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Recibió un doble trasplante de pulmón y vivió tres meses aislada: "Esta cuarentena es lo de menos"

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La vida de Nadia Cid está signada por atravesar momentos de dolor y angustia. Pero nunca se rinde. Y mucho menos ahora en que, tras un doble trasplante de pulmón que

le costó tres meses de aislamiento, tiene que realizar la cuarentena obligatoria. “Al lado de lo que pasé cuando estuve internada, la cuarentena es lo de menos”, le dijo a Clarín desde su casa de Río Gallegos donde llegó en febrero para completar su recuperación tras la delicada operación a la que fue sometida en la Fundación Favaloro. Y es más: por la cuarentena y la suspensión de vuelos no pudo viajar recientemente a Buenos Aires para un control. “Lo hicimos acá, ya llegará el momento en que podré viajar”, dijo.

“Cuando supe de la cuarentena tuve un momento de frustración. Me dije “ahora que me encuentro bien, que puedo hacer de todo y disfrutar lo que antes no podía llegó esto”. Pero enseguida comprendí que era lo mejor y mucho más para mi que soy una persona de alto riesgo tras mi trasplante”.

Y agregó: “Les pido a todo que cumplan. Yo estuve tres meses encerrada entre setiembre y diciembre esperando el trasplante. Y aquí estoy. La cuarentena es lo de menos. Estaba lejos de mis afectos, de mi casa, de mi gente. En una cama esperando un milagro: que aparezca un donante que termine con mi sufrimiento. Yo no podía respirar. Tenía un respirador artificial en forma permanente. No saben lo que se sufre con eso. Por eso, hay que cuidarse ahora. Lo digo por la experiencia tan difícil que pasé”.

Otros tiempos. Nadia Cid, cuando aún estaba internada. Foto: La Opinión Austral

Otros tiempos. Nadia Cid, cuando aún estaba internada. Foto: La Opinión Austral

A Nadia le detectaron hipertensión pulmonar primaria en 2013. Es una enfermedad que no tiene cura. Sólo va avanzando. Y en algún momento, la única alternativa de vivir es el trasplante. Confesó que “al principio me negaba. El día que le dije a mi médico que me quería ir de la clínica donde estaba internada, él me dijo: 'Sí te vas a ir, pero a la Favaloro porque llegó la hora de tu trasplante'. No lo podía creer, no caía”.

Comenzó con pastillas, después una bomba subcutánea que con el tiempo dejó de hacerle efecto. “Recuerdo que durante lo peor de las crisis no podía ni siquiera caminar unos pasos. Para hacer una cuadra paraba seis veces porque me faltaba el aire. Fue tremendo”, le dijo a este diario. Desde agosto del año pasado entró en emergencia en el INCUCAI. Y entonces comenzó a “vivir” en una clínica.

Hasta que en setiembre fue a terapia. Alli estuvo tres meses “encerrada” hasta el 3 de diciembre en que fue trasplantada. Su recuperación fue milagrosa. A un poco más de un mes de la delicada operación y con sus nuevos pulmones pudo volver a trotar. “Volví a hacerlo después de 7 años. Fue relindo, como un volver a vivir. Es un poco loco no poder hacer nada y de pronto poder hacer todo”.

Nadie ya había soportado otros problemas. En 2012 perdió un hijo. “Ya ven que mi vida no fue nada fácil”. Pero hoy tras el delicado trasplante, enfrenta este momento con total energía. “La gente tiene que darse cuenta que sin la salud no somos nada”. Pasa este tiempo de pandemia en compañía de su madre Tamara y su padre Rodolfo. Tiene una hermana, Gimena.

“Yo volví a nacer. Tuve que aprender de nuevo a comer, a sentarme, a tomar agua. Nacer de nuevo. Por eso les digo a todos que hagan esta cuarentena, que no salgan porque de esa manera salvan su vida. Tuve una experiencia que no busqué. Porque yo no me busqué la enfermedad sino que la enfermedad me buscó a mi. Que la gente no deje que la enfermedad la busque y la encuentre. Tengo 26 años y todas las ganas de vivir”.

Chubut. Corresponsal.