectina (sustancia natural para la preparación de mermeladas).

Ana comienza el jardín de infantes en la Sexta Escuela Montessori, adonde hasta 1941 irá a la primaria. El establecimiento, a pocas cuadras de su casa, estará muy presente en su diario íntimo.

Por la ola antisemita en Alemania, muchos judíos se exilian a Holanda. Es el caso del dentista judeo-alemán Fritz Pfeffer, personaje importante en la vida de los Frank y de Ana, ya que se esconderá con ellos por más de dos años en la "Casa de atrás".


El nazismo invade los Países Bajos, lo que aviva el antisemitismo también en Ámsterdam. Se introducen leyes que dificultan la vida de los judíos: se les prohíbe ir a parques, cines y negocios, y poseer empresas. A Ana se le permite ir a cada vez a menos sitios. Su padre pierde el control de la compañía que dirigía.

El 12 de junio, en su cumpleaños número 13, Ana recibe un diario íntimo. Dos semanas después, su padre le informa que deberán mudarse a un escondite: a Margot, hermana de Ana, le había llegado una citación a un “campo de trabajo”. Ana lo refleja en su diario: "¡Una citación! Todo el mundo sabe lo que eso significa". En medio de la masiva caza y deportación de judíos, se esconden en una casa detrás de la fábrica de Otto. Ahí vivirán encerrados por 25 meses, junto a la familia Van Pels y Fritz Pfeffer.

El grupo pudo mantenerse oculto gracias a la ayuda de un grupo de “protectores” que cobran un rol esencial en la vida de los Frank: son seis empleados amigos de Otto. El resto del personal del negocio situado en el lote frontal de la que Ana llamará la "Casa de atrás", no conoce el escondite, asegura Ana en su diario.

Las familas en la clandestinidad escuchan en la radio a un funcionario holandés refugiado en Gran Bretaña pedir a la población que conserven “documentos importantes”, para que, tras la guerra, se conozcan las vivencias durante la ocupación nazi. Ana decide, entonces, que publicará un libro a partir de su diario. El título será “La casa de atrás”.

Es 4 de agosto. Otto Frank ayuda a Peter van Pels (“Peter van Daan”, en el diario) con sus deberes. El adolescente y Ana venían transitando un pequeño romance que les sirvió de apoyo mutuo en el encierro. Ese día aparecen agentes nazis e interrogan a los protectores. Descubren el refugio y se llevan a las familias. Horas después, dos de las protectores, Miep Gies y Bep Voskuijl, vuelven al escondite vacío y rescatan el diario íntimo de Ana.

Casi un mes más tarde son transportados en tren desde el campo de tránsito holandés Westerbork a Auschwitz-Birkenau. Separan a mujeres de hombres. Es la última vez que Otto, el único sobreviviente de la familia, vio a sus hijas y esposa.


El 1 de noviembre, unas 1.000 mujeres seleccionadas para el trabajo forzado en la industria bélica alemana (entre ellas Ana y Margot, pero no su madre, Edith) son trasladadas al campo de concentración Bergen-Belsen. En un entorno frío, sucio, y en medio de una superpoblación de prisioneros hambrientos, Margot y Ana Frank contraen fiebre tifoidea. Mueren en febrero de 1945.

Adolf Hitler, líder del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, llega al poder como Canciller Imperial de Alemania.


Hitler determina que la figura del “canciller” será compatible con la de presidente del “Tercer Reich” (la dictadura nazi). El 19 de agosto, un plebiscito (más tarde considerado fraudulento) aumenta los niveles de legitimidad del nazismo, que obtuvo el apoyo del 90% de los votantes.


Se inicia un período de brutal persecución a los judíos, cuyo ápice es la implementación de las leyes raciales de Nuremberg, que establecen menos derechos para ese colectivo respecto del resto de los alemanes.

A pesar de que el Tratado de Versalles establecía que Alemania no podía tener ejército propio, tropas alemanas conducidas por Hitler invaden la región alemana de Renania.

Alemania, con pleno apoyo local, anexa a Austria al Tercer Reich. Luego, Sudetenland, porción de la entonces Checoslovaquia, que Hitler obtiene gracias a un acuerdo (el Tratado de Munich) con Inglaterra, Francia e Italia.

