Abusos en las colonias del Provolo: cómo eran los veranos del horror para los chicos sordos

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En los tonos del sepia, el paisaje de la llanura padana italiana se ve bucólico. El nene de la foto, sin embargo, ofrenda una sonrisa forzada. Es más una mueca que

una de esas morisquetas que concede la infancia cuando es feliz. Tiene 10, 11 años. Está pasando el primero de los cuatro veranos de colonia de vacaciones que serán su calvario.

Gianni Bisoli, el nene de la foto, es hoy un italiano de 70 años que aún conserva cicatrices de esas noches templadas de inicios de los 60 en las que Eliseo Pirmati, el religioso veronés acusado de cometer abusos sexuales a menores sordomudos en Italia y en Argentina, lo sacaba de la cama para desterrarlo, con toda impunidad y sin ningún lenguaje de señas, del resto de los chicos y de la ingenuidad propia de su edad.

Bisoli era uno de los cientos de niños sordos que el Instituto Provolo de Verona, en el Véneto italiano, se jactaba de educar y criar en la misericordia de Dios.

Foto de Don Pirmati confiscada por la policía argentina en el informe de investigación Provolo.

Foto de Don Pirmati confiscada por la policía argentina en el informe de investigación Provolo.

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Pirmati, el religioso de 83 años que la Justicia argentina se propone extraditar de Italia por las aberraciones que cometió en la sede del Provolo de La Plata, era uno de los laicos consagrados que no se salteaba ni un verano de la colonia de Cervia, sobre el mar Adriático, donde el Instituto reunía numerosos contingentes de niños para unas vacaciones que, en algunos casos, eran un martirio.

Durante los meses de julio y agosto, las distintas sedes que el Provolo tenía en Italia -en Verona, en Gorizia, en Chievo, en Chiavari- trasladaban a los chicos sordomudos a Cervia. Allí, las vejaciones, tan crueles como las que se cometían en tiempo de clases en las habitaciones del Instituto, se volvían aún más despiadadas y frecuentes: el tiempo libre, los horarios flexibles y las actividades recreativas sin las coordenadas del año lectivo desataban la lascivia de los abusadores, curas y laicos consagrados, que se amparaban en el silencio involuntario de sus víctimas, niños sordomudos que, hasta casi los años 80, no fueron integrados a las escuelas normales. No poder oír ni hablar era erróneamente considerado, aun a mediados del siglo XX, una especie de retraso mental.

Eliseo Pirmati, en una foto tomada durante su estadía en la Argentina.

Eliseo Pirmati, en una foto tomada durante su estadía en la Argentina.

A mí me daba más miedo el abuso en la colonia de vacaciones que cuando me violentaban en el Instituto -confiesa Gianni, quien se quedó sordo a los 8 años y a quien los curas del Provolo llamaban “El bello”-. Pirmati, por ejemplo, me sacaba de la cama y me llevaba a la intemperie, en la oscuridad de la noche en Cervia. Era verano, no hacía frío, pero no se veía nada. Pirmati me hacía bajar los pantalones y quedarme con los brazos en alto. Me manoseaba, me obligaba a masturbarme.”

“Nos hacía caminar por el prado, subir colinas. Si alguno de nosotros quería hacer pis, nos obligaba a hacerlo adelante suyo y nos tocaba. Yo me ponía colorado”, cuenta Pierpaolo Zanatta, un sordomudo que pasó su primer verano en la colonia de vacaciones del Provolo en 1977, cuando tenía 7 años.

Durante la temporada de infierno que les tocó vivir en el Instituto -que pertenece a la Compañía de María y fue fundado en 1840 por el presbítero Antonio Provolo para la educación de chicos sordomudos-, Bisoli y Zanatta fueron también víctimas de los abusos cometidos por Nicola Corradi, el cura italiano que fue detenido en 2016 en Argentina y que será llevado a juicio oral.

