Los 15 de Sofía: la balearon para robarle el celular, estuvo en coma y despertó para celebrar la vida como una princesa

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Suena el vals en el salón de Ituzaingó. Sofia Liria, la cumpleañera, baila con todos: con su papá, con sus familiares, con su novio. Mientras ella baila, en la mente de

los que la rodean llegan los recuerdos: el día del disparo que recibió en la cabeza hace casi dos años, los rezos y llantos durante la semana que estuvo sin despertar, la mañana que le dieron el alta y regresó a casa en silla de ruedas. Esa misma nena que se la pasó de operación en operación y que tuvo que dejar los estudios y hockey para hacer su rehabilitación, ahora baila como si nada de todo eso hubiera ocurrido. Esta es una historia con final feliz.

"La noche fue feliz. Me quebré pero no demostré nada. Ella estaba feliz y yo no quería llorar. Tratamos de disfrutarla a full. En un momento de la noche se me vinieron a la mente tantas cosas que pasamos...nunca imaginé que íbamos a vivir algo así. Pero tampoco que, después, podamos festejar sus 15 como los de cualquier nena. Es un milagro. No lo podemos creer", cuenta el papá, una semana después de la fiesta.  

La que podría ser la primera temporada de la historia nació el 6 de diciembre de 2017. Ese día, a eso de las 21:30, Sofía y su prima de 18 años disfrutaban de un helado en una heladería de Ituzaingo. Se habían sentado en una de las mesitas de la vereda. Todo normal hasta que un joven bajó de una moto y fue hacia ellas. Un cómplice lo esperó con el motor en marcha. El primero las apuntó y les quitó el celular a las dos. Antes de huir le disparó a Sofía: el proyectil ingresó por detrás de la oreja izquierda y quedó alojado en el lado opuesto del cráneo. Fue trasladada de urgencia al hospital Posadas.

Para la foto. Sofía, con su hermanito, puras sonrisas.

Para la foto. Sofía, con su hermanito, puras sonrisas.

Sofía durmió durante tres días. Los médicos ni siquiera pudieron controlarle la presión. La noche del 9, después de que los profesionales le dijeran que no había más opciones que pedirle a Dios y llamar a un cura, Pablo la tomó de una de sus manos. Le habló. O mejor dicho, le dijo lo más lindo que se le puede decir a una persona: que la amaba, que todo iba a salir bien, que su hermanito la estaba esperando en casa, que se iba a quedar a su lado el tiempo que fuera necesario. Cerró sus palabras con la canción de Boca preferida de Sofía. Se le acercó más a la oreja y cantó "yo soy de Boca, señor/ cantemos todos con alegría/ aunque no salgas campeón/ el sentimiento no se termina/ y dale Bo, y dale dale Boca...".

Esa noche, en esa habitación del Posadas, el cántico retumbó más fuerte que en La Bombonera. Sofía lo escuchó. Dio su primera señal. La flecha del monitoreo se disparó. Tres días después se despertaría por primera vez.

El alta y el comienzo del milagro llegaría el 4 de enero. Pero entre ese día y la noche del disparo, aunque suene increíble, también pasaron cosas lindas. Como su papá tuvo que renunciar a su trabajo como chofer de micros para acompañarla, sus vecinos de Villa Udaondo, Ituzaingo, se organizaron para ayudarlo. Hicieron un Bingo y recaudaron 16 mil pesos. El carnicero de la zona donó un costillar y los varones armaron un campeonato de fútbol con ese premio. Con lo de las inscripciones sumaron otros 9 mil pesos para la familia. Una vecina regaló una cadenita de oro que le había dejado su mamá. La panadería colaboró con todo lo que se necesitaban para los desayunos y meriendas en el hospital. Dos nenes de 13 y 14 años pasaron por la casa de Pablo y le entregaron 300 pesos. Un grupito de vecinos se turnaba para cuidar al hermano de Sofía (en ese momento tenía 7 años) mientras sus padres estaban en el hospital. El día que fue dada de alta, sus vecinos llenaron con carteles el frente de la casa de su casa. 

Baila, baila. Sofía bailó el vals con todos.

Baila, baila. Sofía bailó el vals con todos.

En esos días, además de no parar de rezar y de acompañarla, el papá colaboró con los médicos que cuidaban a Sofía. Como fue notando la falta de personal, y escuchó historias de médicos que decían no cobrar desde hacía varios meses, compró lavandina, una escoba, un trapo de piso y alcohol y se dedicó a limpiar la sala cada mañana. También se puso a hacer las tareas de un enfermero, de madrugada: le tomaba la presión, la temperatura; suministró medicación, estuvo a cargo de la sonda, entre otras cosas. Todo lo anotaba en un cuaderno que más tarde le mostraba a los médicos.

Otros tiempos. En el hospital, con papá.

Otros tiempos. En el hospital, con papá.

"Todos los sentimientos de venganza e impotencia las volqué para la fe, el amor, el estar bien para ella. Y eso que es difícil ver a mi hija como yo la vi. Los médicos tuvieron que llegar a reanimarla, porque durante algunos segundos estuvo fallecida. En un momento sentíamos que había perdido la visión, y que no la iba a recuperar”, le contó Pablo a Clarín en enero de 2018, días después de recibir el alta. 

Mientras recibía la visita diaria de un enfermero y hacía la recuperación en una clínica privada, Sofía tuvo una gran noticia: allegados a Boca se comunicaron con su papá y los invitaron a conocer La Bombonera. Como el caso fue muy mediático, también se contactaron la bailarina Mica Viciconte y el rapero Trueno, dos de sus ídolos. Le enviaron un video para darle fuerzas. El sueño de conocer el templo xeneixe y de sacarse fotos con los jugadores fue el 19 de mayo del mismo año.   

Amigas para siempre. Sofía, en su noche más esperada.

Amigas para siempre. Sofía, en su noche más esperada.

Después, todas fueron buenas: volvió a caminar con normalidad, retomó los estudios (está en tercer año), ya sale a la calle sin miedos, se puso de novia, festejó sus quince años. Seis días antes de su fiesta el Tribunal Oral Criminal Número 5 de Morón condenó a Lucas Gastón Cubilla a la pena de 15 años de prisión. No solo por el hecho de Sofía. Es una condenada unificada por dos causas. El Tribunal valoró que se declarara culpable en la primera audiencia del juicio. Está detenido en la Unidad de Magdalena. La Policía lo había encontrado recién un año después del robo y disparo a Sofía. Fue en un control de rutina que terminó con un tiroteo. El caso también tiene un prófugo: José Saracho, el conductor de la moto en la que se movían tiene pedido de captura internacional. "No estoy conforme. Va a pagar 10 y va a salir: que buena conducta, que beneficios y se va a ir antes", cuenta Pablo.

Pero el cierre es optimista. Prefiere dedicárselo a todos los que acompañaron a Sofía y su familia durante todo este tiempo. "Tengo que agradecerle a su mamá y a su pareja, a sus abuelos, a los vecinos, a mis amigos. Son tantos...Sofía y todos ellos me dieron las fuerzas para seguir. Y las energías para que hoy todo sea un mal recuerdo".

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