La insólita historia de un caniche: cuatro años en la Justicia para definir de quién era

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Entre el 22 y el 23 de mayo de 2015, dos caniches se escaparon por la puerta mal cerrada del garaje de una casa en Coronel Pringles. Tres meses después, a

uno, de color apricot (marrón claro), lo vieron en manos de una vecina que dijo que lo había encontrado en la calle, en muy mal estado, y lo adoptó. Casi cuatro años le llevó la Justicia dilucidar la propiedad, después de una decena de testimonios, tres cuerpos de expedientes, un examen de ADN y dos fallos contradictorios.

La disputa judicial enfrentó a Gladys Beatriz Cerdá, dueña de Roco, y Bilma Potis, que después de hallar al animal en la puerta de su casa, como abandonado, a comienzos de 2015 lo bautizó Lucio. Al tiempo se le escapó y el mismo día lo recuperó en una veterinaria. Al verla llegar al local, el perro comenzó a saltar de alegría, lo que hizo que la empleada, Paola Varela, decidiera dárselo, sin dudar. Esa escena sería clave para el final de la historia que abrió el debate sobre si la Justicia, escasa de recursos, está en condiciones de destinarlos a casos como este.

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Una semana después de la devolución del perro, llegó Cerdá al comercio, enterada de que habían publicado sobre un caniche abandonado. Le exhibió una foto de Roco a la empleada, que no lo reconoció como el que había devuelto días atrás. Aunque le dijo que se lo había llevado Potis, que se presentó como la dueña. Ese dato avaló la acusación por estafa de Cerdá contra la vecina que, inicialmente y tres años después, dio por probada la justicia de Bahía Blanca.

Seis meses de prisión en suspenso le aplicó a Potis la jueza correccional Susana González la Riva. “Terminó reconociendo que mintió cuando aludió a que lo compró y en definitiva, cuando se le reclamara el perro y siendo que aún en su versión lo había hallado perdido, nada justifica que no se hubiese avenido a dilucidar de quién era”, argumentó la magistrada. Valoró los dichos de Cerdá sobre que había solo dos caniches apricot en Pringles y que el otro tenía incorporado un chip.

Otra prueba determinante fue un examen de ADN practicado por otra veterinaria, que había atendido al animal cuando lo tenía Cerdá. Más allá de que lo reconoció como Roco, la profesional realizó, a pedido de la fiscalía y con la asistencia de la Universidad de La Plata, el cotejo con una cría que tenía la misma vecina. Como resultado de la prueba, halló el mismo patrón genético en ambos ejemplares.

Apelado por el abogado de Potis, el fallo llegó este año a la cámara de apelaciones de Bahía Blanca. “Quedó evidenciado que el can que entregó Varela a la persona que dijo ser la dueña, resultaba ser el mismo que la denunciante había perdido con antelación dos meses antes”, falló Guillermo Giambelluca, en línea con lo sostenido por González La Riva. Pero sus dos colegas no opinaron lo mismo y terminaron absolviendo a la vecina acusada, por el beneficio de la duda.

Para Gustavo Barbieri, que Roco fuera de la denunciante y Lucio tuviera compatibilidad genética “no demuestra que Potis mienta, ni que el día que fuera a retirar el perro extraviado a la veterinaria Padelli hubiera desplegado alguna maniobra ardidosa contra Paola Valera, causándole error para despojar patrimonialmente a Cerdá, que es en definitiva de lo que se la acusa”, opinó. 

En su argumentación, el juez citó la actitud del perro al ver llegar a Potis. “Si Lucio reaccionó así al verla es porque hacía algún tiempo había dejado de ser Roco y se había encariñado con la nueva tenedora”, observó Barbieri sobre la demostración de alegría del animal. “La propia actitud del perro dio motivo a la acción de Varela, generándome una duda razonable sobre la ocurrencia de los hechos, al menos tal como le fueran enrostrados a la justiciable” concluyó.

El fallo, del mes de julio, le fue comunicado hace 15 días a Potis que lo recibió como una bendición. “Fueron cuatro años en los que sufrí mucho y bajé 11 kilos que no pude recuperar”, le dijo la mujer a Clarín desde su casa en Pringles. Sigue sosteniendo que ella encontró al perro en febrero de 2015, antes de que la mujer que Cerdá denunciara su desaparición.

“Estaba en un estado terrible. Lo cuidé y era uno más de la familia. Fue terrible cuando me lo sacaron. Tuvieron que abrir la feria. Vinieron en dos patrulleros y querían allanar la casa. Los policías me pedían disculpas, pero tenían que cumplir la orden”, recordó Vilma, que desde entonces no vio más al animal. “Está con ellos y que Dios los ayude".

Aseguró que en estos años solo intentó defenderse y fue Cerdá quien impulsó todo el proceso judicial. “No tengo recursos y hasta le ofrecí una alianza a un abogado para que se ocupara. Ella quería dinero, después que hiciera trabajos comunitarios. Me llevaron a una UFI en Bahía y me trataron como a una delincuente. Fue espantoso”, dijo Potis que afirmó que ahora se siente tranquila, aunque sigue medicada.

"Pringles es muy chico y es duro ir a un lugar y escuchar que digan ‘ahí va la chorra del perro’. Es horrible” comentó. Dijo que jamás se imaginó que iba a tener que atravesar por todo eso y que ya no quiere saber más nada. “La Justicia está para cosas más importantes" reflexionó.

En el mismo sentido, se había expresado el juez Barbieri al sostener que la solución del caso “no requería semejantes esfuerzos y gastos del sistema penal”. Al fundamentar su voto y “sin quitarle importancia a la cuestión”, aclaró el juez, enumeró todo lo que le insumió a la Justicia.

“Se llevó toda una instrucción, análisis de A.D.N., imputación, elevación a juicio (con resolución de juzgado de Garantías y de Cámara por un pedido de nulidad), juicio oral y público para investigar la presunta estafa. Realmente considero que algo está fallando´, en cuanto al uso de las salidas alternativas a esta situación” opinó el miembro de la sala 1 de la cámara penal de apelaciones de Bahía Blanca. El juez Pablo Hernán Soumoulou compartió sus argumentos.

Bahía Blanca. Corresponsal

PS