“Pirmati estaba siempre en la colonia. Era del Provolo de Gorizia, en el Friuli, pero todos los veranos lo veíamos. Estaba siempre con Sergio Orso, otro laico consagrado que me abusó”, dice Zanatta.

En 2009 Orso concedió una entrevista a L’Espresso donde, a cambio de no revelar su identidad, confesó: “Sí, soy uno de los acusados por los sordomudos que vivían en el Instituto Provolo de Verona y esas cosas las hice. No hay más nada que esconder. Yo, al menos, tengo el coraje de decirlo. Los demás callan y se quedan en silencio”, dijo.

Orso habló después de que 67 ex alumnos del Provolo de Verona presentaran una denuncia contra 26 curas y laicos consagrados del Instituto por abusos cometidos entre los años 50 y 1985. “He sido sodomizado y obligado a tener relaciones sexuales orales y masturbaciones por parte de los siguientes sacerdotes y hermanos laicos”, decía la carta de Gianni Bisoli en la que nombraba a 16 religiosos que, como él mismo lo define, le “arruinaron la vida”.

Orso admitió que “los abusos duraron muchísimos años. Comencé de joven y no me daba cuenta, en aquel tiempo era un simple asistente. Lo hacían casi todos, incluso en otros institutos. Era normal.” “Cuando las denuncias se hicieron públicas, la mayor parte de los curas se quedó en silencio -agregó en su confesión-. Se generó una cadena de odio entre sacerdotes. Es difícil compartir la mancha de la pedofilia y cada uno se guardó sus pensamientos. Y luego el abogado nos dijo que no habláramos con nadie. Alguno habló. Hizo bien. También yo ahora me siento aliviado.” Orso murió en 2015. Pasó sus últimos años recluido en el hospital psiquiátrico Villa Santa Giuliana, una clínica religiosa del Instituto Hermanas de la Misericordia de Verona, donde se dijo, por error o para despistar, que podría estar ahora Pirmati, escondiéndose de la Justicia argentina.

Vicitmas del Provolo en La Plata. / Mauricio Nievas

Vicitmas del Provolo en La Plata. / Mauricio Nievas

Porque un buen día, Eliseo Pirmati desapareció. Dejó de frecuentar la colonia de Cervia. Tampoco se lo vio más en la sede del Provolo de Gorizia. “El superior del Instituto nos contó que estaba en Argentina”, dice Pierpaolo Zanatta. Confiesa que él solía infiltrarse en el despacho del director, de donde se llevaba quesos y salames para comer a escondidas. Recuerda, además, que el director recibía con frecuencia correspondencia del superior del Provolo de La Plata. “Lo tengo muy presente porque me llamaban la atención los sobres que decían ‘La Plata, Argentina’”, dice.

Hace dos años, una cámara oculta registró la confesión de Eligio Piccoli, un sacerdote de más de 85 años que estaba internado en la Casa del Clero de Negrar, a 14 kilómetros de Verona. En el video Piccoli reconocía que al menos eran diez los curas que sometían sexualmente a los chicos en el Instituto y que, cuando eran descubiertos, inmediatamente se los trasladaba: “A uno le dijeron: ‘O te vas a América o te vas a tu casa’”, admitió el cura. “Sí, a Argentina, Argentina”, confirmó que era el destino de los traslados.

La monja Kumiko Kosaka fue detenida durante la investigación por los abusos en el Provolo de Mendoza. Está esta bajo libertad condicional.

La monja Kumiko Kosaka fue detenida durante la investigación por los abusos en el Provolo de Mendoza. Está esta bajo libertad condicional.

En 2016 Clarín reveló las denuncias de abusos en las sedes del Provolo de Luján de Cuyo, en Mendoza; en La Plata, provincia de Buenos Aires, y en Verona, Italia. Se descubrió así el macabro mecanismo de una red de pedofilia entre Italia y Argentina que encubría y trasladaba a sacerdotes y a religiosos. Desde entonces el hermetismo en torno a los ex miembros y actuales autoridades del Provolo está blindado, cerrado al vacío.

