"Responsabilidad afectiva": cuáles son los códigos de las personas que quieren tener relaciones abiertas

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Cuando entró al baño, en el cepillo para peinarse, vio pelos que no eran ni suyos ni del dueño de casa, un chico al que veía no menos de una vez

cada dos semanas y como mucho cada tres días. Eran cabellos rubios, largos, distintos a su castaño oscuro y diferentes a los rulitos cortos del chico.

"Yo sabía que así como yo veía a otro chico, él veía a otras personas: lo teníamos hablado y estábamos de acuerdo en que fuera así. Pero si no te podés tomar el trabajo de que yo no me cruce con eso, si no podés siquiera limpiar esa otra huella, siento que no me estás cuidando, que me estás faltando el respeto", dice Maru.

Maru tiene 33 años, coordina el equipo de secretarias de un centro de salud mental y da ese ejemplo para ilustrar a qué se refiere cuando habla de "responsabilidad afectiva", una idea que, especialmente entre los más jóvenes, empieza a plantearse a la hora de establecer vínculos sexoafectivos.

"La primera vez que leí sobre 'responsabilidad afectiva' fue en el libroÉtica promiscua: aparecía ahí la idea de que había una ética posible en las relaciones que no era la de la fidelidad y la monogamia. Desde siempre se entendía que la ética era inherente a la monogamia y la fidelidad, y el libro plantea que hay una ética posible en los vínculos por fuera de la pareja tradicional, sean poliamorosos o no", describe Tamara Tenenbaum, escritora y licenciada en Filosofía.

Para Tenenbaum, autora de El fin del amor: querer y coger, "en un contexto en el que las mujeres reivindican más que nunca su posibilidad de coger bajo sus propias reglas y de acuerdo a su deseo sin que haya nada inmoral en eso, la responsabilidad afectiva aparece para dar cuenta de que hay algo inmoral en tratar a la gente como si no importara".

"Es la respuesta feminista para construir un amor libre pero no individualista", dice Juan Pablo Cucciniello, miembro de Varones Antipatriarcales. Foto: Emmanuel Fernandez

"Es la respuesta feminista para construir un amor libre pero no individualista", dice Juan Pablo Cucciniello, miembro de Varones Antipatriarcales. Foto: Emmanuel Fernandez

Rodrigo tiene 27 años y describe a Lorena, de 29, como una "chonga". "Nos vemos hace más de un año, y en el medio cada uno tuvo otras historias. El pacto es que con eso está todo bien, pero que hay que tener el cuidado de no exponer al otro a que se 'choque' con esa salida con la otra persona: me doy cuenta de que, con mayor o menor disimulo, tratamos de saber por dónde se va a mover el otro para preservarnos", cuenta.

"Una vez estábamos en su casa y ella se lastimó: busqué una gasa en un armario del baño y encontré un cepillo de dientes en uso que no era el suyo y que estaba guardado. Bien guardado. Me alegró verlo así, sentí que estaba siendo cuidadosa y que eso estaba buenísimo", explica Rodrigo, y suma: "De eso creo que se trata la responsabilidad afectiva de la que empezamos a hablar en el último tiempo. Conocí el concepto por una amiga y se la fui contando a otros: me es más difícil hablarlo con varones que con mujeres. Creo que porque nosotros tenemos como un mandato de no hablar demasiado de lo que nos pasa con las personas con las que nos vemos. Incluso de no pensar demasiado en eso".

Juan Pablo Cucciniello es miembro de Varones Antipatriarcales, una organización que entre sus objetivos se propone reflexionar sobre nuevas masculinidades. "En un mundo neoliberal lo que se impone es que te preocupes sólo por vos, que consumas sexualmente la mayor cantidad de gente posible, que no midas las consecuencias de eso. Eso en los años 90 atravesó a toda una generación, especialmente a los hombres. La responsabilidad afectiva es la respuesta feminista a esta búsqueda para construir el amor de una manera libre pero no individualista".

"No hay una receta de cómo debería ser un vínculo sexoafectivo, sea monogámico, poliamoroso o cualquier otra variante. La certeza es que hay que cuestionar los vínculos que nos enseñaron, respetar al otro y cuidar sus emociones", reflexiona el referente de Varones Antipatriarcales.. Y agrega: "Un primer paso para los varones es reconocer el lugar de privilegio que tenemos sólo por ser hombres, y hacernos preguntas que nos pueden hacer más respetuosos ante la otra persona: ¿soy posesivo? ¿soy violento? ¿soy celoso?".

Luciana Peker, periodista y autora de libros como Putita golosa y La revolución de las hijas, sostiene: "En principio, lo de responsabilidad suena como una idea completamente opuesta a la de pasión. Pero es un concepto que surge porque, en algún momento, se pasó a la idea de que el amor libre implica que el otro no importa". "Puede ser que las relaciones sean fugaces, casuales, efímeras. Pero eso no quita que no se deba respetar a la otra persona: eso plantea la idea de responsabilidad afectiva", explica Peker.

Desde que encontró pelos rubios en el cepillo hasta que habló con el chico con el que salía, Maru dejó pasar un mes. "Apenas lo vi sentí enojo pero no quise hablar estando con bronca. Después me pareció que no tenía por qué enojarme, hasta que me di cuenta de que no eran celos, sino la sensación de que me había descuidado: con esa idea clara, le dije. Me escuchó y la vez siguiente que fui a la casa encontré todo recontra cuidado, casi como si fuera un hotel. Estuvo bueno porque entendió el mensaje y yo me sentí mejor", cuenta Maru.

"El feminismo pensó más la violencia que el amor. En los últimos años estamos pensando mucho más el amor: relaciones en las que no hay violencia física o psicológica clásica pero en las que hay destratos que duelen mucho", suma Peker. "Es importante que la idea de ser responsable desde lo afectivo no se convierta en un ránking de buenas personas; si yo dejo de estar con un chico que quiere seguir estando conmigo, por más cortés y respetuosa que sea al decirle que no quiero seguir, le va a doler", describe Tenenbaum, y remata: "La responsabilidad afectiva no va a salvarnos de todo sufrimiento".

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