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La producción orgánica crece con valor agregado

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instituciones hacen docencia explicando que los orgánicos deben estar debidamente certificados como tales.

Pese a los beneficios para la salud que implica el consumo de alimentos orgánicos, su difusión es limitada y cuesta incorporarlos a la vida cotidiana: “Porque hay mucha desinformación y desde nuestro área tratamos de desactivar los escollos que pasan por la desinformación, los mitos, eliminar las trabas comerciales para buscar la competitividad de los precios, además de tener una estrategia comunicacional”, explicó Facundo Soria, coordinador del Programa de Producción Orgánica del Ministerio de Agricultura de la Nación.

“Pasar a algo más complejo como lo es la producción orgánica requiere estar preparado y sostener ese proceso que a veces resulta bastante complejo. El Estado debe acompañar con formación, sensibilización y, es posible, también con alguna herramienta como incentivo, que falta, además de requerir una decisión política”, explicó el funcionario nacional.

Para este ingeniero agrónomo también hay un desconocimiento por parte de funcionarios que llegan al Estado y que “nos lleva a hacer una especie de docencia con todos para instalar el tema otra vez en la agenda pública. Y eso rquiere tiempo, aunque poco a poco la sociedad lo entiende más y los productores están mejor organizado, como el caso del Movimiento Argentino para la Producción Orgánica (MAPO) por ejemplo, que hace docencia”, agregó Soria.

“El profesional que debe acompañar estos procesos, no siempre sabe bien que es un producto orgánico o lo conoce de manera incompleta, mientras que esto requiere un conocimiento diferente en lo que hace a su filosofía, su producción, su comercialización y consumo”, amplió el Coordinador.

El país tiene una larga data como productor de orgánicos, de hecho ostenta el segundo lugar a nivel global en lo que a ventas externas de esos productos se refiere, con 3,6 millones de hectáreas asignadas a esta producción, de las cuales 3,4 millones corresponden a la ganadería, con vacunos y ovinos y poco más de 200.000 hectáreas corresponden a vegetales, según datos del Senasa.

El país es buscado como proveedor, pero también es largo el camino que debería emprender para conseguir sumar valor. De acuerdo a Soria “Argentina tiene un valor intrínseco como productor de orgánicos y es reconocido en el mundo, a pesar de que exportamos como materia prima, a la vez tiene una brecha muy interesante para exportar con valor agregado”.

“Estos productos de por sí ya tiene un valor agregado por tratarse de algo diferenciado, con un campo muy amplio para crecer, en particular desde las economías regionales”, amplió.

Respecto a los números de la actividad vale decir que la producción orgánica argentina crece junto al número de productores y el mercado. “Estamos acompañando lo que sucede en otras partes del mundo, sobre todo en los países consumidores y, tratamos de que no sea un nicho, pero el mercado se presenta así”, detalló Ricardo Parra, presidente de MAPO.

En la Unión Europea el consumo de alimentos de origen orgánico alcanza al 3 por ciento y en los Estados Unidos representa el 12 por ciento, mientras que en la Argentina no llega al 2 por ciento, pero con un crecimiento exponencial. En India también se observa un aumento del consumo de alimentos orgánicos y, el mercado asiático muestra cada vez más interés. “Estamos tratando desde MAPO de armar una mesa convencional y que se replique la mesa orgánica, de modo que el consumidor termine eligiendo entre alimentos orgánicos y convencionales”, explicó el titular de la entidad.

Este mercado se encuentra limitado en la producción. De hecho recién comenzaron a producir algunos productos como mayonesa o vinagre. La oferta se encuentra en la yerba mate, la miel, dulces, frutos secos, las legumbres, carnes, leche o algunos lácteos. La Ley nacional 25.127, establece las prácticas que se deben seguir para que un producto sea orgánico.

MÁS SECTORES. Nestlé de argentina, la firma de origen suizo, con una demanda de 100 mil litros de leche, comenzó a comercializar leche en polvo orgánica para abastecer a sus filiales, situación que propicio una transformación de los tambos convencionales a orgánicos. Para cada empresa láctea esta posibilidad significa acceder a un contrato en el que se estipula los valores percibidos y la cantidad de leche a entregar.

Los valores ofrecidos por la láctea se ubican en 80% más, respecto de los precios pagados por las usinas, durante el proceso de reconversión y una vez que ese tambo logró su transformación total como orgánico certificado
percibe hasta 100% más, respecto de la producción convencional. Hoy son cinco tambos orgánicos certificados.

Respecto de los vacunos de leche, la principal condición es respetar el bienestar animal y el campo debe tener la certificación orgánica. Sí nunca fue explotado con fitosanitarios de síntesis química, a los dos años lograr la certificación y en el caso de haber sido una explotación convencional, se controlará durante tres años y recién en ese momento recibirá la certificación de orgánico. Con una vaca al pastoreo por hectárea y un refuerzo del 30 por ciento de suplementación orgánica.

Por Eduardo Bustos para Super CAMPO.

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