Escenarios



Infografía: Clarín

Dónde está Eliseo Pirmati fue el interrogante con el que convivían sus víctimas hasta esta semana, cuando se descubrió que lleva una vida serena y sin sobresaltos en Verona, que goza de buena salud y que frecuenta misa en la iglesia Santa Teresa degli Scalzi, sobre la via Carmelitani Scalzi, en el centro de la ciudad.

“Decían que había vuelto a Italia desde Argentina en diciembre de 2017 y que estaba internado por problemas de salud”, asegura Paola Lodi Rizzini, una ex alumna del Provolo de Verona que en 2015 logró hablar diez minutos con el papa Francisco y le entregó una carta en la que las víctimas de violencia sexual del Instituto para sordomudos le pedían la creación de una comisión investigadora. El Vaticano, por entonces, admitió abusos pero no tomó medidas concretas.

Vicitmas del Provolo de Verona, de donde salieron los curas y laicos abusadores que fueron luego a Argentina Papa Francisco foto Cezaro de Luca

Vicitmas del Provolo de Verona, de donde salieron los curas y laicos abusadores que fueron luego a Argentina Papa Francisco foto Cezaro de Luca

“Don Pirmati, ¿usted sabe que hay un pedido de arresto en su contra desde la Argentina? ¿Piensa presentarse?”, lo sorprendió una cámara de L’Espresso a Pirmati hace tan sólo unos días.

“Perdón, pero no haga estas estupideces. ¿Quién es usted?”, atinó a responder el laico consagrado al tiempo que tapaba la cámara con su mano.

“No sé nada. No tengo nada que ver”, repetía mientras apuraba el paso.

El Instituto de Verona hoy no aloja más a niños sordomudos. Alquila sus instalaciones a asociaciones o escuelas. Pero conserva habitaciones privadas para sacerdotes y religiosos que siguen viviendo allí. Pirmati sería uno de ellos. El portón de madera de la casa matriz del Provolo fue su refugio para evitar responderle al cronista de L’Espresso: “¿Por qué no habla? ¿Cómo era la vida en el Instituto Provolo de La Plata? ¿Qué le dijo el obispo? ¿Habló de esto con el obispo?”

En febrero de este año, Bergoglio convocó en el Vaticano un sínodo de tres días con los presidentes de las conferencias episcopales para enfrentar y combatir la pedofilia en el clero, un delito que el Papa definió como “crimen abominable”.

“Pero no hemos tenido ninguna respuesta concreta. Se acordó la importancia de la obligación de informar también a la autoridad civil, la apertura de los archivos y el apartamiento de aquellos que habían permitido encubrimientos”, opina Francesco Zanardi, portavoz de la italiana Rete L’ Abuso (Red El Abuso) que, desde 2010, reúne a activistas, víctimas y profesionales voluntarios para dar sostén a quienes han padecido abuso por parte de miembros del clero y materializar las denuncias.

El Instituto Próvolo por dentro.

El Instituto Próvolo por dentro.

“Los documentos elaborados confirman la línea de complicidad por parte del Vaticano y un Papa que lamentablemente está reciclando un antiguo sistema”, agrega Zanardi.

“Pirmati era violento. Pegaba con furia”, dice Giorgio della Bernardina, presidente de la Asociación Sordos Antonio Provolo de Verona, donde se reúnen varias veces por semana los ex alumnos del Instituto y de donde salieron las primeras denuncias.

A los 83, Eliseo Pirmati está libre y va a misa. Sigue figurando, con su parroquia de origen -en Cogollo, provincia de Verona- y la congregación a la que pertenece -Compañía de María-, en la lista de honorables misioneros veroneses que andan haciendo obras de bien por el mundo.

Enviada especial a Verona (Italia)