Nadie controla la convivencia entre bicis y autos y advierten que falta capacitación

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Cruce de bicisendas de Rincón y Carlos Calvo, San Cristobal. Los ciclistas avanzan en los cuatro sentidos posibles. Dos sin casco de un lado, uno con protección en el sentido contrario.

Un cuarto con auriculares en una ecobici por la segunda calle y un quinto con el equipamiento que exige la ley de la mano inversa. Hay lomas de burros y carteles de “ceda el paso” sobre ambas vías pero no todos los automovilistas respetan las señales. Algunos frenan y miran antes de pasar. Otros avanzan o doblan rápido y cerrado sin prestar atención a las bicicletas. Están incluso los que lo hacen mientras mandan mensajitos o hablan por celular.

Por momentos, en esa esquina parece que las cosas “salen bien” de milagro. La convivencia en la calle entre ciclistas y automovilistas no resulta sencilla y los especialistas aseguran que para garantizar la seguridad vial es clave que el Estado se ocupe de controlar y capacitar a todos los actores del tránsito.

“Vi choques entre bicis y autos. Por suerte, hasta ahora, los ciclistas siempre se levantaron y siguieron viaje. De los dos lados hay fallas, pero los heridos, en general, van en dos ruedas”, dice Marcela, empleada de la Bicicletería Emanuel, que queda en esa intersección de ciclovías.

Un ciclista precavido, con casco. Pero la mayoría de los que andan sobre dos ruedas no lo usa. Foto: Luciano Thieberger.

Un ciclista precavido, con casco. Pero la mayoría de los que andan sobre dos ruedas no lo usa. Foto: Luciano Thieberger.

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Mientras la mujer charla con Clarín, un cartonero deja su carro sobre la bicisenda de Carlos Calvo y cruza la calle para revisar un contenedor de basura. Los ciclistas frenan. Se arma una fila a la que también se suma una chica en monopatín eléctrico. La caravana intenta sortear el canasto con ruedas, para hacerlo circula a contramano por la calle. Los autos responden a bocinazos, se escucha algún insulto.

“Tengo casco pero hoy me lo olvidé. Debería usarlo siempre, ya sé”. La autocrítica la hace Agustina (27), que es estudiante de Medicina y circula desde la facultad hasta su casa en bicicleta. “Luces, sí. Las pongo a la noche”, señala y las saca de su mochila. Cuenta que en la bicisenda no hay tantos problemas pero que la situación se complica por fuera. “Los autos se cambian de carril sin avisar y te llevan puesto. El otro accidente frecuente se da cuando abren desde adentro las puertas de los taxis sin mirar”, afirma Agustina, que insiste en que hay que andar con mucha atención.

La grieta del tránsito. Foto: Luciano Thieberger.

La grieta del tránsito. Foto: Luciano Thieberger.

Claudio (56), taxista, coincide en que todas las partes deben cuidarse. “Cedo el paso a los ciclistas, pero no por ellos. Lo hago por mí, tengo claro que voy a ser responsable ante cualquier inconveniente”, asegura y dice que tendrían que “hacer algo para ordenarlos”.

Un informe de Luchemos por la Vida, realizado en Capital entre junio y julio de este año sobre 1.766 bicicletas observadas, llegó a la conclusión de que siete de cada 10 ciclistas no usa casco ni luces, dos requisitos de circulación incluidos en el Código de Tránsito de la Ciudad, y que el 87% no se detiene ante los semáforos en rojo. Además, un 18% anda por la calle a contramano y un 14% usa el celular o los auriculares mientras circula.

En tanto, otro estudio sobre el comportamiento de este mismo grupo del Observatorio de Seguridad Vial de la Ciudad, hecho en 2018 analizando lo que sucedía en 436 intersecciones, arrojó números similares en cuanto al uso de casco: apenas el 22% lo utilizaba. Sin embargo, arribó a otro resultado en relación a los semáforos en rojo. Según este relevamiento, el 90% los respeta.

