Identidad, divino tesoro

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El lunes pasado, Telefé estrenó Pequeña Victoria, una tira diaria que describe la crianza de una beba con cuatro mamás: la que subrogó el vientre (Julieta Diáz), la embarazada (Natalie Pérez),

la que aporta su experiencia para cuidarla (Inés Estévez) y la que donó el esperma, quien en este caso interpreta a una mujer trans (Mariana Genesio). La comedia, que aborda los cambios y las posibilidades que hoy existen a la hora de tener un bebé, sirve de disparador para un tema menos tratado y más sensible y polémico: el derecho a la identidad.

En este caso de ficción, los dos personajes necesarios están disponbles para esa búsqueda del origen genético, situación que no siempre se repite en los casos “reales”, donde se aplican técnicas de fertilidad asistida con óvulos y espermatozoides donados (y por ahora “anónimos”). La creación de un Registro Nacional de Donantes y el reconocimiento del Derecho a la Identidad de los Nacidos por las Técnicas de Reproducción Humanas, como se las denomina, son asignaturas pendientes, al igual que la ley que regule los tratamientos.

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“Ya lleva seis años de retraso”, dice Estela Chardon, psicóloga perinatal y confundadora de la asociación Concebir, donde hace 23 años asesoran y brindan talleres gratuitos a los que tienen dificultades para alcanzar el embarazo. “En 1996, cuando fundamos la organización, estaba en penumbras la fertilidad asistida y no era tan frecuente la donación de gametos. Tampoco se hablaba de esto, era un tema tabú”, repasa la autora de “Mamá por donación”, una de las primeras guías sobre técnicas de reproducción con gametos donados.

La Ley Nacional de Fertilización Asistida que finalmente se sancionó en 2013, se abordó en varias instancias. En la primera se tuvo en cuenta la cobertura universal, para que tuvieran acceso las parejas igualitarias y las madres solteras. “En 2015, se modificó el Código Civil y se estableció que la filiación estaba determinada por la voluntad procreacional, que se expresa al hacer el consentimiento para el tratamiento. Otro cambio importante fue el artículo que establece el derecho a la información a las personas nacidas”, repasa Estela.

Y aquí llegamos al punto más importante: los chicos nacidos por óvulos o espermatozoides donados tienen derecho a saber que se utilizaron estas técnicas y también pueden pedir datos médicos del donante, “cuando es relevante para la salud”, además de conocer su identidad, por vía judicial, como establece el artículo 564. “El pedido tiene que hacerse de manera formal. Pero para eso previamente se debe dejar constancia de que nació por el uso de estas técnicas al momento de inscribirlo en el Registro Civil. Si no se presenta el consentimiento de ‘voluntad procreacional’, en el futuro, cuando un chico se presente a pedir datos, la información no figurará en su legajo y no podrá hacer el trámite legal correspondiente”, informa.

¿Qué sucede hoy? Pocos dejan esa constancia. “No tienen en cuenta el concepto de identidad. Conocer el origen es un derecho humano básico. No un derecho de los padres. Hay ignorancia. Una cosa es la filiación, que nadie discute, y otra la carga genética. No tiene nada que ver con el amor o la maternidad. Ocurre lo mismo con los chicos adoptados. Nadie mentiría hoy como se hacía antes. Pero la panza confunde”, asegura.

Además del derecho a saber, la carga genética es vital para anticiparse a algunas enfermedades. Por ejemplo, el estudio de predisposición hereditaria al cáncer que hizo famoso Angelina Jolie en 2013. Ahora analiza hasta 30 genes en lugar de los dos conocidos BRCA1 y BRCA2, involucrados en el cáncer de mama. Ese estudio de ADN requiere conocer los antecedentes familiares y es de rutina en varios tipos de cáncer. Lo cubren prepagas y obras sociales.

Sin un registro oficial y público, la información del donante está en manos de los centros de fertilidad, que asumieron el compromiso de conservarla, hasta tanto alguien los reclame. “Pero cuando está en juego la identidad, esos datos no pueden ser privados. Los tiene que llevar el Estado”, asegura Estela. “Tenemos la promesa de que están guardados y a disponibilidad del juez”, agrega Ana Claudia Ceballos García, coordinadora de la asociación y mamá por doble donación de gametas, quien igualmente presentó un amparo legal para obligar al centro a preservar la info así siempre está disponible, en caso de que su hijo la solicite.

Ana Claudia (51) es madre soltera y recurrió a la donación de esperma y óvulos. Su hijo tiene 3 años y “es lo más maravilloso que me pudo haber pasado”, asegura. “Tomé todos los recaudos posibles y preservé el cordón también: tuve en cuenta los avances médicos que existen”. Contar o no contar nunca fue una opción para ella. “Se lo dije desde la panza. Algunos hablamos de semillitas, estrellitas, óvulos... Pero siempre usamos la palabra donación, como en la donación de sangre. En Concebir pregonamos la verdad ante todo. No se puede construir un vínculo desde la mentira. No se puede vivir ocultando. Es una carga”.

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