El 9 de noviembre se lleva cabo en Alemania una salvaje matanza de judíos conocida como “La noche de los cristales rotos” (kristallnacht).

Es 1 de septiembre y en la radio la voz de Hitler dice que Alemania fue atacada por Polonia y que "se ha respondido con disparos". Pero es una fake news que el líder nazi usó de excusa para invadir ese país. En apoyo a Polonia, Inglaterra y Francia le declaran la guerra a Alemania. Comienza la Segunda Guerra Mundial.

En junio, Alemania invade Francia. El mes siguiente intenta lo mismo en Gran Bretaña. Si bien se lleva a cabo una dura batalla hasta septiembre, el nazismo no logra su objetivo.

Alemania intenta invadir la Unión Soviética. Los alemanes quedan a un paso de conseguir entrar a Moscú, pero las bajas temperaturas los obligan a detenerse.

En diciembre, el ataque aéreo japonés contra la flota estadounidense en Pearl Harbor (Hawaii) lleva a Estados Unidos a declararle la guerra a Japón, la famosa “Guerra del Pacífico”.

Italia –con el apoyo del general alemán Rommel- había intentado expandirse hacia el norte de África. A fines de 1942, los ingleses los frenan y terminan con la llamada “Guerra del desierto”.

En febrero, el ejército soviético termina de triunfar contra los alemanes. Y se hace la Conferencia de Teherán, donde los países aliados deciden liberar a Francia del nazismo.

El 6 de junio de 1944, el famoso “Día D”, se inicia una operación militar con más de 5.000 naves, en la que 150.000 soldados aliados y 1.500 tanques desembarcan en la costa de Normandía, Francia. Recién en septiembre se logrará la liberación de ese país.

La rendición de Japón ocurre en agosto, tras el lanzamiento de dos bombas atómicas de parte de Estados Unidos. Una en Hiroshima y la otra en Nagasaki. Por el efecto de los bombardeos y las enfermedades que causó la radiación, se estima un saldo de más de 240.000 muertos.

La maquinaria del Holocausto que terminó con la vida de 6 millones de personas se pudo activar con el despliegue de más de 15.000 campos de concentración, donde el nazismo procedió a exterminar a todo aquel considerado “inferior”: entre otros, disidentes políticos, judíos, gitanos, homosexuales, testigos de Jehová, criminales comunes y personas con capacidades diferentes.

La vida cancelada

Ana genera identificación. Héctor Shalom, director del Centro Ana Frank Argentina, se refirió a la fuerza de su figura: “La historia de Ana Frank es la de una joven a la que le pasan las cosas que le ocurren a todo adolescente: tener dudas, temores, discutir con los padres, descubrir el cuerpo, enamorarse y desenamorarse. Habla del rol de la mujer y critica a una sociedad que le parece injusta. El texto trasciende épocas y países. En cualquiera de los 80 idiomas a los que fue traducido, genera cercanía en las nuevas generaciones”.

Desde el punto de vista literario, la fuerza del Diario es también notable. Marcelo Burello, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, describió el formato del texto: “El diario personal es fruto de la melancolía, es decir, de la conciencia de la muerte como límite y de la urgencia de dejar una huella. Los diarios son producto de la resistencia espiritual de un individuo que se siente -o que se querría- sentir único. Contienen parejas dosis de desesperación y de petulancia, de angustia y de narcisismo”.

La familia de Ana Frank paseando con ella y con su hermana Margot en Frankfurt en 1927. / EFE

La familia de Ana Frank paseando con ella y con su hermana Margot en Frankfurt en 1927. / EFE

Pero, para Burello, en este caso “no estamos frente a la crónica de alguien que cree o sabe que es famoso y por ende será recordado, y tampoco frente a la crónica de alguien que necesita un mero desahogo, un confidente… recordemos que el mueble en el que se escribían diarios y cartas personales lleva el nombre de secrétaire: alguien a quien contarle los secretos. Quienes recorrimos la casa-escondite sabemos que no había espacio para la privacidad. Pero estamos frente a una niña que inventa su propia intimidad, que crea un mundo propio con retazos del horrible mundo externo”.

Otra dimensión intensa del texto, agregó Shalom, es que “ayuda a pensar temas de hoy: quiénes son víctimas, quiénes son vulnerables, quiénes son perseguidos, y quiénes, los agresores. Y, también, quiénes son observadores pasivos, un rol fundamental para nosotros. Es decir, los que ven violencia y discriminación y no hacen nada. El otro rol clave en esta historia y en la vida de Ana son los protectores”.