Frenar sobre la bicisenda en doble fila a la salida de un colegio o para cargar y descargar mercadería es otra dificultad que se repite. En el período enero-julio 2019 ya se realizaron cerca de 12 mil actas de infracción por este tema, según detallaron a este diario desde la Secretaría de Transporte de la Ciudad. Para "liberar" ciclovías tienen un grupo de agentes de tránsito en bicicleta. La idea es que este mismo equipo intente concientizar a los ciclistas que no usan casco o luces.

La grieta del tránsito. Foto: Luciano Thieberger.

La grieta del tránsito. Foto: Luciano Thieberger.

Para los particulares en bicicleta que no cumplen, no hay multas. Desde abril, sí empezaron a sancionar a los repartidores en bicicleta que no respeten los requisitos de seguridad para circular. En esos casos, deben abonar en forma solidaria con las empresas de delivery alrededor de $ 1.500 (70 unidades fijas). Además, en el contenido evaluado en el examen teórico para sacar el registro de conducir, se incluyen normas vinculadas al comportamiento de autos con ciclistas y bicisendas. Para los expertos, esto no es suficiente.

Alberto Silveira, presidente de Luchemos por la Vida, identifica tres factores a modificar. El primero tiene que ver con la necesidad de sumar espacios de educación vial. “Los ciclistas no comprenden que deben conocer y respetar las normas de tránsito. Por ellos y por el resto. Después de los peatones, son los más vulnerables. Esto se agrava por los conductores de otros vehículos que no respetan los derechos de los ciclistas ni cuidan su fragilidad”, remarca Silveira, quien afirma que, además, faltan controles. Por último, destaca que los ciclistas tampoco cuentan con infraestructura adecuada: “Las sendas deben ser extendidas, interconectadas y mejoradas. Muchas resultan estrechas, el asfalto está incompleto y desnivelado, y se encuentran obstruidas por vehículos estacionados y volquetes”.

“No hay controles para nadie”, se suma Fabián Pons, presidente del Observatorio Vial Latinoamericano (Ovilam). “Un ciclista puede pasar delante de un policía, a contramano, y no le dicen nada. Y sobre los autos los controles son sólo documentales. No verifican si usan o no el cinturón de seguridad, por ejemplo”, señala Pons. “Vivimos en una sociedad altamente agresiva, irrespetuosa, donde todos piden que el otro cumpla y creen que el problema es de los demás”, insiste. Y remarca que las bicisendas y ecobicis deben venir acompañadas de capacitaciones masivas. “Hay que educar y concientizar. La bici es una herramienta muy sana pero hay que usarla bien”, opina.

Pablo Martínez Carignano, especialista en Seguridad Vial de la Asociación Mutandis, concuerda en que hay que “educar para la convivencia vial” y lograr que unos se pongan en el lugar de los otros. “Habría que empezar trabajando con los más fuertes que son los conductores de automotores para que no pasen a menos de un metro del ciclista, no le doblen por delante ni abran la puerta del auto sin tenerlos en cuenta”, apunta. Y agrega: “Lo mismo con los controles. Deben existir pero hay que establecer prioridades”.

Por su parte, Nestor Sebastián, presidente de la Asociación de Ciclistas Urbanos, reconoce que hay muchas personas que circulan en bicicleta sin casco ni luces. “Con el tema de la protección, dicen desde que no es cómodo hasta que es caro. Nosotros fomentamos el uso del casco pero no su obligatoriedad. La cuestión de las luces nos preocupa más porque es fundamental para que nos puedan ver y así evitar siniestros”, sostiene Sebastián, aunque pide poner el foco en ciertas medidas para preservar a ciclistas y peatones. Entre ellas, destaca la importancia de reducir las velocidades máximas de circulación en calles y avenidas para “garantizar la coexistencia con los autos”.

PS