Analizaron 3 mil estudios y determinaron que casi 400 remedios y prácticas médicas no son efectivos

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El médico prescribe la orden y los pacientes, confiados, van a la farmacia o gestionan el turno para el estudio clínico. Saben que puede fallar, sí, pero en general el

voto de confianza le gana el nihilismo. Sin embargo, un reciente informe de investigadores de tres grandes universidades estadounidenses probó que la cifra de fármacos y prácticas médicas que incumplen la promesa con la que habían sido lanzadas al mercado es significativa: en un relevamiento de 3.000 papers dedicados a informar los resultados de ensayos de control aleatorios, hallaron que casi 400 correspondían a “reversiones”, o sea, productos objetados por su bajo o nulo nivel de eficacia.

Muchos de los “señalados” son bien conocidos: además de un importante número de remedios relacionados a enfermedades cardiovasculares (20% del total), figuran antidepresivos comunes aplicados en pacientes con enfermedades como Alzheimer, parches de terapia de reemplazo de nicotina durante el embarazo, ciertos fármacos contra el insomnio que prometían superar a sus antecesores, protectores de cadera para paliar el riesgo de fracturas, medias de compresión -hasta el muslo- para reducir el riesgo de trombosis venosa profunda tras un ACV y la administración de suplementos de vitamina A en recién nacidos, a fin de reducir los niveles de mortalidad.

Además -y estos son especialmente polémicos-, la discusión “cirugía o fisioterapia” ante casos de desgarro de menisco y osteoartritis, y las mamografías, donde la objeción no es la práctica en sí sino la frecuencia con la que las mujeres de entre 40 y 49 años deberían hacérsela.

Remedios variados.

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El relevamiento, publicado en la revista científica eLife, se titula “Meta-investigación: una revisión exhaustiva de ensayos clínicos aleatorios en tres revistas médicas revela 396 revocaciones”. Sus autores son investigadores de las universidades de Chicago, la escuela de medicina de la Universidad de Maryland y la Oregon Health & Science University. Se enfocaron en tres revistas muy reconocidas (The Journal of the American Medical Association, The Lancet y The New England Journal of Medicine) y recogieron los artículos publicados durante 15 años.

En su informe las llaman “prácticas médicas de bajo valor”: aclaran que se puede deber a distintos factores; desde simplemente ser “ineficientes” hasta “costar más que otras opciones, pero sólo ofrecer una eficacia similar”. Lo cierto, advierten los expertos, es que si no sacados del mercado a tiempo, “pueden provocar daños físicos y emocionales, socavar la confianza pública en la medicina y tener un costo de oportunidad”.

En diálogo con Clarín, Gustavo Sevlever, doctor en Medicina, director de Investigación y Docencia de Fleni, se refirió al “carácter evolutivo de la medicina”: “Lo que funciona para unos puede no funcionar para otros. Lo que funciona bien en un momento, puede dejar de funcionar después. La medicina es un blanco móvil”.

¿Cómo es que un día sale a la venta un fármaco o procedimiento terapéutico y al minuto siguiente se echa para atrás? Según Sevlever, “en el caso de los medicamentos, pasan distintos ensayos clínicos que llevan adelante los laboratorios, dueños de las patentes. En la fase 1 se hacen testeos en individuos. En la fase 2, se toma un grupo más grande. En la 3, podrían ser miles de pacientes, y es ahí donde la mayoría de los medicamentos fracasa. Pero si pasan las tres fases con éxito, lo que sigue es la aprobación de la autoridad competente en medicamentos (en Argentina es la ANMAT) y la droga termina, por fin, en la farmacia”.

Pero nada es tan simple, siguió Sevlever: “Viene entonces la fase 4: cuando el medicamento sale al mercado y lo probás en la población, realmente. Entonces podría pasar que vieras que no está a la altura de su promesa. Si la idea era que reemplazara a otra droga, podría pasar que, o no fuera tan eficaz, o fuera más doloroso, o no fuera competitivo desde algún lugar. Ahí es cuando se hace una reversión médica, o sea, una objeción. Lo mismo puede pasar en el caso de una práctica clínica”.

Para Carlos Davio, director el Instituto de Investigaciones Farmacológicas (ININFA), que depende del Conicet, “hablar de un 12% de reversiones parece más o menos razonable, pero no es un número poco importante”. Coincidió con Sevlever en que “lo interesante es que hasta la aparición de Internet era imposible hacer este tipo de relevamientos”.

Davio explicó que si bien “los estudios para validar fármacos están cada vez mejor diseñados, no dejan de ser restrictivos a un grupo poblacional determinado, con el que hacés los ensayos. Y los individuos y las poblaciones no son los mismos en todas partes”.

En especial, apuntó, “la variabilidad es muy grande cuando hablamos de ‘patologías de alta necesidad clínica’, las que hoy por hoy no tienen una terapéutica clara y contundente, como es el caso del cáncer, donde tenemos tratamientos paliativos y en muy pocos casos curativos”.

Es complejo -y casi imposible- asegurar la infalibilidad de cierto tratamiento. “Por eso desde hace unos años, la llamada ‘fase 4’ cambió y se sigue haciendo farmacovigilancia de por vida… se sigue reportando y mejorando el protocolo de cada remedio”, señaló Davio.

Si bien estas alertas van en la dirección de mejorar la administración de terapias clínicas, no deja de haber fuentes del sector que por lo bajo cuestionan a ciertos laboratorios que, sabiendo que determinada droga no tendrá los efectos "magníficos" que prometía, es lanzada al mercado, a fin de evitar una millonaria pérdida de dinero...

Como explicó al sitio Eureka Alert Vinay Prasad, profesor asociado en el Instituto de Cáncer Knight y uno de los autores del artículo, “una vez que se establece una práctica ineficaz, puede ser difícil convencer a los profesionales para que abandonen su uso. Pero al intentar probar nuevos tratamientos rigurosamente antes de que se generalicen, podemos reducir el número de revocaciones en la práctica y evitar daños innecesarios a los pacientes”.

DD