El Servicio Cívico Voluntario cerró la grieta entre mapuches y gendarmes en Bariloche

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En un salón pulcro del Casino de Suboficiales del Escuadrón 34 de Gendarmería en Bariloche​, un grupo de jóvenes y adolescentes escucha con atención una clase de Higiene

y Prevención impartida por un agente. Unos llevan cabellos teñidos, otros zapatillas y jeans gastados, y algunos tienen aritos en la nariz y la boca. Atrás de los chicos observan en silencio y en posición de descanso los dos comandantes de la institución en ropa militar. Más allá hay otros agentes de buzo deportivo y uniforme verde oliva.

La escena, impensada por el curioso cruce de culturas y generaciones, es producto del llamadoServicio Cívico Voluntario en Valores, una iniciativa del ministerio de Seguridad de la Nación​ que arrancó en septiembre.

Bariloche es una de las sedes. Las otras son Campo de Mayo, Villa Cura Brochero, Mercedes, Santiago del Estero y Jesús María. Aquí, más del 80% de los asistentes proviene del barrio Alto, el más humilde y violento de la localidad cordillerana, y más del 60% desciende de mapuches.

Un grupo de jóvenes participa de una de las práctivas del Servicio Cívico Voluntario en Bariloche. (Foto: Marcelo Martinez)

Un grupo de jóvenes participa de una de las práctivas del Servicio Cívico Voluntario en Bariloche. (Foto: Marcelo Martinez)

Más de 30.000 chicos de entre 16 y 20 años se inscribieron al Servicio Cívico. Quedaron seleccionados 1.200 por orden de llegada. En Bariloche ingresaron 104, pero los interesados superaron los 1.000. En este espacio estrictamente militar -Gendarmería no posee un instituto de formación en Bariloche- la grieta que se abrió entre la fuerza y parte de la sociedad civil después del caso de Santiago Maldonado parece haberse cerrado sin estridencias.

La clase se desarrolla con videos y luego situaciones prácticas. Los chicos la siguen con atención. Cómo salvar a una persona que quedó atorada con un trozo de comida o un objeto, cómo atender a un adulto que sufre un infarto, cómo tratar a un bebé de pocos meses que no tiene signos vitales. Primero dan el ejemplo los gendarmes y luego los jóvenes practican. 

Un grupo de jóvenes participa de una de las práctivas del Servicio Cívico Voluntario en Bariloche. (Foto: Marcelo Martinez)

Un grupo de jóvenes participa de una de las práctivas del Servicio Cívico Voluntario en Bariloche. (Foto: Marcelo Martinez)

En las próximas semanas habrá un taller de motocicletas en un aula móvil que llega en un camión. La idea ilusiona a muchos de los alumnos. El programa cerrará su primer ciclo el 30 de noviembre y existen planes para el próximo año, cuentan acá.

“Sé que hay gente que piensa mal de Gendarmería Nacional, pero no tomé en cuenta esas opiniones cuando me inscribí, tampoco me había puesto a pensar en que soy de descendencia mapuche, lo que pensé fue que si lo hacía Gendarmería debía ser profesional y que lo iban a hacer mejor que en otros lados”, cuenta a Clarín Franco Marinao. 

Franco Marinao, uno de los 104 jóvenes que participa del Servicio Cívico Voluntario en Bariloche. (Foto: Marcelo Martínez)

Franco Marinao, uno de los 104 jóvenes que participa del Servicio Cívico Voluntario en Bariloche. (Foto: Marcelo Martínez)

Las barreras que separan a una fuerza militar de los adolescentes y jóvenes, buena parte de ellos de hogares precarios y de origen indígena, no se perciben en el salón de los Suboficiales en Bariloche. Durante años un camión con cuatro gendarmes permaneció en pleno barrio Alto vigilando posibles conflictos en la vía pública. La custodia se profundizó después de 2012 cuando diversos grupos saquearon ocho comercios, entre ellos dos supermercados. La pueblada le costó el puesto al intendente peronista Omar Goye.

Algunos de los jóvenes involucrados en la toma del predio en lago Mascardi en septiembre de 2017 salieron de estos conjuntos poblacionales golpeados por una pobreza crónica. Rafael Nahuel, quien murió durante un operativo de Prefectura en la ocupación mapuche, era del barrio Nahuel Hue. Desde allí llegaron algunos de los chicos que ahora siguen con atención la clase.

Nicolás Cárdenas, uno de los 104 jóvenes que participa del Servicio Cívico Voluntario en Bariloche. (Foto: Marcelo Martínez)

Nicolás Cárdenas, uno de los 104 jóvenes que participa del Servicio Cívico Voluntario en Bariloche. (Foto: Marcelo Martínez)

“En mi colegio hubo compañeros y profesores que me decían '¿Cómo vas a ir si son militares?' o 'Es la gorra'. Yo estaba motivado en hacer los cursos porque son útiles, además me gustaría inscribirme en Gendarmería o ser bombero”, dice Nicolás Cárdenas (19) que luce un peinado punk y aritos. “Hay gente que me dejó de hablar, dejaron de darme bola, se apartaron porque vine a los cursos”, detalla. Cárdenas es de tez morena y sus abuelos y su madre son originarios de Puerto Montt, Chile.