La recreación que puede verse en Buenos Aires del baño que usaron durante 25 meses las 8 personas que se escondieron en "La Casa de Atrás". / Lucía Merle

La recreación que puede verse en Buenos Aires del baño que usaron durante 25 meses las 8 personas que se escondieron en "La Casa de Atrás". / Lucía Merle

Para Burello, Ana Frank es una “víctima paradigmática”: “Es el valor testimonial del texto lo que le permitió generar impacto mundial casi inmediato, incluso en fragmentos o versiones censuradas. La voz de una víctima paradigmática hablaba por todos los que, bajo efectos del trauma, no podían hablar, y hablaba contra todos los negadores y relativizadores”.

“Pero además hay algo que se juega puramente en la recepción del texto, sin carga intencional de la autora: el lector sabe que esa vida fue cancelada salvajemente poco después de esas anotaciones, por lo que éstas adquieren un carácter prístino, como si pertenecieran a un presente perpetuo”, analizó Burello, y concluyó: “Los diarios de Ana son la mejor promesa de una humanidad todavía abortada, un alumbramiento que no llega a su desenlace. Son un proceso, o mejor, un proyecto. Ana es cada niño que vemos”.

Ejemplar del diario de Anna Frank expuesto para la prensa en el museo de Anna Frank en Amsterdam. / EFE

Ejemplar del diario de Anna Frank expuesto para la prensa en el museo de Anna Frank en Amsterdam. / EFE

Metros cuadrados

Coghlan, ahí nomás del Hospital Pirovano, ofrece una muy buena versión local de la auténtica “Casa de atrás” (achterhuis, en neerlandés), uno de los más convocantes sitios históricos y turísticos de Amsterdam, capital holandesa. Porque es justo ahí donde Ana y siete personas más –entre ellas, sus padres y su hermana- vivieron ocultos durante 25 meses, del 9 de julio de 1942 hasta el 4 de agosto de 1944.

La vivienda tenía tres pisos y se ubicaba justo en la parte de atrás del lote donde estaban las oficinas de la empresa que el padre de Ana había tenido hasta que el nazismo decretó que los judíos no podían ser dueños de comercios o dirigir empresas. Una casa oculta detrás de otra.

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En su texto, Ana suele hablar del “anexo secreto”; en realidad, el ático de la casa, cuya entrada había sido meticulosamente disimulada tras una biblioteca. Así los Frank se mantuvieron resguardados por meses. Y ahí Ana escribió su Diario.

En el mundo existen muchas “filiales” de la Casa Ana Frank original. Sin embargo, la versión porteña (el Centro Ana Frank Argentina, que este año cumple su primera década) es la única del mundo que tuvo el permiso de la sede central para recrear el histórico anexo secreto.

Escuelas primarias y secundarias realizan visitas todos los días: el año pasado participaron nada menos que 18.000 alumnos. Voluntarios de entre 15 y 25 años los reciben con una completa visita guiada que termina justamente en ese escenario pequeño e imponente, lleno de objetos de época.

Una voluntaria del Centro Ana Frank Argentina, con alumnos de un colegio porteño. / Lucía Merle

Una voluntaria del Centro Ana Frank Argentina, con alumnos de un colegio porteño. / Lucía Merle

Como desde hace 10 años el Centro Ana Frank organiza concursos literarios para chicos y jóvenes, la figura de la niña cobró cierta magnitud federal, lo que impulsó que la muestra de Coghlan se expandiera a una versión itinerante por las escuelas provinciales.

Detalle de la firma de Ana Frank "en memoria de Ana Frank" en un poema corto, escrito a mano y fechado en Amsterdam el 28 de marzo de 1942. / AP

Detalle de la firma de Ana Frank "en memoria de Ana Frank" en un poema corto, escrito a mano y fechado en Amsterdam el 28 de marzo de 1942. / AP

Y así es como se multiplican los “voluntarios”: chicos que se quedan enganchados de esta historia. Sienten próxima la Segunda Guerra Mundial; oyen la marcha del nazismo. Luyego querrán ser ellos los que guíen a otros chicos. Contar desde el comienzo el Diario de Ana Frank.

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