Caso Provolo: "No se nada", dice el religioso de 83 años acusado de abuso

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Va a misa. A pie y con total impunidad, Eliseo Pirmati, el laico consagrado italiano de 83 años que la Justicia argentina se propone extraditar por las acusaciones de abusos sexuales

cometidos a menores en La Plata, circula serenamente por Verona.

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“Don Pirmati, ¿usted sabe que hay un pedido de arresto en su contra desde la Argentina? ¿Piensa presentarse?”, lo sorprendió una cámara de L’Espresso a Pirmati a la salida de la iglesia Santa Teresa degli Scalzi, sobre la via Carmelitani Scalzi, en el centro de esta ciudad.

“Perdón, pero no haga estas estupideces. ¿Quién es usted?”, atinó a responder el religioso mientras intentaba tapar la cámara con su mano.

Pirmati en una foto confiscada por la policía argentina.

Pirmati en una foto confiscada por la policía argentina.

“No sé nada. No tengo nada que ver”, repetía Pirmati mientras apuraba el paso hasta el edificio central del Instituto Provolo, que se dedicaba a la educación de niños sordomudos y donde se cometieron abusos denunciados por ex alumnos.

El Provolo contaba, además, con sedes en Argentina, en La Plata y en Mendoza, donde los curas y religiosos eran trasladados para encubrir la violencia sexual que descargaban sobre los chicos sordomudos.

Pirmati fue uno de ellos que, luego de 43 años destinado en Argentina, volvió silenciosamente a Italia en diciembre de 2017 cuando ardió el escándalo de aberraciones cometidas en el Provolo a un lado y al otro del océano.

Hasta ahora, no se sabía dónde estaba. Y desde que en abril el juez de La Plata Jorge Moya Panisello pidió su extradición, se decía que, a los 83 años, Eliseo Pirmati estaba muy enfermo e internado por motivos de salud.

Pirmati, durante sus años en Argentina. Foto: Cezaro de Luca

Pirmati, durante sus años en Argentina. Foto: Cezaro de Luca

Los ex alumnos del Provolo, los primeros en denunciar a fines de los 90 las aberraciones que sufrieron en las sedes del Instituto en Italia entre 1950 y 1985, sospechaban que estaba en una casa de reposo del clero en Negrar, a pocos kilómetros de Verona, en un neuropsiquiátrico gestionado por monjas o dentro del mismo Provolo, donde se terminó refugiando para esquivar las preguntas de L’Espresso: “Los testimonios de Argentina podrían ser inventados. ¿Por qué no habla? ¿Cómo era la vida en el Instituto Provolo de La Plata?. Hay un pedido de arresto por abusos de menores. ¿Qué le dijo el obispo? ¿Habló de esto con el obispo?”.

“No sé nada. Soy un hombre común”, repitió Eliseo Pirmati, saludable y veloz, hasta cruzar la calle y atravesar el portón del Provolo donde durante años convirtió en un tormento la vida de tantos niños.

GS