“Varios me decían 'Mejor estudiá algo', y la verdad es que no saben que los gendarmes estudian mucho y para avanzar tenés que hacer carreras de perfeccionamiento largas”, relata Shayra Garay (19). “Igual pensé que iba a ser más estricto”, remata y se ríe.

Shayra Garay, una de los 104 jóvenes que participa del Servicio Cívico Voluntario en Bariloche. (Foto: Marcelo Martínez)

Shayra Garay, una de los 104 jóvenes que participa del Servicio Cívico Voluntario en Bariloche. (Foto: Marcelo Martínez)

Las clases tienen un espíritu sosegado, pero levemente militar. Recuerdan un poco a las actividades propias de los boys scouts. “Recibimos constantemente pedidos por parte de los padres de más días, más horas, más cupos. Nos alegra y nos entusiasma pero esto recién comienza”, explica el comandante y jefe del Escuadrón 34 de Gendarmería, Oscar Poblete. Esta parte del programa contiene clases sobre Seguridad, Mecánica, Educación Civil en módulos de 40 minutos y una vez por semana.

“Los chicos no reciben aquí una disciplina militar, pero aprenden sobre el respeto al otro. Nosotros nunca le pediríamos que se saquen el arito o se cambien el peinado, aun así vienen y nos dicen: '¿Comandante, le molesta el arito, quiere que me lo saque?' No, no, les respondo”, sigue Poblete. “Hemos visto muchas cosas desde que comenzaron las inscripciones, casi todos los chicos llegaron con problemas odontológicos, algunos con problemas de alimentación, pero los estamos ayudando con todo eso”, cierra.

Pasada la hora de clases los agentes invitan a los jóvenes a una merienda frugal. Café, mate, galletas. El ambiente es minimalista. Los pisos brillan y la decoración es nula. En este centro educativo nada sobra y lo que hay tiene una función determinada.

Un grupo de jóvenes participa de una de las práctivas del Servicio Cívico Voluntario en Bariloche. (Foto: Marcelo Martinez)

Un grupo de jóvenes participa de una de las práctivas del Servicio Cívico Voluntario en Bariloche. (Foto: Marcelo Martinez)

“Brindamos una experiencia formativa para que los jóvenes descubran y potencien sus habilidades y destrezas”, reza el eslogan del programa.

“Tuvimos casos de familias enteras que aparecieron en Bariloche porque querían dejar a sus hijos como internos del escuadrón, venían de Viedma y Catriel. Les tuvimos que explicar que eran cursos, pero nos preocupó porque hicieron largos viajes hasta aquí y nos dimos cuenta de sus necesidades”, señala el comandante Héctor Raggio, a cargo del área educativa del Escuadro 34.

Una evaluación de medio término realizada por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica reveló el alto interés por parte de los padres hacia el programa. El reclamo es el mismo que escuchan los agentes en Bariloche: más tiempo de aprendizaje.

“Los pibes amigos me decían: '¡¿Vas a ir?! Naaaaaa, te vas a hacer gorra', y yo les decía, no, que son cursos. Yo no estaba haciendo nada y vi los cursos y son una oportunidad de aprender algo nuevo. No son tan estrictos como parecen, eso sí”, dice Luis Aguirre (18). “Aprendés cosas, te das ideas de todo un poco”, se suma Mauricio González (19) del barrio Nahuel Hue. “Acá lo más importante es que aprendés, es lo que más destacaría, aprendés”, indica Lucas Araneda (20) del barrio Omega, otro sector del Alto.

Lucila Moreno, una de los 104 jóvenes que participa del Servicio Cívico Voluntario en Bariloche. (Foto: Marcelo Martínez)

Lucila Moreno, una de los 104 jóvenes que participa del Servicio Cívico Voluntario en Bariloche. (Foto: Marcelo Martínez)

“Mi mamá estuvo en la fuerza, en el Ejército, y ella siempre me contaba cosas. Yo escuchaba críticas pero siempre han sido más sobre la policía. En mi hogar me enteraba de cómo era adentro. Así que me interesó y ahora ya me anoté para entrar a Gendarmería”, sintetiza Lucila Moreno (18) de Dina Huapi.

La relación entre los chicos y los agentes e incluso los comandantes se observa fluida. Cuidadosa, sin embargo, nada contracturada. “¿Cómo va Poblete?”, saluda el comandante a un chico que lleva su mismo apellido y le da un abrazo. “Lo cargo, le digo, vos vas a salir bueno, ya venís bien”, cuenta la autoridad entre risas.

Bariloche. Corresponsalía.

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